¿Bajar salarios?

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La negativa del Poder Judicial de aceptar una reducción a sus salarios, con base en la premisa de que nadie puede tener mayor salario que el Presidente de la República, no debiera sorprendernos.

 

Se trata de un asunto que evidentemente trastoca intereses que se han mantenido por años; ¿Quién en su sano juicio está dispuesto a renunciar a sus lujos y privilegios por decreto?, nadie, absolutamente nadie.

 

El tema, no menor, pasa por otras aristas, comenzando por la terrible desigualdad que existe en nuestro país. Que unos puedan ganar arriba de siete millones de pesos anuales entre salarios y bonos resulta ciertamente ofensivo, cuando un altísimo porcentaje de los mexicanos ronda los treinta y dos mil doscientos cincuenta y un pesos anuales (salario mínimo).

 

Cediendo sin conceder, pensemos que es un salario justo por la calidad del trabajo que se hace (sic); nada más alejado de la realidad, pues es notoria la ineficacia de jueces y magistrados en temas de seguridad y derechos humanos.   Es decir, están sobrepagados en proporción con lo que entregan a la sociedad como resultado tangible.

 

Si a eso sumamos casos de nepotismo, compadrazgo y favoritismo, en tanto varios de estos “representantes de la justicia” tienen en nómina a hijos, hermanos, amigos y demás “ganones”, con salarios que superan por mucho la media nacional, pues tampoco parece una conducta digna de quienes están para velar por la buena marcha de la patria.

 

Entre paréntesis, esto no solo sucede ahí, en muchas otras instancias de gobierno y universidades públicas encontramos los mismos casos de nepotismo que tienen en puestos jerárquicos a familiares que ni siquiera ostentan un perfil académico digno, pero eso, es otra historia.

 

En el caso que hoy nos atañe, solo diré que hubiese sido un buen gesto de su parte mostrar algún tipo de voluntad para mediar en el asunto; entiendo que debe ser espantoso estar acostumbrado a comer salmón todos los días y de repente, porque a una persona se le ocurre, tener que dejar de hacerlo dos veces a la semana.

 

Igual de horrible debe ser no tener le certeza de completar el pago de la calefacción para la alberca o tener que dejar ese vehículo blindado porque hemos de sacrificar a un chofer para ajustar nuestra mesada.

 

Pero, insisto, a pesar de estos enormes sacrificios que deben hacer, hubiesen mostrado un poco de progenitora si acuerdan una reducción, digamos, de un 15 o 20 por ciento de sus magníficos salarios. Hablaría de tantita sensibilidad, ¿no lo cree?

 

Ya sé que, como ellos mismos han dicho, no están para ganar popularidad sino para comprometerse con la Ley. ¿Bajar salarios?, olvidémoslo, que comiencen por eso, por aplicar las leyes de verdad y quizás nos quitemos la imagen de seres egoístas, convenencieros e ineficaces que, por muchos casos de dominio público, se han ganado.