+ Ramón Yáñez Torres y la Unión de Propietarios de Automóviles Toluca–México, Flecha Roja, después Turismos hoy Caminante; otra historia de Toluca

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La frase:

Si usted tiene cierta edad, seguramente recuerda haber viajado en un Turismo Toluca-México.

GRAN COMODIDAD

 

En mi libro Toluca 200, historias de familia, editado en el año 2013, publiqué la historia de una familia que causó impacto en Toluca por muchas razones, la amabilidad de don Ramón Yáñez, la clase de su esposa Esperanza Mutio, el comportamiento de sus hijos, la belleza de sus hijas gemelas y por el hecho de ser don Ramón el fundador de lo que fueron los inolvidables Turismos México-Toluca, hoy conocidos como Caminante.

RAMÓN YÁÑEZ TORRES Y LA UNIÓN DE PROPIETARIOS DE AUTOMÓVILES TOLUCA–MÉXICO, FLECHA ROJA HOY CAMINANTE

Era un hombre serio, quizá un poco adusto, pero amable a más no poder. Don Ramón Yáñez Torres, a pesar de no ser toluqueño de nacimiento, dejó honda huella, tanto en su empresa como en los clubes en donde estuvo afiliado.

Pilar fundamental en la constitución de un servicio de automóviles entre esta ciudad y la de México, posteriormente fueron autobuses, pero su estilo era el confort y la seguridad para el usuario.

Constituyó, junto con su esposa Esperanza Mutio Terraza, una familia muy admirada, los Yáñez Mutio, quienes procrearon nueve hijos, uno de ellos, Roberto, fue quien nos proporcionó la información, misma que incluye la integración de la Asociación de Charros y formar parte del Club Rotario.

Don Ramón Yáñez dejó un doble legado, educación a sus hijos y un servicio de primera en autobuses para los toluqueños.

Don Ramón

La historia de Ramón Yáñez Torres inicia el 10 de marzo de 1910 en la ciudad de Celaya, siendo el octavo de once hijos de Zacarías Yáñez y Concepción Torres, los primeros años de su vida resultaron cómodos y alegres, en unión familiar, ya que su padre era destacado empresario por lo que vivían con comodidades.

Don Zacarías Yáñez era dueño de varias fábricas de jabones en la ciudad de Celaya, además de ser propietario de varias tierras, este hecho provocó que Ramón Yáñez fuera testigo fiel de la inmensidad de negocios que su padre, conjuntamente con su madre, sacaron adelante, quizá fue lo que en el futuro lo indujo a ser emprendedor.

Su madre, la señora Concepción Torres, recordó que en aquellos tiempos estaba acostumbrado a que las mujeres se dedicaban al hogar, fungió como ama de casa, atenta siempre a las necesidades de sus hijos, donde les enseñó la importancia del compañerismo y la responsabilidad al momento de hacer las cosas.

Un hecho que cambió el rumbo de la historia de este personaje, fue cuando tenía 10 años de edad, murió su padre, prácticamente desde ese momento su familia se desintegró. Antes se acostumbraba que a la pérdida de algún padre de los menores de edad, el padrino de bautizo era el que se quedaba al cuidado del menor.

Y así fue, desde ese entonces, el destino con Ramón Yáñez. Quedó a cargo de su padrino Salvador Marín, quien para ese entonces laboraba como tesorero de Guanajuato, lo que ahora es ser Secretario de Hacienda.

La vida de Salvador Marín estuvo dedicada al servicio público, por lo que Ramón Yáñez experimentó las ventajas de vivir con un familiar dedicado a este rubro, de hecho en algún tiempo vivieron cerca del Palacio de Gobierno para cumplir mejor sus funciones.

En el año de 1935, cuando Salvador Marín se jubiló, tomó la decisión de radicar en la ciudad de Toluca, desde ese entonces se inició un capítulo más en la vida de Ramón, una vida que a pesar de su ausencia ha quedado marcada por sus actos y por las descendencia de sus generaciones.

Los estudios básicos de Ramón Yáñez los realizó en Guanajuato, mientras que para hacer estudios universitarios de la carrera de Ingeniero Mecánico acudió a Estados Unidos con un hermano que desde la muerte de su padre, radicó en Norteamérica.

Evento.

En el año de 1937, contrajo matrimonio con Esperanza Mutio Terraza, ella era familiar del famoso don Juan Terraza de Chihuahua. Su casa estaba ubicada en la calle de Ignacio Allende, antes número 37, ahora 206 y siempre se caracterizó por ser armónico, procrearon nueve hijos, mismos que bajo la educación y valores impartidos destacaron en la bella Toluca.

Sin embargo, lo relevante de este personaje, es que mostró su interés por ser empresario en Toluca, para ese entonces no era común ver transportes dedicados al traslado de personas a la ciudad de México, tanto que quienes tenían coche hacían el favor de hacer viajes, en aquel tiempo, no todos disponían de uno.

Fue como en conjunto con su círculo de amistades, decidieron emprender el negocio de éste, ante la falta de un medio, pero de élite, los iniciadores eran amigos entre los que destacan Amalio Ballesteros González, Carlos Ballesteros González, los hermanos Martínez y Tito Herrera, eran rancheros, otros tenían tiendas, pero todos eran poderosos, económicamente hablando.

El 20 de mayo de 1936, cuando bajó el nombre de la Unión de Propietarios de Automóviles Toluca–México Flecha Roja iniciaron actividades con sus propios vehículos, en donde además ellos, eran los choferes.

