¿Ya te contaron el cuento?

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¿Quién no ha besado sapos, blandido espadas

contra ogros y dragones o musitado un “abracadabra”

con los ojos apretados, en espera de ver realizado un deseo?

Fascinantes, seductores, capaces de movilizar nuestros anhelos y temores más profundos, los cuentos populares son parte del imaginario colectivo. Concebidos para entretener a los adultos, el siglo XVIII los convirtió en el método más utilizado para enviar a los pequeños a la cama y disuadir a los más grandes, de abandonar sus casas, al caer la tarde. Los cuentos son, sin embargo, más que eso: el nexo más rico entre la memoria biocultural de la raza humana y la propia identidad.

Si ya te contaron el cuento, eres un feliz cautivo de esa tierra mágica afreñida sobre el mundo conocido porque le habla al alma de sus preocupaciones más arraigadas: la muerte, el abandono, la soledad, la ira, el abuso y otras quimeras, en ese lenguaje simbólico que el subconsciente lee tan bien y que las toca naturalmente, en especial, durante la niñez y adolescencia cuando el mundo interior se siente tan imperfecto y el exterior, tan poco seguro.

Negar la existencia de aquellos monstruos bajo la cama, de nuestras pesadillas y oscuras fantasías; gestaría adultos con la necesidad de una realidad paralela, donde no exista un lobo feroz porque lidiar con éste es imposible donde el propio lobo: la ira, tristeza y ansiedad, que debieron en su momento, ser reconocidos para madurar, continúan reprimidos por inadecuados, hasta que el dolor los hace estallar, generalmente, en una forma poco sana.

El psiquiatra infantil Bruno Bettelhaim, lo expresó así: debemos ayudar al niño a que extraiga un sentido coherente del tumulto de sus sentimientos. Necesita ideas de cómo poner en orden su casa interior y, sobre esta base, poder establecer un orden en su vida…. En los cuentos, héroes y villanos muestran sin ambivalencias, su luz y su sombra. No todos los personajes son políticamente correctos. Nos identificamos con ellos porque sus actos validan nuestro propio sentir y decisiones.

¿Cómo conciliar la naturaleza interior: el caos de nuestra mente, la inquietud del espíritu, con la naturaleza exterior: el medio ambiente, el resto de la humanidad, sin afectar la propia identidad? La estructura del cuento: antecedente empático, nudo, solución, final feliz o consecuencia, ofrece un cauce a ese río de emociones que discurre al interior del alma joven y le sugiere posibles soluciones a sus inquietudes, actitudes que admirar o deplorar, en una forma íntima, evocadora y fácil de asimilar. La personalidad en formación, busca un sentido en la atávica tradición oral.

Víctor Toledo, biólogo investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica: Toda especie necesita de un aprendizaje que se graba genéticamente y que le permite adaptarse a un medio cambiante. En el caso de la especie humana, esa impresión es, además, de carácter cognitivo y pertenece al legado cultural. La modernidad –la revolución científica e industrial– ha interrumpido esa memoria, ha cortado la transmisión intergeneracional y el consiguiente perfeccionamiento progresivo de los modelos locales para adecuarlos a las condiciones del entorno. ¿Qué puede ser más conectivo entre humanos que una historia? ¿No dijo acaso Eduardo Galeano que estamos hechos de historias? Al aceptarnos como personajes, reclamamos sus batallas, combinamos sus características con las propias y nos hacemos más conscientes de nosotros mismos.

Los cuentos aportan esa magia que enseña a actuar para que las cosas ocurran: Juanito recupera su tesoro y escapa del gigante con el corazón desbocado, desciende por el tronco de una planta de habas, experimenta emociones inconfesables y regresa a un entorno seguro en el que su identidad está intacta para disfrutar de su premio; no es un cuento baladí porque un final feliz supone recompensa y ésta da valor al primer paso del héroe o la heroína; el fueron felices para siempre simboliza encontrar el sentido de sus vidas        –hallazgo por el cual muchos lo daríamos todo– y llega para ellos, curiosamente, al engranarse en el tejido de la solidaridad, el plural del amor.

Cada quien es libre de hacer su lectura sobre los cuentos más populares, comparto las mías:

La Cenicienta, desacredita sus habilidades personales al intentar calzar una determinada zapatilla y ser rescatada, en lugar de decidirse a actuar y prodigarse múltiples finales felices.

El Sastrecillo Valiente, con gran habilidad, se vale de las circunstancias ambigüas que lo rodean y logra una fama que no corresponde a su fuerza física, pero sí a su ingenio, ganándose la aprobación del reino.

Luis El (Patito) Feo,  Con este cuento, Hans Christian Andersen, quiso retratar su propia historia: poco agraciado y en la miseria, su fe inquebrantable en el poder de la transformación le valió un lugar de honor en el mundo literario.

La Llorona  Su tragedia nos habla de cómo el dejarse llevar por las emociones más negativas y decidir sobre la vida de otros acarrea la condena del arrepentimiento y sufrimiento eterno.

O, La Caperucita Roja, de haber sido discreta, laboriosa y responsable, no hubiera revelado información sustancial al lobo, error que propició que finalmente, él la dejara sin merienda.

Y tú… ¿Recuerdas qué movió en ti, tu cuento favorito?