Pronto nadie me creerá
Escribo sin palabras como en la antigüedad
entonces, miro mis manos como si fueran peines
y toco cabellos de niñas adultas y les hago peinados
como si el sol
no fuera amarillo,
y, engatuso a los gatos leyéndoles el tarot
y se ríen panza arriba con sus colmillos ociosos.
Juego a la rayuela, solo, imagínense, solo.
Antes de mi internamiento.

