EL SER O NO SER MÍSTICO

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Desde que nacemos nos sumergimos a un mundo lleno de símbolos o mensajes que nos van enseñando nuestra familia, grupo de pertenencia, escuela, religión y sociedad. A medida que vamos incorporando esos programas nos vamos  etiquetando y seccionando dentro de nuestro ordenador mental. A partir de ahí toda nuestra percepción se distorsiona.

Nuestra mente es un poderoso instrumento que moldea nuestra percepción de la realidad. Es a través de ella que interpretamos los eventos y situaciones que encontramos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, es importante reconocer que ésta no es una entidad independiente, sino que está influida por nuestras experiencias pasadas, creencias y emociones.

La experiencia de la felicidad y el sufrimiento no es algo que se nos imponga desde el exterior (aunque sí hemos fabricado –como humanidad– algunos símbolos erróneos que el cerebro interpreta como que nos darán la felicidad), sino que es una construcción de nuestra propia mente. Cuando experimentamos felicidad, es nuestra mente la que crea esa sensación de alegría y satisfacción. Del mismo modo, cuando experimentamos sufrimiento, es ella la que genera esa sensación de dolor y angustia.

La clave para encontrar la paz interior radica en comprender que también tiene el poder de cambiar nuestra experiencia de felicidad y sufrimiento. Si nos aferramos a pensamientos negativos y emociones destructivas, continuaremos experimentando el sufrimiento. Por otro lado, si cultivamos pensamientos positivos y emociones benévolas, podemos transformar nuestra experiencia en una de felicidad y paz.

La mente, en su estado puro, es apacible e iluminada. Cuando logramos liberarnos de los apegos y deseos insaciables, nuestra mente se vuelve tranquila y serena. En este estado de calma, somos capaces de ver la realidad tal como es, sin distorsiones ni juicios. Es en este espacio de claridad mental donde encontramos la verdadera sabiduría y la paz interior.

Los toltecas, antiguos habitantes de Mesoamérica, desarrollaron una filosofía de vida basada en la búsqueda de la verdad y la libertad. Su enfoque se centra en el desarrollo de la conciencia y la liberación de los condicionamientos y creencias limitantes que nos impiden alcanzar nuestro pleno potencial. Para los toltecas, la vida es un sueño y cada individuo es el soñador. A través del autoconocimiento y la práctica de la atención plena, podemos despertar de este sueño y vivir una vida plena y auténtica.

Por otro lado, el budismo se basa en el principio de dos verdades: la verdad absoluta y la verdad relativa. La absoluta es que, en estado puro, nuestra mente y el universo están iluminados, son apacibles y perfectos. El estado puro de la mente, según el budismo Nyingma, significa la unión de la conciencia y la amplitud.

La relativa o convencional es que en todo el espectro de la vida diaria, la terrenal, pasajera e impermanente que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte y que los budistas llaman samsara, percibimos el mundo como un lugar lleno de sufrimiento, continuos cambios y decepciones, porque la cara de la verdadera naturaleza de las cosas ha quedado oscurecida por nuestros hábitos mentales y aflicciones emocionales, obligándonos a aferrarnos al yo.

Si nos aferramos a esas cosas, las percibirnos dualmente, como un sujeto que sostiene un objeto. Entonces la mente empieza a discriminar, a separar y etiquetar las cosas.; pensamos: a mí me gusta esto, o no me gusta Podemos pensar: esto es bueno, y entonces empezamos a apegarnos, o eso es malo,  entonces empezamos a sufrir. Podemos desear algo que no tenemos, o temer la pérdida de lo que tenemos, o deprimirnos por haberlo perdido. A medida que nuestra mente se va tensando, nuestra emoción o nuestro dolor aumentan, y así se inicia el ciclo del sufrimiento.

Con nuestra mente relativa y ordinaria, nos aferramos al yo como si fuera algo firme y concreto. Sin embargo, el yo es una ilusión, porque en la experiencia de la vida todo es transitorio, cambiante y perecedero (Ley del ritmo). Nuestra mente ordinaria concibe el yo como algo que existe realmente con entidad independiente. Pero, el yo no existe en realidad. No es una cosa sólida ni fija, sino una mera etiqueta fabricada por la mente. 

