Día naranja
Saludos, querido y aguzado lector. El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, un día que se estableció en memoria de tres hermanas dominicanas que fueron asesinadas un 25 de noviembre, pero de 1960, por ser opositoras al régimen de su país.
Desde entonces en Latinoamérica se conmemora dicho acontecimiento desde 1981 y a nivel internacional desde 1996. Porque no deja de haber violencia contra miles de mujeres en todo el mundo, miles de mujeres que siguen siendo maltratadas y asesinadas e incluso al paso de los años se han ido identificando y señalando todas las formas de violencia de las que hemos sido objeto de manera indirecta, sistemática y cultural, hechos que han logrado la liberación y bienestar de millones de mujeres en el mundo, pero estas acciones siguen siendo insuficientes en un mundo que sigue desapareciendo a sus mujeres, que sigue tomándolas como rehenes, como arma de guerra, como objeto.
A lo largo de la historia, nos han hecho entender el papel de la mujer desde la perspectiva masculina, lo que es y debe ser una mujer y aún más, después de la colonización y la imposición de nuevas formas de vida. Pues antes de decir quien se es, yo, hay un ser, mismo que es definido y construido por hombres.
Miles de mujeres que no encajaban o se adaptaban a estas imposiciones y estándares fueron señaladas, castigadas, relegadas e incluso desconocidas en las páginas de historia, aún mencionadas como fenómenos, errores de la naturaleza, monstruos.
Millares de historias de mujeres que quedan plasmadas en la memoria de pueblos y naciones como leyendas, mitos, epopeyas, relatos, cuentos, novelas, para ser reducidas a patrañas, chismes, habladurías de mujeres que, por no aceptar las imposiciones, maltratos y violencia, fueron convertidas en monstruos.
Para ello expongo un texto inédito de mi autoría para conmemorar a todas esas mujeres y todas las que al paso de miles de años han sido calladas en la descalificación y en la omisión y en el suceso, la anécdota, para cubrir el daño que se les hacía, que sique y existe todavía.
Mujeres
Llamadas medusa por haber sido abusadas,
condenadas por su belleza.
Esteno, por poseer una fuerza descomunal,
llamada monstruo por defenderse y defender a otros.
Aix, llamada espantajo por no parecer ni hombre, ni mujer,
un ser de alma y corazón.
Dino, fenómeno por poseer sabiduría, visionaria y previsiva.
Enio, la anciana de experiencia y mutabilidad,
vasta de sentimientos y emociones.
Penfredo, antigua vigilante y cautelosa.
Gorgonas fuertes e impetuosas,
de fuego y belleza
jóvenes, niñas,
laten y vibran en la memoria de las ancestras
nunca más calladas ni ultrajadas.
Gorgonas que hoy llaman feministas
Mujeres que luchan y abrazan el mundo.
Grayas añosas y plenas
sabias y experimentadas
guía y camino de las más jóvenes.
Mujeres inmortales, rebeldes.
Nombradas de muchas maneras
para coartar su naturaleza y libertad.
Jamás vencidas.
Gorgonas, grayas,
mujeres, todas hermanas.
Así es querido lector, mujeres que fueron encriptadas en historias, leyendas, mitos para descalificar sus historias, sus vidas y dolor, para transformarlas en personajes y ver dichos sucesos o acontecimientos como lejanos, increíbles y justificados por el mismo agresor.
Curiosamente cientos de historias señalan la maldad, ferocidad, y atrocidad de mujeres que, simplemente reaccionaron a acciones que las hirieron, que las mataron. Y no sólo acciones, también hay monstruos feroces que son personificados por mujeres para señalar aquello que sale de lo femenino, aquello que los hombres establecieron debía ser una mujer.
Queda aquí la reflexión, la memoria y el grito de las mujeres que defienden su naturaleza, que luchan contra la opresión, la violencia y la invisibilidad de un sistema que sigue en vías de reconocerlas y aceptarlas.

