Conceptos socavados, sociedades lastradas

Views: 914

Recientemente, la sinrazón se ha cobrado una nueva víctima en el Perú. Sin ánimo de cubrir una noticia de ninguna manera, digamos, que aquí no paran de contarse las víctimas de feminicidios no menos de cincuenta cada año, y que dado el último acontecido en la ciudad de Arequipa, es imposible no referirse a los problemas que el asunto plantea con compromiso seriedad.

Se habla de lo siguiente: ¿es acaso el término feminicidio lo suficientemente relevante para su consideración jurídica y para que la sociedad peruana se acostumbre a usarlo? La respuesta previa y clara es que sí. Las razones son dos: primero: el término –al contrario de lo que se piensa– no  está impregnado de insulsa y parcializada ideología, y segundo, que su propósito fundamental es denunciar una situación concreta, seria y existente para poder perseguirla y empezar a erradicarla.

Sobre el asunto de la ideología, debe decirse que el término feminicidio no es una exageración y un dislate victimista. Pensar esto, no tiene dignidad teórica ninguna y son sólo prejuicios intelectuales amontonados unos sobre otros. Que el término haya sido puesto en la esfera social por grupos que defienden ideologías poco aceptadas por el sector conservador, de ninguna forma invalida su seriedad. Esto, es propio de quienes que, si algo deviene del bando ideológico que considero enemigo, necesaria es erróneo y además no merece ser sometido a consideración alguna. Es despreciar lo que se ignora. Y es, en suma, no nada más un error argumentativo sino una de las muchas miradas que se pueden tener sobre el problema, pero ni mucho menos la única o la más consistente.

Sobre el segundo argumento, cabe señalar que dicho trasfondo se refiere a una realidad latente en la sociedad peruana, que no ha sido tomada hasta hace poco dada la ausencia de un término para denotarla específicamente. Así pues, el feminicidio, podría referirse a un ataque mortal de un hombre hacia una mujer que comúnmente se produce por reaccionar furibundamente ante el no por respuesta o ante cualquier rebelión frente a situaciones de sometimiento o servidumbre provocadas por el varón. Las aspiraciones del concepto, comúnmente, no van más allá de esta definición porque su contenido es concreto, racional y en ningún momento exagerado.

 Hasta aquí, queda que no deben socavarse conceptos para no lastrar de ninguna forma a la sociedad. Que el término feminicidio apunta fundamentalmente a restar ambigüedad del sistema jurídico peruano y reforzar sus alcances, y a que cualquier forma de machismo pueda ser reprendida jurídicamente. Y que el principal escollo para que esto se haga realidad, es que, nuevamente, el Perú es víctima de preferir legislación a derecho.