ADIÓS SUICIDIO

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Soy una convencida de que los ángeles existen, y que siempre están disfrazados de bípedos vertebrados, es decir, de personas. Y son estos ángeles, los que no sólo nos protegen, sino que también nos retienen en este mundo de mil maneras, usualmente absurdas, pero mágicas, hasta con una simple mirada, sí, como suena, una simple mirada, motivo por el cual un eminente suicidio puede dar pase a una nueva vida maravillosa llena de felicidad.

 

Les voy a contar la historia de Duque, para hacerme entender mejor, porque mi introducción definitivamente necesita una explicación, lo último que quiero que piensen es que estoy disvariando. 

Duque fue un niño feliz, que nunca le faltó nada, tuvo todo lo que pidió y quiso, proveniente de una familia grande, unida, varios hermanos, padres siempre presentes y presentes bien, quiero decir de manera responsable y mucho amor. Duque, un niño muy pero muy inteligente, hábil, una mezcla de racionalidad con emoción y abrumadora pasión, siempre fue el más engreído, querido, mimado y permitido entre todos sus hermanos y sobre todo de sus padres, mientras que su madre vivió fue la luz de sus ojos, su debilidad y el eterno dolor de cabeza de su padre que lo amaba con locura, pero sabía que estaba dejando crecer a un chico sin límites trazados, demasiado libre. Duque, fue creciendo, y a muy temprana edad decidió incursionar en el mundo de las mujeres, el alcohol, ese mundo prematuro para la edad que tenía, estamos hablando alrededor de sus quince años, más o menos. Terminó el colegio, estudió su primera carrera (digo primera, porque estudió varias), empezó a trabajar mocito, diría que al cumplir la mayoría de edad. 

Siempre fue deportista, siempre se preocupó por su figura, por cómo se veía, la vida lo premió con una cara bonita, con una estructura ósea de hombre varonil, fuerte e imponente, digno de llamarse Duque, pues todo él, porque hasta superaba la talla de aquel título de la nobleza.

Era la sensación de todos los grupos a los que pertenecía, las chicas se morían por él y él siempre se dio el lujo de poder elegir con quién salir, pues no había chica que lo rechazara, era encantador, coqueto, de mucha labia y mucho bagaje cultural, uno de los hombres más cultos de su época, según me comentan los que lo conocen, y fueron la fuente de información de primera mano para poder contarles esta historia, que mientras la redacto me remonto a Neverland, al País del Nunca Jamás, donde para Peter Pan y los niños perdidos, nada es imposible y donde pasan cosas insólitas. Siempre destacaba en todo, en todos los cursos, en los trabajos, en los grupos sociales, a pesar de que él siempre decía que no se consideraba tan sociable. Tuvo muchos trabajos, tuvo mucho dinero, dinero malgastado en tragos, diversión, pero también viajes y viajes productivos porque amaba las culturas, amaba conocer sobre el mundo y el mundo mismo. Dicen que su nivel cultural, es como de pocos, tanto por los viajes que realizó como por su pasión sin frenos, por la lectura y la escritura también. Siempre tuvo algo a su favor, siempre tuvo el encanto natural, que muchas veces se convertía en manipulación, manipulación adquirida desde niño dada su condición de niño engreído que se creía dueño del mundo. 

Conforme pasaron los años, él se fue haciendo más grande, el ego fue creciendo, nunca fue mala persona, me dicen que se quitaba el pan de la boca por ayudar a quien necesitara, sin hacer diferencias de estratos sociales, condición económica o color de piel. A parte de su inmensa bondad, su debilidad al transcurrir los años siempre fueron los vicios de la lectura, del estudio, de aprender siempre más, de crecer profesionalmente, pero de esos vicios no quiero hablar ahora, quiero hacer hincapié de los vicios oscuros, como el alcohol, el cigarro, las drogas y las mujeres. El alcohol, después de excesivas pérdidas de todo género, decidió dejarlo, al punto que nunca más en su vida lo probó, del mismo modo el cigarro (fumaba dos cajetillas diarias) y finalmente las drogas (cuentan por ahí que probó todas, sin excepciones). Las mujeres, era un pendiente transversal en su vida, el motivo mayor por el cual se metió en los demás vicios, que como les comenté decidió dejar, porque se dio cuenta que no era feliz con ellos y que le habían hecho mucho, pero mucho daño.

