BONITA

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Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico
y que produce mucho dinero.
Stendhal

Saludos, querido y aguzado lector, los comienzos a veces cuestan un poco, pero una vez que agarra uno camino, se puede ir de largo. Que este 2024 le vaya de lo mejor, que nos leamos en muchos textos más.

Recientemente se dieron a conocer imágenes de quien fuera considerada la mujer más bella del mundo en 2012, la actriz Megan Fox, que fue duramente criticada por haberse realizado arreglos en el rostro.

La actriz actualmente tiene 37 años, edad en la que ya empiezan a aparecer en la piel los signos naturales del paso de los años; entonces algunas personas quieren camuflar, detener e incluso piensan que pueden revertir estos signos con procedimientos estéticos, pero es imposible ir en contra del tiempo y la naturaleza.

No se pueden evadir las leyes de la física y la biología de la vida; tarde o temprano a todos nos llega la vejez, pero no todos la aceptamos con la misma resignación o aceptación y eso se debe a la implantación de la idea de que lo viejo es feo.

  No es difícil comprender que lo feo, en cuanto concepto relativo, sólo puede ser comprendido en relación a otro concepto. Este otro concepto es el de lo bello, pues lo feo es sólo en cuanto que lo bello, que constituye su positiva condición previa, también es. Si lo bello no fuera, lo feo no sería absolutamente nada, pues sólo existe en cuanto negación de aquél.

¿Y quién o cómo determinamos lo bello? Los cánones de belleza se definen como el conjunto de características del aspecto de un objeto o de una persona que la sociedad percibe y valora como bellos o atractivos. Los rasgos físicos considerados bonitos o atractivos han ido variando a lo largo de la historia y son distintos también según cada cultura.1 Estos cánones los establecían quienes estaban en las élites, los reyes, los que vendían productos para embellecer, quienes tuvieran influencia en la sociedad, pero importante recalcar que se trata de un concepto relativo.

Sigue ocurriendo lo mismo en nuestros días, ya no hay reyes, bueno, no como los de antes; pero existen los hombres más ricos del mundo, los capitalistas, los que mueven los hilos en el mundo, los que están al frente del entretenimiento, la industria de la moda o como dirían algunos las mafias del poder, las élites.

Pero en lo que siempre han coincidido a lo largo de los siglos, es en desdeñar y considerar fea la vejez, los signos del paso de los años en el cuerpo como signo de maldad (en películas), como un paso hacia la muerte prácticamente, no es raro que de ahí la aversión y discriminación a los adultos mayores.

Esta necesidad de relacionar la juventud con lo mejor, lo bello; porque los jóvenes son la población económicamente activa, susceptible de ser influida y bueno, lo demás ya lo hemos constatado. La juventud relacionada con la confianza en sí, por aludir a lo bello, de ahí la proliferación de productos para disimular los estragos de los años y digo disimular porque tarde o temprano ningún producto será suficiente para detener lo inevitable.

Hay algunas culturas donde es más marcada esta imposición de lucir muy joven. Muchas celebridades, que sirven como ejemplos a seguir de la gente se convierten en estereotipos, modelos de lo que debería ser, hombres, mujeres, niños, e incluso miembros de la comunidad LGBTTIQ+ ; todos tenemos referentes de cómo deben o deberíamos ser, además de lo que cada cultura dicta.

Para el caso que mencionábamos de la actriz, Megan Fox, ella comentó que toda su vida ha padecido del trastorno conocido como dismorfia corporal, que se caracteriza por la preocupación obsesiva por un defecto percibido en las características físicas. […] las imperfecciones pueden ser mínimas o imaginarias. Sin embargo, la persona puede pasar horas al día tratando de corregirla. La persona puede hacerse muchos procedimientos cosméticos o ejercitarse en exceso. Esto de acuerdo a la Fundación Mayo para la Educación y la Investigación Médica.

Y como decíamos, esas ideas de tener defectos o de no parecer como los estereotipos, parten de estas imposiciones culturales e industriales que también ya causaron muchos estragos. Recordemos el momento en que la extrema delgadez se impuso como rasgo de belleza por la industria de la moda, muchas personas cayeron en trastornos e incluso en la muerte por tratar de encajar en el canon para ese momento impuesto, mientras que después de veinte años algunos sectores han incluido cuerpos diversos, que siguen siendo minoría, pues en las pasarelas siguen predominando los cuerpos delgados y estilizados.

Hay una frase que se adjudica al escritor Milan Kundera que dice: Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo a las leyes de la belleza, aún en momentos de más profunda desesperación. Y probablemente de ahí tantos problemas, como hemos expuesto aquí, la imposición de estilos de vida, modas, y ahora hasta nuevas formas de concebirse a sí mismo. 

Pocas son las bellezas que no pasan, que pueden perdurar, inmortalizadas en una pintura, un dibujo, una fotografía, en la memoria y es ahí donde a veces se vuelve más preciada o tormentosa en caso de añorarla. Ya decía Luis Cernuda, todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa. 

Hasta los momentos más bellos, sólo pasan una sola vez; así la juventud, pero ya sea por algún trastorno o por simple vanidad la resistencia a que se instale en el cuerpo. La escritora, novelista, filósofa, directora de cine y profesora estadounidense Susan Sontang, escribió, el miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente.

Esto en caso de tener un sentido más profundo del tiempo, de cómo lo empleamos, cómo lo aceptamos en nuestra vida, pero dista mucho de esta concepción superficial, pues cuando estás viviendo la vida, haciendo lo que amas, lo que debes, no dejando que la vida te viva, ni del tiempo te acuerdas. Cuando tomas conciencia, ya tienes arrugas, ya hay canas en tu cabello, y tu cuerpo se cansa un poco más pero como decía, te empeñas en disfrutar que ni del cansancio te acuerdas.

Fijas las energías en amar, en compartir, mostrarte presentable con lo que tienes, con tu cúmulo de años a los días de trabajo o de gozo, a los días de tristeza en los que ni siquiera el aspecto importa.

Ay querido lector, si pudiéramos apreciar la belleza en todas sus formas, si viviéramos menos apegados a lo superfluo, otro gallo nos cantaría, no cree?

Y ya lo rectificó uno de los artistas que tantas bellezas dejó, Pablo Picasso: ¿Belleza? Para mí es una palabra sin sentido porque no sé de dónde viene su significado, ni a dónde me lleva. ¿A dónde nos lleva la belleza, qué tipo de belleza es la que necesitamos?

Queda aquí la provocación querido lector.