EL TRABAJO EN LA MUJER
Estudiar a las mujeres en la historia humana es territorio rico y doloroso en datos comunitarios o individuales. La mujer es extraordinaria presencia en la recreación biológica del hombre y de la mujer a través del milagro del parto. Su presencia como madre de la humanidad es territorio mágico, milagroso, pero a la vez de eterno dolor por injusticias que cotidianamente —por miles de años— se han cometido una y otra vez, sin cansancio, en contra de ella. Revisar el libro de Federico Engels sobre la familia y el Estado nos da luces al respecto, aunque no son toda la verdad del desarrollo social de la pareja; Alexandra Kollontai acertadamente en su libro titulado Mujer, historia y sociedad / Sobre la liberación de la mujer, publicado por Fontamara, en el año de 1987 en ciudad de Puebla, México, donde se señala que la subestimación laboral de la mujer no viene de la sola dedicación al hogar al ser trabajadora doméstica en la etapa agrícola, pues las injusticias vienen desde muchos cientos de años antes al hacer la división del trabajo subestimando su capacidad. Han sido las relaciones del trabajo las que fueron dejando atrás la posible igualdad de la mujer con el hombre.
Esa relación laboral es la que representa la mayor injusticia que se ha cometido contra la mujer en la historia humana: a trabajo igual, igual paga. Han sido las relaciones laborales por miles de años las que han subestimado a la mujer, para que en el caso que se incorpore, particularmente, en la etapa del capitalismo, sea menospreciada con el fin de explotar su trabajo pagando menos por el mismo. Esto ha representado siempre ganancias mayores para los capitalistas de todos los tiempos en estos últimos siglos como está comprobado. Ello ha llevado, según la autora, a que dueños de empresas de todo tipo o el comercio, paguen menos a la mujer por considerar menos valiosa su partición que la del trabajador; siempre bajo el interés del plus que le genera explotar su labor en fábricas, comercios, oficinas o en aulas educativas. Esta misma injusticia se reproduce en los distintos sectores de la producción y de la vida social en general, incluido el sector público, que da menos puestos de dirección a la mujer que al hombre. para estos textos he de tener en cuenta el libro citado de Alexandra Kollontai y, el libro de Mary-Alice Waters titulado Marxismo y feminismo publicado por Fontamara en el año de 1989 en Puebla, México; De Alexandra Kollontai se dice que nació en San Petersburgo en el año de 1872, en el seno de una familia de la nobleza terrateniente—como reza la pequeña ficha biográfica del citado libro— y que asiste como delegada a las tres primeras conferencias internacionales de las mujeres socialistas demostrando su cultura.
Se puede decir que para fines del siglo XIX e inicios del XX el movimiento femenil más avanzado se encuentra en estas filas socialistas que se encuentran regadas por Europa en distintos países. Las citadas conferencias se realizaron en los años de 1907, 1910 y 1915: pensemos cuáles fueron entonces los temas que reuniones de mujeres preocupadas por todo el entorno de vida que les era propio. Es decir, su menos valor frente a todo el quehacer humano, de dentro y fuera de casa, los temas de la vivienda, comida y vestido como raíces de toda inquietud de vida que se desarrolla en la pobreza y en la pobreza extrema.
Que se desarrolla en la cancelación del presente y el futuro para las mujeres que no tienen derecho al voto, a elegir y ser electas. A tener un trabajo igual que el hombre, con iguales horas laborales. El derecho a sus hijos que a fines del siglo XIX les es negado en los países de mayor desarrollo, el caso de Inglaterra es prueba dolorosa de ello. Ningún derecho al interior del hogar, ni a sus hijos que ha traído al mundo, ni el derecho a tener propiedades de cualquier tipo. Tales temas seguramente en las tres conferencias fueron tratados, probando con ello que quienes se expresaban como socialistas tenían a principios del siglo XX mayor conciencia social que aquellos que desde los países capitalistas más avanzados de Europa no tenían, ni permitían a sus mujeres recibir.
