Salazar, diestro de los conceptos

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Estas dos últimas semanas he tenido la fortuna de reencontrarme con un pensador peruano absolutamente imprescindible: Augusto Salazar Bondy, a quien una prematura muerte –a los 48 años– privó de despuntar muchísimo más de lo que lo hizo, y a quien me gustaría dar una semblanza estas próximas semanas, visto que su aniversario luctuoso número 50 está muy cerca.

Es conocido, aunque no mucho, que S. Bondy fue mucho más allá de las condiciones típicas de la llamada izquierda analítica. No era un seguidor de manual ni temía a las etiquetas de ninguna corriente, y sobre todo sorprende lo versado y pluralista que fue por su conocimiento de otras tradiciones. Pensó la filosofía en el Perú, y además pensó filosóficamente al Perú, esto en sus libros Historia de las ideas en el Perú contemporáneo y Entre Escila y Caribdis.

El singular filósofo peruano, tampoco era el clásico aficionado a destruir conceptos; más bien, era alguien que tenía la capacidad para tomar distancia y después, analizar críticamente, que es distinto. Porque ya el hecho de hacer estas dos cosas supone rechazar prejuiciosamente o conformarse con conocer un punto débil de tal o cual propuesta, algo que lleva a un sedentarismo intelectual indigno para el intelectual realmente comprometido con su tarea.

A él, también debemos la idea de que la filosofía en América Latina tiene un carácter inauténtico porque reflexiona sistemáticamente sobre cómo seguir perpetuando y justificando las situaciones de dominación intelectual a los individuos que les impide conocer y reflexionar o filosofar sobre lo realmente importante o valioso de sus realidades y por ende brindar al mundo, por ejemplo, al Perú como tradición intelectual. Esta tarea debía de ser, en suma, Una reflexión creativa desde nuestras vivencias de manera que no corre el riesgo de ser un discurso alienante.

Por todo esto, consiguió una filosofía sensible, comprometida y pertinente hasta la actualidad. Definitivamente cumplió en abordarlos desde una perspectiva fresca e iluminada por la subjetividad y la riqueza propia de esta para ser un filósofo que dejó de imponer para entender y responder

De una forma u otra, queda claro que el pensamiento de Salazar Bondy encontró sus principales y mayores alcances y logros, y por lo mismo, las razones por las que conocerlo, es haber respondido una pregunta interesante: no existen preguntas filosóficas universales, porque esto enclaustraría a la filosofía en un naturalismo cerrado que se terminaría aplicando universalmente a todos los contextos y que, por ende, terminaría siendo no sólo enajenante sino también, torpe. Sin embargo, lo importante aquí es que Salazar entendió bien que, la vida intelectual de los países latinoamericanos es el paso por problemáticas por las que tarde o temprano una sociedad pasa. Así que lo interesante ante ellas es el qué aporta cada país o región desde su subjetividad, cuando estos problemas se hacen efectivos en su realidad concreta.  

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