Martes con M de Mito, Bueno, Bonito y Barato

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Este mito no es más que el resultado de la corrupción y negligencia de la sociedad. Las cosas por naturaleza, bien podrían ser buenas, bonitas y baratas. ¿No me cree? Tomen un libro de su biblioteca y siéntense a leer en su jardín, en este bonito día soleado. Es bueno, es bonito y es barato.

O pase un rato en compañía de su familia o pareja, en casa o saliendo a caminar y disfrutar de una tarde soleada, o incluso con lluvia… también es bueno, es bonito y es barato. Las mejores cosas de la vida son así, ¡ah!, pero se me olvidaba que vivimos en un mundo capitalista donde primero está el tener y ya después está el ser, donde primero se preocupa la gente por las apariencias y ya después por las experiencias; donde lo que importa es que todo el mundo vea lo mucho que se disfruta, aunque por dentro ya no sienta nada más que un vacío que exige más y más consumo.

Entonces ahí sí, ahí no voy a encontrar nada que sea bonito, ni bueno, ni barato. Porque la gente le empieza a agregar sus intereses para el beneficio propio. 

Pensemos por ejemplo en un negocio de comida rica y sabrosa donde venden pozole. En un principio la señora, con mucho amor, puso su negocio y hacía el pozole bien casero, con varios ingredientes y con bastante carne, y de la buena. O sea, bien sabroso. Y el dinero llegaba, y llegaba bien. Pero también hay que decirlo, no se tenía una clara noción de la administración, no se escatimaba en ingredientes, porque no se tenía conciencia del lucro, la señora salía a vender su comida sabrosa, el dinero le llegaba y ella, sin fines de lucro, tomaba lo que necesitaba para vivir y lo demás lo seguía gastando en comprar sus ingredientes para el buen pozole.  

Pero sus hijos, que estudiaron vieron la oportunidad de crecimiento del negocio, y entonces empezaron a hacer mejoras. Se dieron cuenta de que estaban perdiendo, o mejor dicho, dejando de ganar dinero. Primero, vieron que podían comprar los ingredientes en otro lado, mucho más baratos, pero también de menor calidad, eso permitiría ampliar el margen de ganancia. Segundo, se dieron cuenta de que era mucha carne la que se servía en el plato, así que estandarizaron la medida y sólo sería un pedacito. Luego, vieron que echándole agua o más caldo, rendía mas platos; después se dieron cuenta que el mercado podría soportar un incremento en los precios, así que subieron el precio del plato de pozole al cliente final. Y para rematar, prescindieron de algunos ingredientes que no consideraron esenciales para el buen plato. 

¿El resultado? Los clientes notaron que aquél pozole ya no era tan bueno y por su puesto nada barato. Así que buscaron nuevas opciones. 

En un mundo ideal, sin intereses de por medio, tendría que haber existido otra buena señora que viendo esa necesidad en el mercado saliera y ofreciera su buen plato de pozole: un plato bueno, bonito y barato. Pero recuerden que vivimos en un mundo donde todos quieren sobresalir a costa de quien sea. Entonces, aunque se tengan buenas intenciones, las señoras, salen a ofrecer sus platos de pozole, pero con fines de lucro, y entonces viene la combinación: Te puedo ofrecer un plato grande, bien servido, pero pues te va a costar. O si prefieres que no te cueste tanto, te puedo ofrecer uno más chico, aunque los ingredientes siguen siendo buenos. O va con la otra señora que ofrece grandes y abundantes platos a buen precio, pero su calidad es cuestionable

Ahora sustituya el buen plato de pozole, por cualquier producto o servicio que se le ocurra y verá que, en este mundo capitalista opresor, todos, quieren sacar ventaja, y nadie está dispuesto a dar para tener buenos productos y servicios. Desafortunadamente están al servicio del poderoso caballero, Don Dinero –como  decía mi querido Quevedo– y  saben que hay incautos que están dispuestos a pagar por sus servicios y productos. Por eso es que hoy, a pesar de que las cosas son buenas y bonitas, difícilmente serán baratas.