Hijos.

Negocio que inició con el pie derecho por la falta de transporte, porque sí había líneas, pero está en específico era diferente ya que ofrecía el servicio de sólo con personas y no llevaban ni frutas ni legumbres.

Tuvieron mucho éxito a pesar de que no iniciaron como una línea como tal, ya que trabajan con su propio automóvil a los que llamaban los ratoncitos por su tamaño, eran de los que hacían en Monterrey, planos del enfrente, largos, constaban de 9 asientos y el del chofer, don Ramón Yáñez tenía el número 1, empezaron con 5 de estos vehículos.

Aunque la concesión originalmente abarcaba la República, sólo enfocaron la línea Toluca–México y Toluca-Atlacomulco, en ese momento el pasaje era de 5 pesos con cincuenta centavos.

La ubicación de esta línea estuvo en primera instancia en la avenida Juárez, casi frente a donde ahora está Coppel, cuando tenían los autos amplios. Luego donde estuvo la Mueblería Lux, propiedad de Don Luis Pérez Goñi, en lo que ahora es Andador Constitución y la entrada y salida era por Aldama, casi enfrente de la Santa Veracruz.

Posteriormente se trasladaron a donde ahora está Salinas y Rocha, un local más amplio, que incluía sala de espera, ahí estuvieron cerca de 25 años. Para el año de 1960 se pasaron a la calle de Juárez, en lo que fue la Terminal Toluca, ubicación en la que actualmente se encuentra Grand Plaza Toluca.

Ramón Yáñez, ocupó varias veces la presidencia de la línea cuando estaba ubicada enfrente del portal, también fungió muchas veces como tesorero.

En años posteriores, al inicio de operaciones, trajeron once autobuses de los llamados trompudos con cubresol en el parabrisas y el cofre con doble abertura de la marca Reo, para formalizar sus viajes con los pasajeros, fueron los primeros autobuses extranjeros que iniciaron operación en Toluca, porque los de su tipo, no los hacían en México.

Pasó el tiempo y adquirieron otro estilo de autobuses, de los llamados chatos, eran marca Flexible, grandes y con capacidad para 37 pasajeros, en el pasillo tenían unos asientos que se doblaban para que en caso de que hubiera más se utilizaban y no fueran de pie los usuarios en el pasillo. Llegaron a tener 35 vehículos de este tipo, para finales los años cincuenta ofrecían alto grado de confort.

En 1968, los socios tomaron la decisión de renovar el quipo, lo que les trajo beneficios, llegaban los Juegos Olímpicos a México, por lo que esta línea fue contratada para trasladar a los integrantes del Comité Olímpico, estuvieron en varios lugares sirviendo a los deportistas, a los directivos de los diversos comités.

Actualmente esta línea de transporte ha cambiado de nombre, ahora se le denomina Caminante ya ningún familiar está a cargo de ésta, ya que en el año de 1973 se creó una sociedad y adquirió la línea como tal.

La importancia para los toluqueños al recordarla es que si bien es cierto ya es renombrada como Caminante, es que en aquella época era separado los autobuses de primera que eran los Turismos México-Toluca y los de segunda que entraban a los pueblos en la que además se viajaba con guajolotes y huacales tenían una puerta atrás y con una canastilla en la parte superior del transporte.

Ramón Yáñez dedicó 45 años de su vida a este negocio que siempre se caracterizó por ser diferente; en aquel tiempo era marcada la distinción entre la gente indígena y la sociedad de Toluca o la gente que se llamaba del centro de Toluca.

Es reconocido por su participación en la Asociación de Charros del Estado de México, como socio activo, desde enero de 1947. También fue presidente del Club Rotario de Toluca en 1976, siendo recordado por sus familiares y amigos como una persona humilde aunque exigente, llamado por sus hijos el general de los generales, porque con dureza, los sacó adelante.

Falleció el 21 de enero de 1988, a causa de un paro cardiaco, dejando un legado a sus hijos: la educación.

Roberto.

Para su hijo, Roberto Yáñez, las enseñanzas de su padre fueron esenciales para el desarrollo de su vida, él nació en Toluca, sus estudios los realizó en la escuela Rodolfo Soto Cordero, sus estudios preparatorios los hizo en la ciudad de México, a fin de concluir la carrera de Contaduría y Administración en el año de 1978.

En ese mismo año, trabajó en la Dirección de Promoción Artesanal y permaneció ahí hasta 1988 para retirarse del servicio público. En el año 2000 regresó a gobierno, específicamente en Imevis hasta 2006.

Sus recuerdos de la ciudad de antaño, recaen en una Toluca en donde sus calles eran callejones, recuerda que fue el licenciado Juan Fernández Albarrán, en su calidad de gobernador, cuando se hace la restructuración de éstas y la urbanización de Toluca, desde ese entonces Morelos se convierte en avenida, con la conformación de contar con cuatro carriles y con diversos nombres.

En aquellos años se iban caminando al portal, la tradición era ir a misa y dar la vuelta en la Alameda para ver quién estrenaba auto y quien tenía ya novia, porque todos se conocían, era también muy común ir al cine Florida, al Rex, Coliseo o al Justo Sierra.

A las 8 de la noche ya no había gente en la calle, para estudiar el que quería seguir una carrera se tenía que ir a la ciudad de México. En cuanto a los valores, todos se respetaban, era un ambiente familiar dentro de la sociedad toluqueña, además de que había policía de barrio, era respetado y respetable, no como ahora, unos soberanos desconocidos.