Problemas de los elegidos

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Dada la actual coyuntura acerca del renovado conflicto entre Israel y Palestina, puede decirse que el asunto, sus problemáticas, su repercusión y su virulencia tienen una causa concreta y un reto: la cuestión del pueblo elegido. No deseo entrar aquí en disputas de la actualidad del desafío porque, como he dicho en otras ocasiones, la labor del reportero y la del periodista político, me merecen un respeto suficiente como para no faltárselo con una crónica torpe. A lo que me gustaría ir, es a los conflictos de fondo que suele traer consigo el término elegido.

Sucede en el caso de Israel y Palestina y en muchos más. Esto es, que la cosmovisión de ser el elegido en cualquier situación, está destinada a terminar en conflicto o imposiciones. De una forma u otra, el problema va a que no puede pasarse por encima ni de la legalidad ni de la historia por razones de credo. Obviamente, no es sólo en el caso del judaísmo ni del islam, el mundo cristiano en cualquiera de sus variantes adolece del mismo mal, y son ampliamente conocidas las disputas entre católicos o protestantes acerca de quién ha sido realmente elegido por el creador.

Terminar justificando cualquier tipo de acción en haber sido elegido es algo difícil de aceptar salvo por quienes creen decididamente en ello. Nadie tiene derecho a quitar ni territorio ni privilegios ni a ganar discusiones ni a ser un autoritario por una cuestión teológica en la actualidad. La relatividad del asunto conlleva a respetarlo, pero no a acatarlo como un mandato tan severo como digno. Pasa, que al margen de lo sucedido en Israel y Palestina, se hace notar que las naciones consolidadas no quieren perder años de progreso, refinamiento legal y desarrollo intelectual por empecinarse en problemáticas por las que el mundo ya adoleció lo suficiente siglos atrás.

Como fuera, se ve que las naciones en dicha situación están exentas de este tipo de problemas justamente por rechazar este tipo de impertinencias.  Así, en sus facultades de medicina ya no se prohíbe el uso y la experimentación del fármaco por herir susceptibilidades religiosas, ni en escuelas de leyes se vierten ríos de tinta para obligar a pensar que un feto no se aborta por tener la huella de Dios, ni a los profesores emergentes se les obliga a soldar creencias y valores a la conciencia, ni son deseables tampoco historiadores o periodistas que abran los ojos a la población de lo que fue o lo que debería ser éste o el otro asunto. Porque se sabe, que el elegido en asuntos religiosos, no lo es para nadie más que no sea él mismo.