¿Ética Académica?

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El tema del plagio de tesis de la ministra Yazmin Esquivel no es un asunto menor, por más que desde la máxima tribuna del país se pretenda hacer ver el asunto como un error de juventud.

En las Instituciones Educativas, se tiene una responsabilidad grande con la ética en lo general y con la ética profesional en lo particular; quien plagia, literalmente se está robando las ideas de otro y pretende hacerlas pasar como propias. ¿No es esa una conducta poco proba?

Quien ha incurrido en una falla de esa naturaleza, no puede andar por la vida impune; la Universidad Nacional Autónoma de México, tiene en sus manos una verdadera bomba de tiempo, pues el plagio es tan burdo, tan flagrante, que la sanción no puede quedar en una amonestación pública. Lo que debe proceder es la anulación de dicho trabajo, con el consecuente retiro del título profesional, ganado a través de artimañas.

De no hacerlo, la UNAM estaría dando un mensaje poco favorable a todos sus egresados y estudiantes: es válido hacer trampa y muera la honestidad intelectual.

Vergonzoso, además, que desde el poder se pretenda juzgar al maestro Guillermo Sheridan por actuar conforme a sus propios valores y haber tenido la valentía de hacer pública una situación que no puede pasar desapercibida por la sociedad mexicana. Es una pena que en este país quien hace notar las tranzas documentadas de otros, reciba el mote de injusto, cuando el verdadero culpable es quien incurre en la conducta fuera de la ética. El ejercicio de cualquier profesión o el ostentar cualquier grado, requiere de una orientación moral intachable.

En reciente entrevista para Radio Fórmula, el analista Alfonso Zárate toca otro tema, vinculado indirectamente y que tiene que ver con esa deshonestidad académica, textualmente nos dice es una costumbre común en el medio político en donde gente que tiene algunos estudios de doctorado, pero que sin haber concluido y sin haber obtenido el grado se ostentan como tales.

En este momento, habría que revisar el estatus de las cabezas institucionales, por ejemplo, el Director General del Instituto Politécnico Nacional, Arturo Reyes Sandoval, no tiene (según la página cedulaprofesional.sep.gob.mx) una cédula que ampare el grado de doctorado, sólo aparecen las de licenciatura y maestría, ambas del propio IPN.

Algo similar sucede con el José Antonio de los Reyes Heredia, Rector General de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien en la referida página sólo aparece el título de licenciatura, cursado en el ITESM.

El mismo Rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, comprueba sólo la especialidad en Oftalmología.

En los dos primeros casos, se ostentan como doctores, mientras el tercero, por usos y costumbres de llamar a los médicos doctores, quizás es que lo permita.

Entiendo el tema de las autonomías y legislaciones particulares, pero el único documento que funge como patente para un profesional es la cédula profesional, y quién no ha realizado su trámite de cédula, no debiera ostentarse como aquello que presume ser; no es un tema legal, es un tema ético y éste debiera estar por encima de todo.

Que el caso de la ministra sirva para reconfigurar todo el sistema educativo superior y las cosas comiencen a tener mayor orden; de otra forma, seguiremos en medio de un cochinero del que ni siquiera las Universidades se salvan.

Por lo pronto, deseo a todos un maravilloso 2023.

horroreseducativos@hotmail.com