EL EFECTO PIGMALIÓN
A quien mucho se le da, mucho se espera de él.
Dante Alighieri
Seguir a pie juntillas las ocurrencias de la Loca de la Casa: ¡esa tarabilla imparable de la imaginación! no es lo más aconsejable para todos, según Santa Teresa de Ávila; sin embargo, para el mítico rey y escultor Pigmalión, resultó la mejor de sus apuestas: con banquete de bodas incluido y un felices para siempre. Y es que este legendario personaje, de las Metamorfosis de Ovidio, se dió a la tarea de esculpir en mármol, una figura femenina a la cual, engalanaba y cuidaba como lo haría con su propia esposa. Cuenta Ovidio, que Afrodita, diosa del amor, conmovida por su devoción, despertó el corazón que dormía dentro de la helada Galatea y la transformó en una mujer real a quien pudo desposar: ¡Las expectativas de Pigmalión, se hicieron realidad!
En 1966, los psicólogos Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, realizaron un experimento social, a fin de probar una hipótesis relacionada con esta leyenda donde las expectativas de las personas, crean realidades, convirtiéndose así en profecías autocumplidas. Para ello, practicaron una prueba de aptitudes no verbales con el falso nombre de Test de Harvard de Adquisición Conjugada, a un grupo de alumnos. Según los psicólogos, los resultados indicaban la capacidad intelectual potencial de los alumnos y convencieron a los maestros de que, los estudiantes con puntajes más altos (se crearon dos grupos para el test) tendrían avances importantes en el siguiente año.
Al finalizar el experimento, los niños del grado previamente elegido como de intelecto superior, habían aumentado su propio cociente intelectual sobre los resultados de los alumnos del otro grupo. Los psicólogos asociaron las altas expectativas de los maestros con un mejor rendimiento. Una creencia errónea y no las verdaderas habilidades de los alumnos determinó el esfuerzo educativo que repercutió en las calificaciones finales. Estos resultados en la actualidad, pueden fácilmente extrapolarse al ámbito laboral, familiar, social, etc., ejemplos hay por millones. En la comunidad científica no existen dudas: Las personas se mostrarán a nuestros ojos, tal como creen que esperamos que ellas sean ¡Cumplirán nuestras profecías!
EL PODER DE UNA ETIQUETA
El Efecto Pigmalión, en psicología, explica cómo las expectativas y creencias de algunas personas, condicionan las conductas y resultados de otras, en forma positiva o negativa. El mensaje de quien confía en nuestra capacidad para lograr algo, echa a andar nuestro sistema límbico y nos impele a conseguir el objetivo. ¡Y lo contrario ocurre cuando la profecía autocumplida nos pone por debajo del listón! Si. ¡Esta es una analogía perfecta! Es como si nos esmerásemos en subirlo o bajarlo en respuesta a las expectativas de los demás. Esta influencia es potenciadora o incapacitante y puede resultar peligrosa, cuando el moderno Pigmalión, espera modelar las conductas de otra persona, sin otro propósito que sus deseos e intereses personales.
Por otro lado, el Efecto Galatea, explica las expectativas y confianza, que sentimos por nosotros mismos, lo que además alimenta la imagen que proyectamos hacia los demás. Cuando el mensaje interno es negativo, establecemos líneas de frontera y caemos en un patrón circular eterno. Es difícil salir de los castillos de nuestras creencias limitantes hacia las tierras donde habitan nuestros sueños y el dragón del miedo podría quemar aquellos débiles intentos y guiarnos ¡sí o sí! al fracaso que ya hemos anticipado, en otras palabras, interiorizar un diálogo negativo y pobre, menospreciar nuestras posibilidades y talento, alejará de nosotros cualquier objetivo tanto como lo haría el fijarnos objetivos irreales o imposibles.
Cada comunidad es un constructo vivo basado en las expectativas de sus integrantes. La desconfianza de un miembro de la comunidad sobre su propia gestión produciría ¡Sin remedio! Dudas, sobre su entorno. ¿Se imaginan a un gobernante diciendo a su pueblo: Como no creo en mi capacidad para liderar, tampoco creo en ustedes y no esperaré que hagan algo bueno? Acto seguido llegaría el fracaso para toda la comunidad. No imagino a Afrodita concediendo a ese gobernante, el éxito, con las palabras que regaló a Pigmalión: «Mereces la felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado«. ¿Desea felices relaciones con sus vecinos? Espere lo mejor de ellos, pero antes que de ellos, de usted mismo. ¡Y dígaselo a ambos!
Al nacer, iniciamos el viaje para construir la propia identidad y en ese camino, las etiquetas que coloquemos sobre nosotros y los demás cumplirán una tarea: potenciar o incapacitar. Los mensajes pueden ser las alas de una persona o sus heridas. En el segundo caso, serán muy difíciles de curar y quizá se requiera para ello, ayuda profesional. Las palabras poseen significados que cada quien activa a su modo, a nivel interno y eso las convierte en detonantes poderosos de comportamiento. Si notamos la diferencia entre un: No me gusta esa actitud egoísta y un Eres tan egoísta; si podemos transformar el Eres un fracasado por Aprendiste, esta vez lo harás genial; si condenamos el error sin tocar la esencia de la persona; podremos colaborar con la formación de una sociedad sana y abrigar la esperanza de convertirnos en ese tipo de profetas, que auguran y al mismo tiempo, producen ¡Buenas Noticias! y no cicatrices.

