REVOLUCIÓN ECOLÓGICA
A propósito del 113 aniversario de la Revolución Mexicana es necesario re considerar un movimiento social de amplitud y profundidad suficientes para detener y revertir la destrucción ecológica. Para evitar que se llegue al trillón de toneladas de carbón combustionado, equivalente a un incremento de 2°C en la temperatura global, las emisiones de carbono deben descender en 3 por ciento por año a escala global.
Para efectos de esto necesitamos hablar de un estado social ecológico, el cual defiende que la decisión que debe corresponder a un Estado democratizado y ponerse al servicio de una política de transición ecológica, cuya implementación debe recaer a sociedad civil en toda su diversidad; por tanto, el método es el de la alianza entre la planificación y los procedimientos participativos bajo un ideario revolucionario.
Si bien una revolución es un cambio violento, repentino y permanente en las condiciones de un sistema de cualquier tipo, es decir, a un reordenamiento súbito del estado de las cosas, la Revolución Ecológica expone la problemática medioambiental, psicológica y filosófica del mundo actual.
La palabra revolución semánticamente da mucho miedo. La voluntad de estatismo de una sociedad es el primer síntoma de que el sistema ha caducado. Y este sistema demuestra, con su aversión a los conceptos revolucionarios, su actual caducidad. Durante años, se ha creado un imaginario popular alrededor de la palabra revolución, y ha habido esfuerzos intensos para que se relacione con imágenes de explosiones, de terrorismo, de cócteles molotov y de guerrilla urbana.
Sin embargo, las revoluciones son el mecanismo de progreso que tienen las sociedades. Las revoluciones culturales siempre han hecho progresar al ser humano. La revolución antropocéntrica puso fin a la edad media. El romanticismo fue otra revolución cultural, que cambió muchas concepciones humanas, entre ellas la creación artística. Los movimientos feministas, los movimientos obreros, el Mayo del 68… Las revoluciones que quieren mejorar el trasfondo cultural de las personas siempre son positivas, porque de la contraposición de ideas, del conflicto, siempre surgen nuevas ideas. Y un sistema que tiene miedo a las nuevas ideas es un sistema condenado a desaparecer.
Este tipo de rupturas de lo que esta instituido hacia lo instituyente es a partir de un nuevo modo de entender la sociedad, se impone una nueva manera de conducir las relaciones individuales y colectivas, generalmente debido al surgimiento de una nueva crisis.
Vivimos en un mundo en estado permanente de crisis y hay que poner al descubierto las distintas agresiones planetarias, sociales, humanas y sus verdaderas causas; los peligros hechos realidad debido a la complicidad de administraciones públicas, estamentos científicos y medios de comunicación supeditados a intereses económicos y de poder, y cómo todo ello afecta a la salud, el medio ambiente, la justicia social, etc.
Debemos construir y generar las condiciones para una Revolución Ecológica que enfrente la problemática ambiental en la que estamos inmersos y en la sugestión de un sistema depredador que secuestra a la democracia y a la libertad en beneficio de unos pocos, de cómo la ecología de las costumbres y consumos y la ecología de la mente pueden modificar la actual tendencia globalizadora del mundo.

