CIUDADANO Y CIUDAD, UNO SOLO
Descubrir que no se puede hacer la historia de un personaje sin ubicarlo en su contexto, y así hacerlo con José María Heredia no es un hecho banal. Vivió en Toluca los tiempos en que se conocían por eso decían ahí el Poeta como decían en su momento que al paso de Ignacio Ramírez El Nigromante dijeran ahí va el apóstata como relata la historia de la ciudad y sus pobladores en ese siglo XIX. Qué importante es para Heredia el haber habitado con su familia este lugar. Del que seguramente se desilusionó al paso de los sucesos políticos que empeoraban en la lucha entre liberales y conservadores. La ciudad no olvida esos tiempos, y al revisar el siglo XX toluqueño viene de recordar la necesaria presencia de don Alfonso Sánchez García, quien desde el periódico El Noticiero, vespertino de la tarde, con su columna Espulgues firmada con seudónimo llamado: Profesor Mosquito nos hace deliciosas lecturas, muy cercanas a nuestra idiosincracia y cotidiana vida. Sin dejar de pensar en el cubano, que desde donde esté debe pensar cómo ha crecido este territorio, donde no se dieron como en el norte del país revolucionarios metidos a los balazos, sino intelectuales como Andrés Molina Enríquez, Narciso Bassols, Ángel María Garibay o Isidro Fabela, a esa prosapia pertenece en sus orígenes José María Heredia y Heredia, pues es semilla y raíz de las mejores cualidades del toluqueño al nacer el México independiente.
No es pues, una banalidad leer sobre lo que nos dice la cronista María del Carmen Zenil de Izquierdo, quien en Toluca y mis recuerdos, nos cuenta diversos momentos de la capital del Estado de México, en su texto leo: Viernes: día de la plaza (1930-1940) Hasta la fecha no deja de ser conocido y popular en toda la república el Tianguis de Toluca. Los que lo conocimos en otras épocas podemos decir que muchas de las costumbres de este mercado ya no existen. Todavía hay tianguis, es cierto, pero analizándolo bien, poco queda de su autenticidad en lo que es vendido, en cómo y quiénes son los que venden y compran. / Qué majestuoso y visitado es el Cosmovitral. En otros tiempos, este símbolo actual de arte y cultura albergó el comercio en todas sus ramas. Desde antes de 1933, cuando el presidente municipal don Manuel Sotelo mandó construir locales en el interior, las personas llegaban cada día muy temprano a instalar sus puestos semifijos, extendían sus mercancías y, ya tarde, los levantaban, Todo esto en el interior. Afuera, sobre la calle Juárez, venía a desembocar Lerdo. Esta calle, en aquella época, ahí terminaba. En lo que hoy es la continuación se encontraba la fábrica de hilados y tejidos La Industria Nacional y las propiedades del señor Eduardo González Y Pichardo y de la señora Juanita Nava de Zenil. Estas construcciones fueron derribadas para dar continuidad precisamente a la calle de Lerdo. Cómo se fue formando dicho mercado, orgullo en la nación de formación gastronómica y comercial de los mejores productos del centro del país en las alturas de una ciudad pequeñita que sólo era centro y no sabía ni de Capultitlán, San Pablo Autopan, San Cristóbal Huichochitlán, o San Antonio Buenavista en esas calles empedradas que caminaba El Poeta con sus pocos años en 1819, 1825 o 1933. Uno es el siglo XIX que funda con sus primeros años a fines de 1928 el Instituto Literario de Toluca, o Instituto Literario del Estado de México, donde ha de venir a estudiar Ignacio Manuel Altamirano siendo un hijo de familia sin recursos, en extrema pobreza, y gracias a esa beca alcanzar las cumbres que alcanza nuestro mayor sabio. En aquellos años de la década de los treinta del siglo XIX Tixtla, era parte del enorme territorio del Estado de México.
