“UN HIJO NO PUEDE MORIR”
Susana Roccatagliata escribe este libro, titula esta columna, contra su dolorosa experiencia de perder a su hijo Francisco Reich Roccatagliata, y como fueron los pasos del duelo que ella paso junto con su familia. Como resultado se une al grupo Renacer en Chile, donde padres y madres se apoyan con la misma situación de perder a un hijo, sin importar la situación económica, el lugar donde vive, etc.
La historia de Francisco Reich, es conocida principalmente por una negligencia. A las 9 de la mañana llaman a Susana para decirle que el examen de Francisco, una mielografía, para saber si tenía alguna lesión en la columna, por la cojera que presentaba y si era posible que ese mismo día se podía realizar a las 4 de la tarde.
Su esposo y ella fueron a la clínica, junto con su otro hijo y su suegra. A las 4 de la tarde entran al pabellón, donde tenían que anestesiarlo, ya que le inyectarían un medio de contraste que circularía por su columna para analizar si tenía alguna anomalía. Así fue como Susana va a la sala de espera, para conocer el resultado final del examen, ya que el estudio no tenía una duración más allá de 30 minutos.
Pasada la media hora, observa que pasa una enfermera llorando, que antes Susana había visto dentro del pabellón; por lo que Susana pregunta que, si el examen había salido mal, a lo que no le dan respuesta alguna. Ante esto ella entre rápidamente al pabellón, donde se encontraba Francisco en la cama, ya sin vida y sin ningún doctor o enfermera alrededor, para preguntar qué sucedió.
Francisco estaba irreconocible, según las palabras de Susana, ya que se encontraba hinchado, como resultado de la reanimación y los medicamentos que le habían inyectado para tratar de sacarlo del shock anafiláctico.
Después el médico de cabecera, quien le practicaría el examen a Francisco, se retiró a la clínica, antes de que se le realizara el procedimiento, delegando su trabajo al equipo. Más tarde aparece el jefe de la clínica, para comentarle a Susana, que Francisco murió por ser alérgico al medio de contraste que se le inyectó.
Posteriormente, Susana narra toda su experiencia, como es que la vivió y cómo tuvo que contar la trágica noticia. Así, como su otro hijo Patricio, podría reaccionar muy mal.
A lo largo del libro, podemos ir encontrando varios testimonios de padres que pierden a sus hijos, y podemos descubrir que todos tienen las mismas reacciones de dolor, pena, angustia, no saber qué hacer, qué sigue en sus vidas, etc.
Al final del libro, con la ayuda de la psicóloga Isa Fonnegra, explican puntos como: ¿Qué ayuda?, ¿Qué no ayuda?, ¿Cómo reconocer un duelo complicado o anormal?, etc. Por lo que este libro es una buena guía para todas aquellas personas que pasan por un proceso tan doloroso como es perder un hijo.
Considero que este libro es una excelente guía para mostrar las fases del duelo, además pone en evidencia que los errores, que después llevan a la culpa, de los padres, son platicados y logran un sentimiento de satisfacción, al darse cuenta que ellos no fueron 100% culpables del acontecimiento. Aun así, todos viven el duelo de manera diferente, inclusive los hermanos, que normalmente son excluidos en esta etapa, llegan a ser afectados sentimentalmente en la pérdida de su hermano, además de tratar de ocultar los sentimientos que provoca el mismo duelo y no compartirlo.
Uno de los remedios más naturales y buenos, es llorar. Ocultar el dolor, y no compartirlo, solo hace que este hecho sea vivido de manera separada y personalmente.

