Dos prosas poéticas…
Transparentes labios
Despertaste a mis demonios atormentados, habitantes del manantial de inciensos náufragos. De la calzada del vino, emergieron ruinas mermadas por lamentos, de espíritus perdidos bajo mi lengua. Me despertaste.
A tientas, se engrosa el clamor por tu sobrevivencia, por flotar lejos de mi tacto, por fingir en sudores de seda, en sucias verdades de espaldas derrumbadas, donde las dagas, de doble filo, murmuraron sus favores sin tregua, envenenados y de rodillas perfumaron al agotador juego de carruajes desmemoriados, en diminutas bragas, frágiles, de mirada diluida y fina tortura.
Despertaste al templo de presagios heridos, los que aullan dilatando incontables azares, los que nunca palparon remedios caseros, ni se postraron ante tus huellas de huaraches teñidos de mentiras en bronce.
Como galgos, los guardianes de las sortijas acuchillan memorias del maquillaje arrinconado en vías de mansedumbre, sin tregua, ni manchas de adioses en desbandada. En tus costados de madera, se consumen bajo celdas de desaliento, los letreros ungidos por mi lengua, las señales que arrinconé en la última ración de carnavales.
Sí, al final de las locuras, cerramos desolados suplicios; tenderemos líneas ensortijadas, para dormir negando los pobres remos de tus sombras incurables. Arroja humo sobre mis dudas, devora mi desaliento, mis imprudencias, las malditas horas de indignación que han mojado y amargado mis sonatas.
Devuelve mis playas, mis andares sin fatiga, mis plegarias que como tallador de claveles, he lanzado al viento.
Bésame los confusos ardores; cuchichea en mi callada muerte, pregúntame si esperaré enardecido el sabor de tus transparentes labios, tal vez tu sabor escurriéndome, arroje por la borda a los demonios que despertaste
Juegos de lenguas
Escuché mi epitafio bajo tu lengua; en brisa y fuego donde ardieron nuestras vertebras, y acompasados temblaron nuestros huesos ensalivados; como mustios fantasmas de alcoba.
Las risas como gotas de lluvia, empaparon gemidos en sombras de nuestros te amo; entonces huimos. ¿Sabes por qué huimos? Huimos, para no contagiar de amor a gente cuerda…
Me volviste vulnerable, al grado de que el agua no me consiente en sus brazos. Fui luminiscente aún en tus ropas de humo hechicero, adicto a nudos de media luz, bosquejo moribundo. Frágil reloj. He abordado espíritus de retinas podridas, parpados de luna eclipsada, donde no puedo prohibir a los miedos sus dibujos de mar. He abonado fragmentos de tu voz para reencontrarnos con prematuras ansias,
ayúdame a sostener danzas derretidas en amor no fingido.
Háblame con sonidos que marchen hacia lo divino, aniden nuestros lapsos de humedad, sean luz haciendo magia; dulce antídoto de pandemias locas. Abandonémonos donde el tiempo nos detenga, salpiquemos de locuras los juegos de lenguas. Dame tus manos y surquemos el cielo, como si fuera la primera vez que volamos.