El yo tampoco es una entidad independiente. Desde el punto de vista del budismo todo funciona interdependientemente, de modo que no hay nada que tenga una naturaleza o un carácter verdaderamente independiente.

La Ley de Causa y Efecto. Toda acción tiene un efecto proporcionado; todo es interdependiente. Las semillas se convierten en brotes verdes, luego en árboles, luego en frutos y flores que vuelven a producir semillas. Ese es un ejemplo muy sencillo de la causalidad. Debido al karma, nuestras acciones dan forma al mundo de nuestras vidas. Vasubandhu, el más destacado escritor metafísico de la doctrina mahayana, decía; Debido a las acciones del karma nacen varios mundos,

Otro aspecto fundamental de la sabiduría tolteca es la importancia de la honestidad y la autenticidad. Los toltecas nos invitan a ser honestos con nosotros mismos y a vivir de acuerdo con nuestros valores y principios. Sólo a través de la autenticidad podemos experimentar una verdadera conexión con nosotros mismos y con los demás. Liberarnos de las máscaras y los roles que hemos adoptado nos permite ser quienes realmente somos, sin miedo al juicio o la crítica.

La sabiduría tolteca también nos recuerda la importancia de asumir la responsabilidad de nuestras acciones y decisiones. Cada elección que hacemos tiene un impacto en nuestra vida y en la vida de los demás. Los toltecas nos animan a ser conscientes de nuestras elecciones y a tomar decisiones que estén alineadas con nuestro propósito y valores más profundos. Al hacerlo, nos convertimos en creadores de nuestra propia realidad y dejamos de ser víctimas de las circunstancias.

El apego al yo, crea karma negativo, costumbres y tendencias negativas. Pero no todo el karma es negativo, aunque algunas personas cometen el error de pensar así. También podemos crear karma positivo, y eso es lo que pretende la meditación. Si nos aferramos al yo, con todas nuestras fuerzas, crearnos karma negativo. El karma positivo nos ayuda a despegarnos del yo, y cuando nos relajamos encontramos el equilibrio y nos volvernos más sanos y felices.

En ambas tradiciones, se enfatiza la importancia de la introspección y la observación de uno mismo como herramientas para el crecimiento espiritual. Tanto los toltecas como los budistas reconocen la importancia de estar conscientes de nuestros pensamientos, emociones y acciones, y cómo estos afectan nuestra experiencia de vida. Ambas enseñanzas nos invitan a cuestionar nuestras creencias y a desarrollar una mayor comprensión de nuestra propia naturaleza.

Además, tanto la cultura tolteca como la filosofía budista valoran la conexión entre todos los seres vivos. Los toltecas creían en el concepto del nagual, que representa la unidad de la existencia y la interconexión de todas las cosas. De manera similar, el budismo enseña la interdependencia de todos los seres y la importancia de cultivar la compasión hacia todos los seres vivos. Ambas tradiciones nos recuerdan que somos parte de un todo más grande y que nuestras acciones tienen repercusiones en el mundo que nos rodea.

A través de esta exploración de las similitudes entre la cultura tolteca y la búdica, podemos apreciar la universalidad de los principios espirituales que buscan la sabiduría y la iluminación. A pesar de las diferencias geográficas y temporales, ambas tradiciones comparten una comprensión profunda de la naturaleza humana y un llamado a la autorreflexión y la conexión con el mundo que nos rodea.

Al estudiar y apreciar estas similitudes, podemos aprender de las enseñanzas de ambas culturas y enriquecer nuestra propia búsqueda espiritual. La cultura tolteca y la filosofía budista nos invitan a mirar dentro de nosotros mismos, a cuestionar nuestras creencias y a cultivar la compasión hacia todos los seres vivos. En última instancia, nos brindan una guía para encontrar la plenitud y la sabiduría en nuestras vidas.