Adiós cortesía

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El día a día es una verdadera jungla; cada vez menos personas hacen uso de aquello que nuestras abuelitas chocolateras llamaban buenos modales o don de gente; entre el egoísmo y el poco respeto que tenemos por el de enfrente, solamente pensamos en nosotros y olvidamos que el ser humano es, por naturaleza, un ente social que requiere de convivir para sobrevivir.

 

Al manejar, aquella idea del “uno y uno” quedó enterrada en la carencia absoluta de lazos maternos de quienes al más puro estilo del “agandalle”, son incapaces de ceder un poco de su tiempo para que otro automovilista (probablemente igual de apresurado) tenga la posibilidad de proseguir con su recorrido.

 

Lo mismo pasa con entes tan inconscientes como limitados, que tocan el claxon a los autos marcados como “auto escuela”; sin importar que se trata de algún joven en formación vial, llegan al punto de “echar lámina” al pobre novato que acaba culminando su sesión con los nervios al borde de la ebullición.  Sorprendentemente, me ha tocado ver “patrullas” cayendo en la misma conducta nefasta.  ¡Viva la autoridad!

 

En el transporte público, personas de edad adulta tienen que refinarse sus viajes a pie, porque ninguna persona es capaz de ceder su asiento para que estas personas vayan más cómodas. Hay quien piensa que por no ir sentado en un lugar reservado para discapacitados o adultos mayores no tiene la obligación de ser cortés y mostrar un poquito de buena disposición.  ¡Qué pena!

 

En las escuelas, padres de familia (sobre todo en las instituciones particulares) que asumen que profesores y directivos tienen que resolverles todos sus problemas a los niños; olvidando que es en caso en donde se atienden las necesidades primarias de los menores. “Linduras” de papás que exigen del profesor lo que en su casa no son capaces de dar.  ¡Vaya congruencia!

 

No, ya no mostramos cortesía por el otro; parece que ser educados es una especie de enfermedad contagiosa que hace mucho daño y nos quita “puntos” ante nuestros conocidos, tan o más limitados que nosotros.

 

No podemos seguir así, hacer un esfuerzo por tratar de ser gentiles es más que válido; comencemos por lo simple, sonreír, saludar, mostrar buena actitud. De hacerlo, notará como la gente comienza a mirarnos con otros ojos.

 

Bien decía Fredo; quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia.

 

Ser cortés o antipático cuesta exactamente lo mismo, ¿Qué lado de la moneda preferimos?