¡Bendito ejemplo!

Views: 2244

Quienes buscamos que las personas actúen de manera civilizada, no entendemos por qué las cosas parecen situarse en un mundo de incongruencia; quienes trabajamos todos los días por modelar conductas que sirvan como ejemplo, en casa, en las escuelas, en la sociedad misma, topamos con pared ante la beligerante actitud de personas que, a pesar de ser modelos en sus propias células sociales, parecen no tenerlo claro.

Imagine usted que está buscando un espacio en un estacionamiento, finalmente detecta que un auto está por salir; toma el carril correspondiente, enciende sus intermitentes y espera el lugar con toda la propiedad del mundo. De la nada, en el preciso instante en que el vehículo aparcado sale, otro, en sentido contrario, avienta lámina y se coloca en ese sito que usted estaba esperando.

Evidentemente usted hace notar la situación y el otro conductor, con dejo de prepotencia le responde, me vale madre, el mundo es de los chingones, ante la mirada atónita de los dos menores de edad y la esposa que le acompañan. ¿Cuál es el mensaje de ese supuesto formador y cabeza de familia?

Suponga que, en un evento escolar, con anticipación solicita amablemente a los padres de familia que, por respeto a todos los compañeros participantes, tengan la gentileza de mirar el número de sus hijos y recogerles al término del evento, que no será mayor de dos horas; pero porque su egoísmo y falta de empatía es monumental, deciden que, al terminar el bailable de sus hijos, quieren irse sin atender la petición socializada.  Esto no sería lo más grave, sino que, ante la explicación del grupo de apoyo escolar, asumen una conducta agresiva, amenazante, corriente y cínica, al punto de expresar que sus indicaciones nos quedan guangas, los papas somos nosotros y no pueden impedirme que me lleve a mi hijo.

¿En donde sucedió?, no suponga que en un espacio ubicado en alguna zona rural o en alguna de aquellas que son catalogadas como conflictivas por el bajo nivel sociocultural de los habitantes; esto se presenta en colegios de tradición, en donde muchos padres tienen alto nivel económico, pero evidentemente un paupérrimo nivel de conciencia y respeto. Si los padres no son capaces de atender una petición, ¿que están enseñando a sus peques?, que las cosas se hacen, porque lo digo yo. Esos mismos progenitores son los que se quejan porque una maestra regaña a sus bodoques porque no traen la tarea. ¡Bendito ejemplo!

Conductores que, a sabiendas de que está prohibido circular por los carriles confinados al transporte público, en las horas pico deciden hacerlo, y cuando la autoridad les detiene se muestran violentos, argumentando que hay mucho tráfico y que tienen algo más importante que hacer.  La necedad también es parte de la transformación que muchos viven en carne propia.

La educación de un niño es un proceso que dura 24 horas los 365 días del año; cuando lo que hacemos es insultar, humillar o desacatar las normas, el riesgo de que la conducta del infante cambie, para mal, es altísimo.

Los niños no nacen violentos, aprenden a serlo, en la medida en que los estímulos que perciben modelen disciplina, amor, empatía, cariño y congruencia, las posibilidades de que sea un mejor ser humano serán infinitas.

Pero no, nos vamos por la fácil y siempre pensando en ser más truchas que el otro, al costo que sea.

Así las cosas, ¡de terror!

horroreseducativos@hotmail.com