Nearshoring digital y la inserción de México en la competitividad global a través de los datos personales

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La globalización y la digitalización avanzan a niveles sin precedentes, provocando que los diversos países se agrupen estratégicamente para incrementar su competitividad, y, en estos momentos los escenarios globales exploran los mecanismos para facilitar la gobernanza global de datos a partir de las reglas para el comercio digital, el cual a su vez, conlleva fuertes requerimientos regulatorios que se visibilizan en los requerimientos inherentes al flujo transfronterizo de datos personales digitales de manera libre, segura y con confianza, atributos que en el ámbito técnico, merecen un estudio particular.

Bajo esta perspectiva, los diversos países y regiones realizan diversas propuestas para su competitividad comercial internacional, y, en el caso de México, cuenta con una posición privilegiada no sólo en su geografía y recursos, sino como una región estratégica para la integración económica global que empieza a desarrollarse a través de proyectos estratégicos como el Tren Maya y que detonará con mayor relevancia a través del corredor interoceánico que competirá con mayores ventajas al Canal de Panamá, y que, ante el escenario económico global y los términos en los cuáles el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Únicos y Canadá, podrían destinar a un incremento sustancial en la calidad de vida de mexicanas y mexicanos en el mediano plazo y es situación que también se traslada al ámbito digital, con lo que nuestro país puede ser uno de los primeros que se beneficie exponencialmente del estado de bienestar para la economía global que promete que se generará ante su expansión y que también, impulsaría a nuestro país con mayor fuerza dentro de las primeras potencias económicas globales.

Con el objeto de identificar con más claridad la viabilidad y factibilidad de dicha visión, basta con identificar los beneficios que ha tenido el nearshoring, pero antes de ello, a fin de contar con el contexto adecuado, conviene señalar que los bloques económicos son acuerdos intergubernamentales que reducen o eliminan las barreras regionales al comercio internacional, permitiendo a los estados participantes comerciar fácilmente.

Los bloques económicos más grandes del mundo son el de la Unión Europea, compuesta por 27 países, incluyendo Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y los Países Bajos, entre otros y que, en 2017, la UE representó el 16.6% del PIB mundial; también tenemos al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, compuesto por 11 países, incluyendo Australia, Canadá, Japón, México y Singapur, entre otros, que en 2017, el TPP representó el 13.4% del PIB mundial; y, en tercer lugar, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), compuesta por 15 países, incluyendo China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, entre otros y que, en 2017, el RCEP representó el 30.2% del PIB mundial.

Sin embargo, si integramos entre dichos bloques la actividad económica de la región norteamericana que es susceptible de constituir un bloque económico a pesar de que solamente se encuentran integrados por el momento 3 países (que eventualmente podrían transitar hacia un modelo que admita o brinde preferencias a terceros países como se malinterpretó recientemente con las negociaciones de tratados bilaterales con Reino Unido y los países pertenecientes a dicho tratado) puesto que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es un acuerdo comercial que entró en vigor en 2020 y que establece reglas para el comercio y la inversión entre los tres países y, en 2019, el PIB combinado de los tres países fue de 23.2 billones de dólares, lo que representa aproximadamente el 28.5% del PIB mundial.

Por otro lado, considerando que actualmente las tres regiones que se encuentran con mayor representatividad económica son la Unión Europea, Norteamérica y el bloque asiático, se advierte que China es miembro de la RCEP, antes mencionada, y que en 2019, el PIB de dicho países fue de 14.3 billones de dólares, lo que representa aproximadamente el 17.5% del PIB mundial.

Es decir, como puede verse, los países se están agrupando estratégicamente en lo que hace a sus relaciones económicas, lo cual, va dando lugar a ciertos fenómenos como lo es el nearshoring, estrategia empresarial que consiste en trasladar los procesos de producción y servicios a países cercanos, en lugar de hacerlo a países lejanos. En el contexto digital, el nearshoring se complementa con la contratación de servicios de tecnología de la información y comunicación de empresas cercanas, en lugar de hacerlo con empresas de países lejanos, decisión en la cual, impacta de manera significativa el ámbito regulatorio que facilita que los flujos de información no cuenten con restricciones o invasiones por parte de los gobiernos. El nearshoring digital en México se ha convertido en una práctica cada vez más popular, gracias a la proximidad geográfica con los Estados Unidos y la disponibilidad de talento altamente capacitado en el país.

La infraestructura digital y las reglas adecuadas de gobernanza de datos constituyen un factor clave para el éxito del nearshoring digital y se requiere su incentivo a través de políticas adecuadas y una visión de largo plazo orientada a la sustentabilidad, ya que si bien, en el último sexenio, aún no ha resultado en un aumento exponencial de la inversión extranjera directa en México, sí resulta significativo sobre todo si se toma en consideración la estadística antes y después de la pandemia, pero, como puede verse ante el escenario económico global, las tendencias que podrían indicar que esto podría cambiar, puesto que en 2022, por ejemplo, las nuevas inversiones representaron el 48% del total de la IED en México, el más alto desde 2013.

Por ello, a pesar de que contra cualquier pronóstico y visiones escépticas, si bien parecería que nuestro país está destinado a un futuro próspero, lo cierto es que se requiere empezar a generar estrategias que permitan transitar con mayor facilidad a ese escenario, que más allá del fortalecimiento de su vinculación al ámbito global y una mayor coordinación regional, deberían establecerse las condiciones internas que apuntalen esa gobernanza y para ello, la protección de datos personales resulta clave, sin perjuicio de que su gestión eficaz puede brindar un valor agregado ante la importancia de implantar de manera estratégica el gobierno digital y las tecnologías disruptivas que son verdaderos aceleradores del desarrollo.

En este escenario, la agenda política, económica y social en nuestro país debería coincidir en la generación y confirmación de capacidades regulatorias e institucionales, en las cuáles, la experiencia adquirida a través de la implementación del capítulo 19 del T-MEC, sobre comercio digital, puede volverse el diferenciador para lograr que la derrama económica que se advierte, se acelere, a partir del desarrollo de reglas relativas a la facilitación aduanera y logística, infraestructura tecnológica y de telecomunicaciones, protección de datos personales, datos abiertos y gobernanza de datos, ciberseguridad, propiedad intelectual e innovación, como las principales materias que convergen en la infraestructura regulatoria para favorecer la homogeneidad, convergencia y complementariedad de medidas necesarias para que se establezcan puntos de contacto que permitan la compatibilidad e interoperabilidad de nuestras operaciones en el ámbito interno y con vinculación hacia todo el mundo. Para estos efectos, resulta importante que, como parte del cierre de un sexenio es necesario madurar para que, con independencia de las prioridades políticas que se definan en las agendas políticas, las instituciones encargadas de los diagnósticos, seguimiento e implantación, realicen un cierre de resultados a fin de que, la persona que lidere la siguiente administración nacional, esté en aptitud de contar con insumos de calidad para materializar este escenario favorable a favor de las y los mexicanos. Hasta la próxima.