Roma: peliculón

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El cine es, per se, una de las expresiones artísticas más íntimas a las que se puede enfrentar un ser humano; independientemente del con quién se vaya, llega el momento en que existe una relación directa entre la pantalla y usted, sin intermediarios.

Alfonso Cuarón, director mexicano ganador del Oscar por Gravity, nos entrega con Roma¸ uno de los trabajos más memorables de los últimos años, no sólo por lo universal del trabajo, sino por la maestría con la que conjunta todos los elementos que hacen de un filme una pieza de colección.

Se trata de un trabajo técnicamente perfecto, filmada en blanco y negro logra llevarnos a través del tiempo a una época que para muchos de los asistentes resulta entrañable, complementada con detalles que nos transportan al México de principios de los años setenta que resultan tan precisos como irreverentes. En ello, desde la aparición de un vocho hasta la evocación de aquellas abuelitas chocolateras que veían por sus nietos a sol y sombra.

La historia se centra en el día a día de una familia, si no de clase alta, al menos con la economía para tener un buen auto y una vida relativamente estable; roba cámara el personaje de Cleo (magistralmente interpretado por Yalitza Aparicio), que evoca a esas mujeres que son el motor de todo lo que sucede en una casa.   Más allá de cualquier prejuicio o cliché, se trata del retrato fiel de quién entiende que las cosas se solucionan haciendo, no planeando en el aire.

La reconstrucción de ese México es impecable, los lugares mostrados y la vida de un país vertiginoso se plasman más que adecuadamente; además narrada de forma tal que el espectador no tiene otra opción, dejarse llevar por la sucesión de hechos que van conformando una cinta verdaderamente bonita, en toda la extensión de la palabra.

No es ajena a temas escabrosos y políticamente duros, como la reconstrucción del Jueves de Corpus de aquel 10 de junio o la irresponsabilidad de padres que sencillamente deciden abandonar a sus hijos, incluso antes del nacimiento.  No obstante, nada en la cinta resulta exagerado o innecesario.

Por supuesto que habrá voces que, como suele ser ante el éxito de los demás, busquen hasta el más mínimo detalle para tirarle a la cinta so pretexto de lo que sea; en mi humilde opinión, estamos frente a una de esas películas que, queriendo y no, lograrán ubicarse en el inconsciente de quienes la vean, porque resulta realmente educativa.

Es una verdadera pena que no haya sigo expuesta en cines comerciales, otro dislate de nuestro transformado país;  pero ya sea en las salas que lo hacen, o en la plataforma que la tiene desde el pasado 14 de diciembre, vale la pena verla. Ya ha sido multi ganadora, y creo que faltan muchos premios por delante.   Es una buena forma de iniciar este 2019.