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Tus ojos profundos de color café,

de mirada clara, limpia, transparente,

que cuando me miran parecen decir

todas tus palabras que llevo en mi mente.

 

Tu boca perfecta, tan bien delineada,

que enmarca tus labios, queriéndome hablar,

y después de todo no me dicen nada,

y tus pensamientos he de adivinar.

 

Tu piel que quisieran mis manos tocar,

y en tiernas caricias posarse en tu frente,

y así, dulcemente, poder expresar

todo lo que dentro, mi corazón siente.

 

Y al fin, mi cabeza poder recargar

en tu pecho ardiente y en tu corazón,

y con sus latidos poder acallar

el grito que llevo tan lleno de amor:

 

¡Te quiero, te quiero!, y tendré que evitar

que salga de mi alma lo que he de callar.


A LA LUZ DE LA LUNA

 

 

A la luz de los rayos de la luna,

manantial de reflejos platinados

que atraviesa el cristal de mi ventana,

brota mi inspiración como la espuma,

y los versos de amor entre mis manos

como gotas de lluvia se desgranan.

 

Y al recordar tus ojos y tu boca,

y tu mirada triste y soñadora

con destellos de paz y de ternura,

siento muy dentro que mi mente evoca

la sombra de tu imagen que atesora

tus nobles sentimientos de dulzura.

 

Y al escuchar el eco de tu nombre

recorre por mi cuerpo dulcemente,

con acordes de suave melodía,

un recóndito anhelo, no te asombre,

de estrecharte en mis brazos tiernamente,

para ahogar esta cruel melancolía.


Zimapán, Hidalgo, México.

D.R.