Sería José María en el siglo XX en sus primeras décadas el brillante rector del Instituto o el jurista que fue. Cuando un hombre o mujer es grande, rebaza su vida física para ubicarse entre aquellos que son imprescindibles en todas las épocas de un pueblo o país. Imprescindibles en la vida humana, de esos es José María en el recuerdo e historia de la capital mexiquense. Prosigue la investigadora de nuestra Toluca de las primeras décadas del siglo XX: El amplio tramo comprendido entre Lerdo y General Prim, hoy Santos Degollado, estaba todo empedrado. En ese lugar a diario se instalaban comerciantes de la venta de jarcia, con sus tendidos de lazos, canastas y ayates que alfombraban el empedrado. Seguían puestos de sombreros de palma de don Francisco Aguilar y junto a él, tan viejo como sus fierros, don Celedonio Ortega. También se instalaban ahí los puestos de sarapes, de ceñidores de rebozos, como los de Tenancingo y Santa María, y el popular rebozo de bolita. En este negocio eran muy conocidos los hermanos Cárdenas, don Fermín Gaytán y Domingo Jiménez. Este giro en su tiempo fue un buen negocio porque el rebozo lo usaban todas las mujeres de los pueblos, y los sarapes tenían mucha demanda.
Son aquellos tiempos que hacían llegar las visitas de personajes de la vida artística e intelectual, conocida es la presencia de Diego Rivera y Frida Kahlo, o del poeta chileno Pablo Neruda, que en su libro Confieso que he vivido, expresa que no hay un mercado así tan bello y lleno de productos en el mundo, como éste de Toluca.
La autora Zenil de Izquierdo pone en su crónica un poema titulado Viernes, día de plaza/ El tianguis de Toluca / es tradicional, / el viernes se escoge / para ir a placear. Parece distintos el día / a los demás / llega mucha gente / que viene a vender / su arte regional. / Canastas de palma, / zarapes de lana, / Loza de barro, juguetes de madera / y mil cosas más. Llegan turistas / de muchos lugares / se mezcla el idioma extranjero / con el náhuatl y el otomí; / hay gritos, pregones / y… satura el ambiente / olor especial. La autora con letras lapidarias termina su texto diciendo: Un día de abril de 1973, el marcado y su tianguis no sólo cambió de lugar, para muchos, murió. En este enorme mercado de fin de semana, que sobrepasaba a mercados como el de Santiago Tianguistenco, Ixtlahuaca o Tenango del Valle nos debe llevar a los cronistas de fin de siglo XIX como don Aurelio J. Venegas al decirnos cómo era la ciudad que realmente apenas nació al nombrarse capital del Estado de México.
Al estudiar a Heredia no debemos de alejarlo del contexto mexicano y diverso en su cultura por la presencia de etnias o culturas de alta laboriosidad como lo son nahuas, otomíes, mazahuas, matlatzincas y tlahuicas: todas estas culturas y la colonia con sus aportaciones dan una gastronomía que identifica a la ciudad de Toluca, misma que se ha enriquecido en aquellos tiempos de las tradiciones que vienen de la época indígena. El taco de plaza que contiene una cantidad diversa y numerosa de componentes: el chorizo rojo y verde, así como las cremas y los quesos. Destaca como bebida tradicional Los Mosquitos y el Pan de Millán de larga tradición en la mesa de los toluqueños. En semana Santa destaca la cocina con los romeritos en mole. También es de recordar los helados de la Presumida que en la Alameda hacía las delicias los domingos de todos los visitantes en las décadas de los sesenta y setenta. Todo en Toluca es una fiesta que viene de siglos anteriores.
Los dos siglos, XIX y XX forjan una manera de ser, que se trastoca con el devenir y los cambios que destruyen la riqueza arquitectónica que es cantada por los cronistas más talentosos que ha dado la patria chica. En Toluca, los nombres de cronistas municipales son expresión de la inteligencia y el cuidado en pergeñar por donde sea, documentos o restos urbanos y rurales dejan su huella. La huella que en las ruinas de Calixtlahuaca son expresión cierta de la presencia de lo mejor de nuestras culturas indígenas en el altiplano de México. Alfonso Sánchez García, Margarita García Luna, José Luis Alanís Boyso –historiador de Toluca– y ahora Gerardo Novo Valencia, cronistas de nuestra ciudad son nombres de relevancia no solo toluqueña o mexiquense, son también de lo mejor en el trabajo de la crónica en el país: Destaca el pensar en las vecindades de la ciudad que nace, dejando atrás su poco desarrollo durante el siglo XIX.

