La Ciudad como patrimonio

Views: 887

Dice por otra parte: Si pensamos que la ciudad es el patrimonio que hemos recibido, al acogerla como herencia no nos sentiremos solos en el infinito del tiempo. De ahí la gran responsabilidad que implica entender y preservar el patrimonio de cada ciudad, para enriquecerla y entregarla a las generaciones futuras. Un humanista fue don Pedro, seguro que en su éxito económico, artístico, de creador de obras arquitectónicas que aún se cuentan con admiración, y sin embargo da lección de que la preocupación, la angustia que se debe tener siempre en la conciencia como voz que busca dar satisfacción y bienestar a los conciudadanos por encima de los bienes económicos que se pueden recibir en dinero por los éxitos, que en la profesión se recogen. Nada hay más mezquino pensar en uno mismo, sin entender que a la vida se viene para servir al vecino, al amigo, a la familia como tarea de servir, antes que a uno mismo.

El urbanismo como proceso es un fenómeno social, económico, político. Hay que pensar en aquella lejanía de más de 2500 años, en que el siglo de Pericles habla de la ciudad de Atenas como centro de cultura, economía, civilidad y sociedad al demostrar en esos años, grandeza del hombre y sus gobernantes. No fue una escuela menor la de Pericles, la del gobernante-constructor. Personajes que se cuentan con pocos dedos a lo largo de la historia griega. Así como sucede en México, al revisar su vida independiente en el territorio nacional. Los políticos-constructores son los más recordados, los más amados. Y junto a ellos, van los arquitectos e ingenieros que en obra material dejan su paso más allá de su vida física: como diría Jorge Luis Borges al hablar de escritores, reencarnando en sus libros después de fallecer: políticos y Arquitectos, reencarnan en la obra material que fundan, que construyen con visión de iluminados; como sucede con palacios de gobierno, catedrales e iglesias que deslumbran por su belleza y grandeza, o por hacer conjuntos habitacionales, que son admirables en su construcción porque guardan belleza y, no esa espantosa propuesta de la época de José Stalin por ejemplo, al construir en la Unión Soviética conjuntos habitacionales, cuyas hileras se hacían inacabables a la vista en cuadradas y feísimas expresiones de mala arquitectura.

El arquitecto y artista Pedro Ramírez Vázquez se une a políticos, que más allá de visiones ideológicas o comportamientos complejos, se resumen en su capacidad de construir uniendo la voluntad política a la visión de arte que trae la arquitectura en Felipe de Ureña, Rodríguez Arangoiti, Suárez Ruano, Mendiola Quezada o Abraham Zabludovsky, quienes dejaron su huella una y otra vez  —podemos constatar—, en lo que hay de ellos regado por territorio nacional y toluqueño para nuestro orgullo por su belleza y utilidad en lo construido. Critica al decir: Nos acostumbramos a vivir en función del centro, de donde se esperan decisiones, recursos y soluciones. Con ello se pierde una gran cantidad de talento y capacidad de autonomía que le debe ser propio a cada ser humano, sin esperar que nadie le explique por qué debe tomar una decisión para sobrevivir.

Los profesionistas exitosos como don Pedro, acostumbrado a estar cerca del poder del mecenas o de gobiernos constructores, o lo contrario, sabe que sus estudios y su capacidad de creación no deben estar limitados por decisiones centrales, en el sentido que se piensan omnímodas y únicas para construir nuevos mundos. El centralismo ha sido un mal que por el lado cultural y académico se refiere a un paternalismo mal usado y destructor de voluntades. Ese centralismo corta alas a la juventud y a toda clase de autoridad venida de la comunidad. Es enemiga de la sociedad civil que a lo largo de un siglo ha venido gestándose como un motor de la soberanía popular, de esa soberanía que debe ser cierta y no sólo motivo de discurso.

Es disruptivo don Pedro al decir: Modificar esa cultura por una basada en la descentralización y el fortalecimiento de las potencialidades locales y en la respuesta más autónoma a los problemas por quienes directamente lo sufren. Descentralizar es la palabra. La urbe crece y nace a partir del amor de la comunidad. No de otra manera se puede comprender la existencia de Toluca a lo largo de siglos de vida indígena, española, mestiza. Tres culturas urbanas en su existencia: cultura Prehispánica, cultura Colonial y cultura en país Independiente: contiene en sí, dos siglos admirables, por construcciones que le dan rostro actual ante la nación a la capital mexiquense desde 1830. Cierto, hay que enamorarse de los matlatzincas en el libro de René García Castro, titulado Matlatzinca / Indios, territorio y poder en la provincia, tomo de cientos de páginas que es texto infaltable al hablar de esa cultura, que sigue vigente a pesar del genocidio que se cometió por los españoles en 300 años de presencia en el Valle del matlatzinca.

