Gente mala
Todos conocemos personas tóxicas que tienen actitudes negativas ante la vida o frente a los demás; intentarán manipularte, golpearte, amedrentarte o hundirte, buscando llevarte a su terreno para, a la primera oportunidad, hacértela pasar muy mal.
En ese escenario, las hay de dos tipos, quienes son frontales y explosivos y quienes nadan de muertito para, como felino en asecho, lanzar el zarpazo a la primera oportunidad.
Estas personas no necesariamente pasan por algún trastorno de personalidad, simplemente son como son y asumen un rol maligno de manera consciente, sistemática y sin remordimientos.
Viven con un ingrediente de hostilidad que no tienen empacho en ejercer, sin sentir culpa; justificando en todo momento sus actos.
¿Nacen o se hacen?, en un alto porcentaje de los casos, las vivencias experimentadas son las que van determinando el rumbo que cada persona va seleccionando, cuando no se ha vivido una infancia plena, cuando no se ha experimentado ese sentido de protección, cuando no hubo un adulto que fuese capaz de dar un buen ejemplo, cuando existen vacíos emocionales o cuando las experiencias han sido adversas. Es ahí cuando se van construyendo conductas que se orientan al mal: narcisismo, egoísmo, hipocresía y sed de venganza.
Las malas personas suelen sentirse superiores a los demás, por tanto, no tienen empacho en hacer daño o faltar al respeto; tienden a cuestionar la autoridad y autoproclamarse paladines de la perfección, cuando hay evidentes áreas de oportunidad. Suelen, ante un cuestionamiento genérico, expresar el tan replicado yo no.
Los más peligrosos son quienes tienen la habilidad de esconder ese estilo, aquellos que hablan al oído, que siembran el rumor, que se venden como almas inmaculadas, que fingen demencia y son capaces de estrechar tu mano derecha, a la par que empuñan una daga con la izquierda.
Al final, cada quien muestra su verdadero yo y por más esfuerzos que se hagan, hay conductas que evidencias la verdadera intención de las personas: insultos personales, invadir el territorio del otro (personal, social o laboral), amenazas o intimidación, hipocresía y doble cara, incapacidad, sometimiento e incapacidad de aceptar errores.
La psicología utiliza el término maquiavelismo para definir a estas personalidades y es uno de los tres que conforman la llamada triada obscura, los otros dos son el narcisismo y la psicopatía.
¿El detonante?, suele ser el momento en que encuentran a otra persona que sea percibida como más que ellos, es decir, si en sus vidas de cruza alguien con mayor capacidad, mayor carisma, mayor preparación, mayor responsabilidad o mayor armonía personal, es algo que inconscientemente no pueden aceptar y, en consecuencia, elucubran un plan para aniquilar al enemigo.
Al final, se trata de un tema de escrúpulos; si tengo que lograr mis objetivos a cualquier costo, no tendré problema en utilizar cuanta artimaña encuentre para legitimar mi accionar, y si en ello tengo que pisar al que sea, no importa.
Bien dice el psicólogo argentino Bernardo Stamateas, autor del libro Gente tóxica; El descalificador tiene como objetivo controlar nuestra autoestima, hacernos sentir nada ante los demás, para que de esta forma él pueda brillar y ser el centro del universo.
De pena, totalmente de pena.
horroreseducativos@hotmail.com

