A 500 años de la conquista del Matlatzinco

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Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce

Hace 500 años, durante el mes de junio de 1521, antes de la rendición de Tenochtitlán, las huestes de Hernán Cortés conquistaron el Valle de Toluca.

No fue la primera vez que el Matlatzinco fue conquistado. Entre los años 1472 y 1480 el emperador Axayácatl emprendió la primera campaña de sometimiento, a partir de lo cual se convirtió en señorío tributario de los mexicas. La segunda campaña fue iniciada por el emperador Tízoc en 1482; esta nueva embestida tuvo efecto devastador para la dinastía de Chimaltecuhtli de Calixtlahuaca, al provocar su destierro y desplazamiento, tal vez hacia el sudeste de Toluca, a Miltepec o a los cerros de La Teresona y Coatepec.

Esta situación se mantuvo hasta 1521 cuando los españoles irrumpieron en Mesoamérica. La cabecera permaneció en Calixtlahuaca, colonia militar mexica, donde entonces gobernaba un señor llamado Mazacoyotzin, quien al parecer no era descendiente del linaje de Chimaltecuhtli, más bien habría sido impuesto por el emperador Moctezuma II para administrar el señorío.

Gracias a la tercera Carta de Relación que Hernán Cortés envío al rey Carlos de España, escrita el 15 de mayo de 1522, sabemos que, a mediados de junio de 1521, el extremeño mandó conquistar estas tierras. Cortés había iniciado el asedio a la gran ciudad desde todos los puntos del Anáhuac y el ataque ocurrió después de fracasar en su intento por tomar el mercado de Tlatelolco. Veamos las narraciones que sobre la conquista del Matlatzinco hace el propio Cortés:

Donde a dos días del desbarato, que ya se sabía por toda la comarca, los naturales de una población que se dice Cuarnaguacar, que eran sujetos a la ciudad y se habían dado por nuestros amigos, vinieron al real y dijéronme cómo los de la población de Malinalco, que eran sus vecinos, les hacían mucho daño y les destruían su tierra, y que ahora se juntaban con los de la provincia de Cuico que es grande, y querían venir sobre ellos a matarlos porque se habían dado por vasallos de vuestra majestad y nuestros amigos, y que decían que después de ellos destruídos habían de venir sobre nosotros; y aunque lo pasado era de tan poco tiempo acaecido y teníamos necesidad antes de ser socorridos que de dar socorro, porque ellos me lo pedían con mucha instancia, determiné de dárselo, y aunque tuve mucha contradicción, y decían que me destruía en sacar gente del real, despaché con aquellos que pedían socorro ochenta peones y diez de caballo, con Andrés de Tapia, capitán, al cual encomendé mucho que hiciese lo que más convenía al servicio de vuestra majestad y nuestra seguridad, pues veía la necesidad en que estábamos, y que en ir y volver no estuviese más de diez días. Y él se partió, y llegado a una población pequeña que está entre Malinalco y Coadnoacad, halló a los enemigos, que le estaban esperando, y él, con la gente de Coadnoacad con la que llevaba, comenzó su batalla en el campo, y pelearon tan bien los nuestros, que desbarataron los enemigos y en el alcance los siguieron hasta meterlos en Malinalco, que está asentado en un cerro muy alto y donde los de caballo no podían subir, y viendo esto, destruyeron lo que estaba en el llano, y volviéronse a nuestro real con esta victoria, dentro de los diez días. En lo alto de esta población de Malinalco hay muchas fuentes de muy buena agua, y es muy fresca cosa.

Como podemos observar, esta primera incursión victoriosa a cargo de Andrés de Tapia se generó a raíz de que los propios indígenas de Cuernavaca, tal vez nahuas u otomianos tlahuicas, solicitaron apoyo al conquistador. A los pocos días vinieron representantes de otros pueblos otomianos a pedirle ayuda para incursionar en el Matlatzinco. Continuemos con la narración:

De ahí a dos días que los españoles vinieron de hacer guerra a los de Malinalco, según que vuestra majestad habrá visto en los capítulos anteriores a éste, llegaron a nuestro real diez indios de los otomíes, que eran esclavos de los de la ciudad, y, como he dicho, habiéndose dado por vasallos de vuestra majestad, y cada día venían en nuestra ayuda a pelear, y dijéronme cómo los señores de la provincia de Matalcingo, que son sus vecinos, les hacían guerra y les destruían su tierra y les habían quemado un pueblo y llevádoles alguna gente, y que venían destruyendo cuanto podían y con intención de venir a nuestros reales y dar sobre nosotros, porque los de la ciudad saliesen y nos acabasen. Y a lo más de esto dimos crédito, porque de pocos días a aquella parte, cada vez que entrábamos a pelear nos amenazaban con los de esta provincia de Matalcingo, de la cual, aunque no teníamos mucha noticia, bien sabíamos que era grande y que estaba a veintidós leguas de nuestros reales; y en la queja que estos otomíes nos daban de aquellos sus vecinos, daban a entender que les diésemos socorro, y aunque lo pedían en muy recio tiempo, confiando en la ayuda de Dios, y por quebrar algo las alas de los de la ciudad, que cada día nos amenazaban con éstos y mostraban tener esperanza de ser de ellos socorridos, y este socorro de ninguna parte les podía venir si de éstos no, determiné de enviar allá a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, con dieciocho de caballo y cien peones, en que había sólo un ballestero, el cual partió con ellos, y con otra gente de los otomíes nuestros amigos…

Esta última narración continúa dos párrafos más, largos como la mayoría de los párrafos de las Cartas, pero terminan con la inminente victoria de Sandoval, quien también recibió ayuda de pueblos indígenas, en este caso de los otomís.

Este relato lo recogen posteriormente varios cronistas de Indias: los frailes Bernardino de Sahagún y Juan de Torquemada, Francisco Cervantes de Salazar, Gonzalo Fernández de Oviedo, Bernal Díaz del Castillo y Fernando de Alva Ixtlixóchitl. Si en la conquista de Tenochtitlán los españoles tuvieron la ayuda de muchos pueblos, especialmente de los tlaxcaltecas, la conquista del Matalcingo fue posible gracias a sus aliados otomianos. De esta forma fue como, en menos de medio siglo, el Matlatzinco fue conquistado dos veces.

Para terminar, recordaré la ayuda que prestó el Matlatzinco en la defensa de la ciudad de la Piedra en la Tuna.

  • Las crónicas de los frailes Bernardino de Sahagún y Diego Durán coinciden en que el Matlatzinco tenía un dios común llamado Coltzin, deidad agrícola que ahora conocemos con el nombre de Tolo. El mismo Sahagún y Torquemada refieren que, cuando Axayácatl conquistó el sitio, se llevó a este dios vencido como trofeo de guerra e incluso le dedicó una fiesta en el calendario ceremonial. Lo anterior significa que Coltzin estuvo presente, junto a otros dioses conquistados, en la defensa de la gran ciudad (tal vez por ello en Toluca no existen figuras en piedra que representen a Coltzin, nuestro venerado Tolo, y sólo lo conocemos en códices antiguos).

  • Bernal Díaz contó que en pleno asedio a Tenochtitlán, el soberano Guatemuz fincó esperanzas de ayuda militar en las provincias de Matlatzinco y Tulapa (Teloloapan) porque en ellas tenía muchos parientes por parte de madre. Con la derrota del Matlatzinco la moral mexica debió caer a los suelos. Cervantes de Salazar dice que los mexicas desmayaron mucho, porque toda la esperanza de socorro tenían puesta en estas poblaciones. Es decir, la perspectiva de triunfo se mantuvo mientras el Matlatzinco estuvo en pie pero eso terminó aquel día 13 de agosto de 1521.

  • Bernal Díaz también relata que uno de los siete señores muertos en el sitio de Tenochtitlán era el de Matlatzinco, gran señor y sobrino de Moctezuma. Pero el nombre de aquel matlatzinca no queda claro. Como dijimos, a la hora de la conquista regía en Toluca Mazacoyotzin. Aquí las opiniones se dividen: algunos sostienen que fue él quien murió en el sitio y otros lo ubican colaborando con Cortés en la construcción de la villa de Toluca. ¿Quién fue, entonces, el señor Matlatzinca que murió defendiendo la ciudad de la Tuna en la Piedra? No lo sabemos con certeza pero, si damos crédito a las palabras de Bernal, algún matlatzinca de linaje importante y eventual heredero al trono de Moctezuma, habría estado en el dramático sitio y habría colaborado de algún modo en la defensa de la ciudad.

Es así como los matlatzincas de esa época participaron en la gesta que acabó con la fama y la gloria de México-Tenochtitlán, hace 500 años.