URODELO

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A veces me inspiras paz, calma, sosiego, otras veces me haces sentir que estoy en una película de sobrevivencia y a veces de terror.

Has sido testigo de muchos años de mi vida, diría que desde los pocos meses de haber nacido, en un lugar cálido,  de donde tú eres el mejor, o por lo menos uno de las mejores.

Siempre quise ser tu amiga, pero tú te negaste rotundamente, tu espíritu indomable te dominaba, sin embargo, siempre fuiste y sigues siendo cómplice de mi interminable inquietud y alma libre.

Me recuerdas mucho a la vida misma, nunca estás igual, siempre cambias de atuendo, de maquillaje, de perfume, tu moda es única y nunca se repite, eres totalmente impredecible, nunca, jamás, monótono.

Sin duda eres insuperable, indescifrable, inescrutable, ininteligible, inexplicable, misterioso y así sucesivamente todos los sinónimos que puedan existir, porque eres simplemente  enigmático.

Cuando te conocí, era muy, pero muy pequeña, y ahí no me daba cuenta de que me hablabas, ahora, con el pasar de los años, me doy cuenta que me hablas, hablándole a mi alma y siempre tienes mucho que contar, si es que te sé escuchar.

Tengo la autoridad del fracaso y la experiencia propia contigo, de que tú no recompensas nunca la ansiedad, la codicia y la falta de paciencia, nunca, al punto que he visto llevarte a varias personas al borde de la muerte y también a la muerte misma.

Los caminos iguales  contigo no existen, siempre son distintos, a veces los hay, otras veces no existen, te gusta mostrarlos, y cuando uno se encamina, te gusta desaparecerlos y hacerme sentir perdida, sin nadie quien me rescate a la vista.

Por momentos creo que eres el infinito hecho vida, hecho realidad, el infinito que el ser humano, los animales pueden tocar. Creo que casi  todos tenemos esa oportunidad maravillosa de conocerte, sentirte y no olvidarte jamás, porque así como muchos te temen o no te quieren, otros te amamos y nunca te olvidamos.

Eres sin duda la fuerza motriz del planeta Tierra, no hay nadie que te iguale en fuerza, y, muchas veces eres el Rey de la soberbia, sintiéndote el más grande y el más sabio y mirando a todos desde tu majestuoso trono.

La música es lo tuyo, eres y serás el mejor músico, capaz de ser el fondo musical de una majestuosa y romántica pedida de mano en un yate en Bali, como también el terror musical nunca antes visto en medio de una noche nublada y con amenaza de un posible desastre natural.

No sabes de estaciones, aunque algunos dicen que tienes tu favorita. Pero tú vives, tú respiras, tú avanzas, 365 días del año y no quieres descanso, porque el constante movimiento, significa que sigues vivo.

No importa donde vivamos, siempre voy a estar conectada a ti, eres tan grande, tan inmenso, tan omnipotente que es imposible desconectarse de ti.

Por ratos, me parece que cuando te miro y pienso en ti, es como si pensara en un idioma antiguo, inclusive más antiguo y más complejo que el sánscrito.

He leído leyendas que dicen que tú salvaguardas todo lo que hemos perdido y perdemos a lo largo de nuestra vida, también de lo que hemos tenido, deseos realizados, algunos frustrados, lágrimas, risas, sueños que cobijas sin pedir nada a cambio.

Tu me enseñaste a calmarme a mi misma, presionándome, empujándome, estando ahí, siempre jalando hacía el fondo, siempre buscando que toque fondo para que aprenda a salir a tomar aire.

Cuando no encuentro la solución a un problema o situación, tu siempre haces que ocurra un milagro y te conviertes en mi brújula personal para llegar a mi meta.

La constancia, el valor y la humildad, es algo que me enseñas cada vez que me acerco a ti y me abrazas con una fuerza que no tengo forma de describir de manera simple y entendible.

Las personas si no te llegan a conocer, que no es común,  pero puede pasar, podrían vivir sin ti, pero yo sin duda no.

Miles de personas han sobrevivido sin amor; pero creo que pocas  sin ti, porque el agua es fundamental para la vida, lo mismo que tú, el mar, mi hábitat natural.

–Escrito por una anfibia–