Rumbos inciertos

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Si la semana pasada hablábamos de la necesidad de hacer introspección, en tanto la navidad era un espacio para la reflexión en torno a nuestro ser y hacer, la próxima llegada del 2024 representa un reto probablemente mayor, ya que se tratará de evitar aquellos errores que impidieron que el rumbo del año que termina haya sido adecuado.

Algo parece cierto, las personas no cambian, y por más promesas o propósitos que se establezcan, sin algo llamado voluntad, las situaciones no encontrarán rumbos adecuados; proseguirán los rumbos inciertos.

Los hechos suelen ser más contundentes que las palabras, pero con todo y todo, debemos tener un poco de esperanza y un mucho de fe para esperar que algún milagro se presente.

La realidad parece estar en esa tesitura, puesto que es claro que, a nivel global, el mundo sigue empeñado en imponer su voluntad y, a pesar de estar en la llamada era de la información, prosiguen las guerras, las intervenciones, los genocidios, los gobiernos autoritarios. Nada que dé cuenta de progreso.

En el país, dejamos que las cosas pasen; nadie se queja de la escalada de precios en prácticamente todo, nadie levanta la voz por la cantidad de muertos que diariamente se acrecienta, no hay contrapesos que hagan esfuerzo alguno por detener la sarta de inconsistencias que legitiman al que extiende la mano por encima del que se parte la cara por obtener un salario justo.  Eso, queridos lectores, es involucionar.

En muchos de los espacios laborales, pareciera que se impone la voz del más fuerte, aquel que amedrenta, que amenaza, que grita, que impone a la mala. Silenciosamente permitimos que sigan existiendo voces que agreden e implantan como paradigma mentiras como no se te olvide que el jefe soy yo.  ¿No estamos dispuestos a levantar la voz nunca?

Algo similar sucede en algunos hogares, somos incapaces de dejar pasar y buscamos no quien la haga, sino quien la pague; en esa lógica no nos importa perder el control al punto de ser agresivos, hirientes y poco prudentes.

En síntesis, estamos rodeados de insensatez e incongruencia, y dejamos que esa normalidad acabe por vencernos sin oponer resistencia; el egoísmo con el que nos manejamos es tan burdo, que mientras yo y los míos estemos bien, lo que suceda con el mundo nos viene sobrando.

Cuantas veces tiramos la basura en la calle o guardamos silencio cuando vemos que una persona esta maltratando a una mascota; escupimos cuanto veneno tenemos para juzgar al de enfrente o criticarlo, pero nos enchilamos cuando esa ponzoña nos roza.

Versa el adagio que hay que tomar el toro por los cuernos y ser certeros y radicales; no hay otra forma de acabar con tantas inconsistencias, porque también es cierto que el que calla otorga, lo que nos hace cómplice de la miseria humana en la que vivimos.

Confiemos en que el año por venir nos haga abrir los ojos, que nos permita llenarnos de alguna estela de compasión, de amor, de aprecio, de congruencia.

Cada uno de nosotros tiene la respuesta.

¡Feliz 2024!   Agradecido por la generosidad de su lectura, amenazo con regresar.

horroreseducativos@hotmail.com