CARTAS ECHADAS

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El libro publicado por la colección margen Literaria de la Universidad Autónoma Metropolitana en su primera edición de 1983 y en la segunda, que es el caso para el año 2009, trae la figura del mexicano universal que fue el nacido en Monterrey, Nuevo León. Su título Alfonso Reyes / Cartas echadas / Correspondencia Alfonso Reyes / Victoria Ocampo (1927-1959), si revisar la labor epistolar en nuestra América es una delicia: llenas de sorpresas y todo tipo de emociones en sus párrafos venidos de distintos escritores que se leen. En el caso de Alfonso Reyes es toda una literatura la gran cantidad de cartas y recados que tuvo durante su existencia de 70 años de vida. Lo encontramos en sus relaciones literarias en México y con aquellos personajes como Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges, Juan Ramón Jiménez, y en este caso, con la promotora distinguida que fue Victoria Ocampo y la revista que fundó llamada Sur. Revisar la correspondencia de Alfonso Reyes es todo un Himalaya por lo basto de sus relaciones. No creo que haya otro mexicano igual en este género literario.

El trabajo de investigación del libro del que leo la correspondencia se debe a Héctor Perea excelente investigador y académico mexicano. Son varios los estudiosos de Reyes en sus diferentes facetas de literato, en el caso de su correspondencia el libro de Héctor y, aquellos que nos ha legado el investigador Serge I. Zaïtzeff del cual aparece en esta editorial el libro Más epistolarios rioplatenses de Alfonso Reyes, ya hemos visto los dedicados a Carlos Pellicer y también el titulado Recados entre Alfonso Reyes y Antonio Castro Leal publicado por el Colegio Nacional publicado en 1987. Héctor Perea escribe en la cuarta de forros del libro citado: En Cartas echadas se reúne la correspondencia entre Alfonso Reyes y Victoria Ocampo. Más que un diálogo epistolar entre dos de las más grandes inteligencias americanas del presente siglo. Cartas echadas es una conversación de amigos preocupados tanto por lo cotidiano como por el valiente deseo de rescatar y hacer accesibles hitos de la cultura de nuestro tiempo. La creadora de Sur y el hombre de letras conversan fraternalmente e intercambian experiencias, lecturas, opiniones, juicios políticos, breves saludos. Quien accede al presente documento literario y testimonio humano participa de un intercambio de ideas y experiencias entre dos personalidades de nuestra época cuya característica fue el amor por la libertad y el conocimiento como partes constitutivas fundamentales de la humanidad.

Pergeñar entre las cartas de los personajes es muchas veces entrar a la historia humana. En eso está una de las riquezas principales de párrafos muchas veces escritos con el corazón, como en el caso de Franz Kafka al hacer en su edad adulta una carta a su padre con todo el dolor en sus letras y palabras vertidas en decenas de páginas. Como lo señala Héctor, es leer a dos de los personajes más relevantes de la cultura literaria en América.

Historia de cartas, que personajes anuncian a través de su obra manuscrita en aquellos tiempos. Victoria Ocampo le dice Mi querido amigo. No pude ir ayer a su conferencia por una razón absurda… de coquetería. Tengo una esquina de la boca hinchada por una pequeña herpe de lo que resulta que ando con trompa no con boca. (Leí La Nación…) ¡Lo felicito! Pero me hubiera gustado tanto oírlo. Estaré en casa toda la tarde. ¿Si no tiene miedo a mi trompa por qué no viene? Ahí van estas flores para Manuela y para usted “mis excusas” por lo lacónica que debí parecerle anoche por teléfono. La muerte de Ricardo (Ricardo Güiraldes), que era mi amigo de verdad y a quien yo quiero tanto. Me tiene adolorida, profundamente. Perdón y hasta pronto. Por el año de 1927 comienza esta larga lista de textos que reflejan la empatía de Alfonso Reyes con los personajes más distinguidos en Europa y en Sudamérica. Sorprende lo mucho que es querido Reyes en las ciudades importantes donde vivió, particularmente en difíciles condiciones donde su trabajo periodístico fue lo que le permitió sobrevivir a las condiciones económicas en que tuvo que aprender lo que es la vida en penuria. Siempre digno nuestro mexicano, ajeno a las críticas de aquellos que quedándose en México lo acusaban de amar más lo extranjero que a su propia patria.

