El valor que se desplaza como un péndulo en tres dimensiones (Segunda Parte)

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Es importante el considerar al respeto como una especie de plataforma para todo aprendizaje, tanto cognoscitivo, social y moral […] que está en la base de todos los derechos  de los niños y de todos los derechos humanos. Esto va a implicar necesariamente una relevancia brutal dado que será parte del desarrollo cognoscitivo del ser humano, así es que si las personas se encuentran vinculadas a través del respeto tendríamos una base inmensa para el desarrollo intelectual e integral. Sin embargo, no hay que perder de vista que más allá de una base para el desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje de las personas hay que pasar a la acción y esto tiene todo que ver con el respeto que es una actitud, entendida ésta como una disposición personal o colectiva, pero en el ámbito del hacer a partir de las ideas, valores y sobre todo la forma de ser de la persona que actúa.

 

Porque el respeto es un valor sustentante de valores y se podría decir que es tan poderoso que es el sustentante de la vida de toda sociedad humana, esto es,  el valor que define las relaciones humanas armoniosas en una sociedad y en una comunidad, por supuesto comenzando por el núcleo mínimo e inicial de toda sociedad, la familia. Sin embargo, también, y como no es poco,  hay que decir que el respeto nace en la forma de ser de las personas, requiere salir de adentro hacia afuera, es decir, donde no tiene participación el ego, así es que comienza desde la actitud del ser  de la persona, tiene que ver de manera directa con la integridad y la congruencia que en suma es hacer el bien sobre todo cuando nadie te ve. Entonces es claro que para considerar el respeto como un valor del ser  se requiere que cada persona se valore, esto implica también el cuidado y la preservación de la vida misma, así mismo como el amor hacia nuestro templo/hogar que es nuestro cuerpo. También se trata de reconocernos como un Ser Humano que tiene sueños, expectativas y sobre todo misiones de vida que primero habrá que descubrir para después honrar y respetar, ese es el compromiso.

Ahora bien, no podemos olvidar que los valores llegan a las personas a través del ejemplo y con mayor fuerza y relevancia de nuestros maestros de vida, los padres. Así es que es precisamente en el núcleo familiar, que es núcleo de cualquier sociedad donde requiere sembrarse la semilla del respeto. A partir de esto, pensar que no debe terminar ahí, pues aún tiene que fortalecerse durante el proceso educativo, hay que considerarlo así ya que los valores son sumamente importantes en la conformación de la personalidad en términos educativos, por lo que a los mismos se les tiene que ver como parte de las competencias que se desarrollan en el proceso educativo. Estas competencias de acuerdo con la UNESCO son  desarrollar el conjunto de comportamientos socioafectivos y habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras, que permiten llevar a cabo adecuadamente un desempeño, una función, una actividad o una tarea.

 

Es importante hablar de que una parte originaria en la educación de los valores comienza precisamente con el juego considerando que de los siete a los once años, los niños adquieren la capacidad de realizar operaciones mentales con los objetos que tienen delante. Si bien, aún no pueden hacerse generalizaciones abstractas si se dan cuenta de la reversibilidad de algunos cambios físicos y de las posibilidades del pensamiento para detectar relaciones entre las cosas. Podríamos pasar al tema de las normas  que ya no son consideradas como cosas reales que tienen su origen en una autoridad absoluta y comenzaríamos a ver que se basan en el respeto entre los compañeros de juego, que se  ven como iguales.

Las normas o reglas de los juegos, ya tienen más que ver con un acuerdo entre los participantes. De aquí surgen los sentimientos morales como la honestidad, indispensable para el éxito de los juegos, también se asoma la justicia. Entonces llegaríamos al respeto de éstas que se desprenden del grupo, comenzando en el núcleo familiar, apoyadas por la necesidad de orden para el mantenimiento de las relaciones humanas.