Enamorarse de las construcciones arquitectónicas de la Colonia, la obligada tarea y pasión de crear en cada pueblo originario la ermita, capilla, iglesia o sede de la catedral, pues la fe religiosa hizo que las montañas vinieran a Mahoma. Regadas por todas partes expresiones arquitectónicas de nuestras iglesias comprueban que cada pueblo originario, alejado del centralismo asfixiante construía sus propias iglesias y les daba nombre, en compañía y rectoría de los evangelizadores que pisaban buenamente sus tierras, al contrario de los encomenderos que sólo los querían para explotarlos, venderlos o violar a sus mujeres.

Enamorarse de las construcciones a partir del 1821, al buscar ser otro rostro de lo civil y laico sobre todo, pues eran los tiempos del mestizaje que difícilmente pudo encontrar su rostro e identidad en el siglo decimonónico. Tres etapas para enamorarse, para ver cuándo las decisiones eran centralistas y cuándo la comunidad creaba sus propias construcciones arquitectónicas para mostrar al centro, su capacidad de decidir y construir con su mano de obra lo que hoy le da identidad y belleza tanto como eficacia para el bien de sus pobladores. En todo esto está la sabiduría de don Pedro Ramírez Vázquez es cierta. Sus dichos en esa conferencia inolvidable siguen vigentes en el ayer, en el presente y para el futuro.

Negarse a no crear o construir por motivo de pobreza económica: Cuando no hay suficientes recursos, planear es una obligación. Se trata de que lo que se vaya a gastar o invertir se haga ordenadamente en donde sea más productivo y provechoso. Descentralizar las decisiones, planear lo que se desea y programar lo que se tiene, para su mejor aprovechamiento. Es un consejo de guerra en cualquier tiempo y lugar. Lo que se hace en otras lides de la vida es lo que sirve en la arquitectura para mejor dar respuestas a una realidad que se impone, y que con carácter débil lleva al fracaso de todo proyecto. El cual mientras más ambicioso y audaz más necesita seguir las reglas que Ramírez Vázquez da en su conferencia magistral ante cientos de jóvenes estudiantes y maestros o administradores universitarios, a los cuales estos consejos seguro que les habrá servido: sabiendo que quien tuvo oídos para escucharlo, oyeron diáfanamente lo que el profesionista sabio decía palabra tras palabra. Qué suerte que el arquitecto, editor y fundador de la revista Arquitectur Antonio Cervantes Tapia con pluma y papel fue apuntando estas perlas de sabiduría y al publicarlas en el número 2 de dicho periódico/revista, nos dejó la prueba de que las palabras no se las lleva el viento, cuando se es capaz de aferrar lo dicho en el papel blanco o rayado que permite escuchar y escribir lo que se oye con la pasión de no perder una sola palabra.

Otra muestra más: El objeto y el sujeto de los asentamientos humanos es el hombre mismo, él es la problemática y en él se encuentra la solución. No es etnocentrismo, es humanismo que pide no dejar al sujeto por el cual se hace la obra arquitectónica. No es segunda figura ni actor o actriz de segunda mesa al que se le piensa y se le decide fundar una colonia, una manzana llena de habitaciones, una casa-hogar sin puertas ni ventanas. El hombre y la mujer, su familia, su comunidad son el centro de toda propuesta, por ello es importante, no perder la focalización de lo que se desea hacer. Tan fácil perder ello, con sólo poner materiales de segunda o tercera categoría en las casas de la nueva colonia que se construye, para darle en la torre a todo proyecto que, primero y de manera última, dice al arquitecto responsable de la creación de esa colonia, que no es posible utilizar malos componentes de la casa, si no se quiere a los 3 o 4 años que todo se esté cayendo.

Tal y como sucede frecuentemente en todo el territorio mexicano al ver el fracaso de construcciones que se olvidaron de los consejos de don Pedro: utilidad, eficacia, belleza, durabilidad, libertad, buena calidad de los componentes de una Iglesia tanto como los de una colonia penitenciaria o cancha de deporte que se crean, tanto como escuelas de todos los niveles educativos, que esperan en el orgullo de su inauguración que les dure para toda la vida y si es posible hasta la eternidad.