En fecha 29 de octubre de 1930, Victoria le dice Mi querido Reyes: La pereza me ahoga. Siempre he sido perezosa… pero antes era soportable. Hoy sufro de ella como de una enfermedad (porque en el fondo soy terriblemente activa). No entiendo nada de esto. La pereza se extiende sobre mi vida como esa pasta pegajosa que Charlot utiliza en sus primeras películas. Imposible salir de este estado, ¿qué me aconseja usted hacer? Son las once y media de la mañana. Estoy todavía acostada. Me esperan a las doce. A la una y media tengo que salir con Mallea y un fotógrafo que usted conoce tal vez, Víctor Dehléze… (muy tonto). El conde Rosso se va esta noche y deseo escribirle, aunque sean estas cuantas líneas tontas. La Revista se llamará Sur. Aparecerá cuatro veces al año. El primer número saldrá en diciembre. Ya hemos recibido un artículo muy interesante de Ansermet sobre el problema del compositor americano; “Notas de viaje Ouro Preto”, de Supervielle. Ortega me ha prometido por teléfono “La Argentina y el poder espiritual”. De Waldo, un capítulo del libro que está escribiendo sobre su viaje por América del Sur. ¡Cuento con usted, mi pequeña flor azteca!… ¡Cuento mucho con usted! Quisiera tener muchas colaboraciones de México. Aconséjeme, querido. Gracias por “banderas de provincia”. Gracias por las otras revistas. Hemos encontrado allí cosas que nos han interesado profundamente. Lo extrañamos mucho. Por Supervielle sabemos que emplea su tiempo libre en dejarse acariciar por los helechos. ¿No podría usted decidirse a tener otras diversiones? Venga a visitarnos. Lo alojaré en mi casa. Bese a Manuela de mi parte. Lo extrañamos mucho.

Un hombre querido, que desde las diversas experiencias de vida en Madrid, París, Buenos Aires, Río de Janeiro y otras ciudades importantes aprendió que México era un enorme país lleno de cultura y admirables cualidades. El libro Visión del Anáhuac es prueba con sólo 26 años de edad, cuando fue publicado, que sabía de México muchísimo más que aquellos que juraban saber mucho de la patria en guerra civil que fue México de 1910 a 1930 por lo menos. De Victoria Ocampo, Alfonso Reyes recibe mensajes o recados. Él por su parte le hace llegar sus cartas afectuosas vestidas con la prosa más bella que escriba algún lingüista de Iberoamérica, esto en el decir de Jorge Luis Borges. Reyes le escribe, por ejemplo, La carta fechada el 15 de agosto de 1938 es una carta triste, de la que parece no deseamos enterarnos al hablar o escribir de Alfonso Reyes. Los problemas económicos que desde su primer exilio fueron pan de cada día. La dignidad de Reyes es una prueba más de su grandeza. Le dice lo siguiente: Mi querida Vic: Esta carta es del todo confidencial. Ante todo, celebro el desarrollo de la Editorial Sur, conque hace tanto tiempo soñamos, y le agradezco el haber pensado en mí desde el primer momento. Ya le expliqué a María Rosa el compromiso moral que me liga a Pedro Henríquez Ureña para toda posible dirección de una Colección de Clásicos Americanos. Le ruego que lo medite y lo resuelva. Voy a contarle algo de mi vida. Desde que llegué a México en enero pasado, he vivido de mi propia sustancia. Logré la devolución de lo que me correspondía por descuentos acumulados para el fondo de mi futura pensión de retiro, desde el momento en que se dio por terminado mi servicio diplomático. Y con esa suma y lo que yo ganaba en artículos de periódico me he venido sosteniendo. La Prensa, de Buenos Aires, me paga cien pesos por artículo, pero nunca publica más de dos al mes. Esto no es base segura para mi vida […] Pero es un último recurso: ¿cree usted que me seduce encerrarme en el pueblo de Austin, en Texas? Quiero tentar antes otra posibilidad; el desarrollo de su editorial, ¿le permitiría ayudarme de un modo estable, dentro de lo humano y lo que a sus intereses convenga? Yo creo que de aquí regresaré a México, y entonces veríamos dónde conviene que me instale