Alexandra Kollontai tiene por lo tanto un lugar especial en la historia del movimiento feminista mundial, pues ocupa espacio entre las mujeres de gran recuerdo como la mártir Roxana Luxemburgo, la maestra Clara Zetkin, la esposa de Lenin: Natasha Krupskaia, y varias más. Su ficha biográfica citada dice: Formó parte del Comité Central que materializó la insurrección triunfante de 1917, y del primer gobierno revolucionario, siendo la primera mujer en la historia en ser nombrada ministra. Pienso en cuántas mujeres al inicio del siglo pasado podían ocupar espacios políticos de tan alto nivel. La historia de la mujer muchas veces se dice en pocos párrafos, pero resulta que su experiencia en todo ese proceso que es su vida se encuentra lleno de espinas, de sufrimientos. Cuenta su historial: Diplomática en Noruega, México y Suecia, murió, ya retirada, en la ciudad de Moscú. De su abundantísima obra literaria, destaca su Autobiografía de una mujer emancipada y La mujer nueva y la moral sexual.
Es importante notar este tema, el sexual, pues los socialistas con especial atención pusieron su interés en saber por qué se tenía que vender la mujer en los territorios del mundo capitalista. Se puede decir que hombres y mujeres en los países donde se tuvo presencia seria del ideal socialista estudiaron el tema de la prostitución con objetividad y preocupación. El libro citado al principio de este textos trata, entre otros asuntos, La situación de la mujer en el comunismo primitivo; El papel de la mujer en el sistema económico de la esclavitud; La situación de la mujer en la economía natural de la autosuficiencia; El trabajo agrícola en la comunidad agrícola y en la producción artesanal; La posición de la mujer durante la época floreciente del capital mercantil y de la manufactura; El trabajo femenino en el periodo de expansión de la gran industria capitalista… sólo estos títulos nos prueban de la cultura e inteligencia de la estudiosa Alexandra Kollontai. No se encuentra ajena a los estudios de la sociología como visión objetiva de cuales son las cosas que suceden ciertamente en la vida de familia, de comunidad, de sociedad extendida a toda ella, y no solamente a algunos aspectos de la misma.
Estamos hablando de una estudiosa de la historia que ha puesto sus ojos en el tema de la mujer, con la cual es solidaria, pero de manera respetuosa, pues sabe que sólo así se pueden aportar senderos para comprender el papel de la mujer en la historia humana, y cuáles son los pasos que hay que dar para reivindicarla: sin demagogias o ideologías que sólo empeoran su situación. Cuando en Inglaterra a fines del XIX el tema del voto les es imprescindible, en Alexandra no sólo se queda en las elecciones, sino en la necesidad de transforma a fondo todas las relaciones en sociedad. La aportación interesante de la política y antropóloga refiere el caso de los estudios de Federico Engels sobre la mujer: pues A la inversa de Engels, que describe el matriarcado como una época de edad de oro para las mujeres… Kollontai pone de relieve la desigualdad del proceso que implica el dominio del grupo de los hombres sobre el grupo de las mujeres (según se trate de tribus nómadas o sedentarias, cazadoras o agrícolas, según el medio ambiente ecológico, etc.) Ciertos investigadores se equivocan al ver el origen de la pérdida definitiva de los derechos de la mujer en las formas del matrimonio: no es la forma del matrimonio, sino ante todo el papel económico de las mujeres lo que las llevó a su situación de dependencia dentro de las tribus nómadas de pastores.
Seguir la huella de esta ideóloga y estudiosa de la vida en sociedad, y en particular de las mujeres, es tema inacabable, por lo que es cierto, como dicen sus biógrafos, mayor interés se debe tener en Alexandra por sus estudios y su gran inteligencia que le permitieron sobre vivir al dictador José Stalin. Fueron los historiadores del dictador los que censuraron sus escritos, pero no por ello, dejó de ser la primera Embajadora de un país en el mundo y la política que llegó a ministro de un gobierno como el soviético a inicios de los años veinte del siglo pasado.