Las mujeres, no le hacían daño, le daban la satisfacción momentánea de un agradable momento, algunas le dieron una seudofamilia; otras, viajes; otras diversión llevada a la perdición, y claro está, que de todas se enamoró, según él, porque el nació enamorado del amor (lo demostró al tener un hijo, al cual ama con locura), enamorado de su familia, sus amigos, de los niños que ve pasar por la calle, enamorado de las cosas, de los paisajes, de los animales, de los carros, de todo lo que se le cruzaba en el camino, y las mujeres era a las que más amaba, instantes cortos, instantes largos, pero las amaba y siempre a puro pulso buscaba el drama, los finales más dramáticos, todo indica que tenía el  complejo de Shakespeare.

  

Un día su perfecta salud, que ni él mismo entendía cómo gozaba de ella, por el tipo de vida que llevó, empezó a fallar, y él no se preocupó en absoluto, porque siempre se creyó inmortal, soberbio como él solo, el más fuerte, el más poderoso, el que todo lo puede, el dueño del mundo que amaba con locura y a la vez odiaba desde el fondo más fondo de su gigante corazón perdido en búsqueda de la verdadera felicidad de la cual estaba consciente que no había vivido ni gozado aún. Durante ese camino largo, las mujeres iban y venían a su vida. Nunca pudo ser fiel, nunca se sentía satisfecho, siempre le faltaba algo más, para poder decir, de acá soy, de acá no me voy, acá me quedo para siempre. El tiempo transcurrió, pero su salud no mejoró, empeoró, y él harto de la situación, decepcionado de la vida, decepcionado de las mujeres, decepcionado de sí mismo, sintiéndose un fracaso humano, un bueno para nada, decidió que se iba a quitar la vida. Tomó la decisión de llevar acabo un suicidio. Lo pensó durante varias semanas, no tenía el mínimo ánimo de seguir respirando, veía negro por todos lados, la seudo luz se había ido de su vida (digo seudo, porque nunca fue feliz en realidad, siempre vivió en la oscuridad), las mujeres lo habían hartado, decepcionado, no había encontrado a la que en el fondo él siempre buscó entre todas y nunca encontró, una mujer simple, llena de amor, que lo quisiera de manera bonita y lo aceptara y apoyara como lo que era en el fondo: un genio, propenso fácilmente a los vicios, un amante de la cultura, del aprendizaje, con miles de manías, filántropo,  con mucho amor  por dentro que no sabía cómo manejar ni mucho menos dar, un hombre tan complejo y difícil, de genio fuerte, genio propio de un león,  pero lleno de temores, temores que opacaban su inmenso y bondadoso corazón. 

Un día se levantó, abatido, decidido a llevar a cabo el suicidio, iba camino a casa, portando una pistola, camuflada dentro de la casaca, cuyo calibre nadie recuerda, y una mujer se cruzó en su camino. Él ese día no se había bañado, no se había arreglado, cabe mencionar que siempre andaba bien limpio, impoluto, parecía siempre un muñequito de torta, impecable y hermosamente vestido, lo cual lo hacía ver más guapo de lo que era por el bendito y perfecto cruce de los genes de sus padres, que dejaron esta vida sin verlo realmente feliz y pleno de amor. Ese día, aquella mujer se cruzó por su camino, de manera natural, no premeditada, simplemente se cruzó, se tropezaron, ella andaba distraída, se chocó con él, se miraron, él puso cara de pocos amigos, con la ceja fruncida, ella le dijo perdón, que tenga buen día, la vida es bella, sonrió y se fue, y con su mirada de niña, de adulta de todas las mujeres en una, le cambió la vida para siempre. 

Ese famoso día el volvió a casa, tomó la pistola, la guardó en una caja, tomó el auto, manejó sin pausa, pero sin prisa, lejos de la ciudad, la enterró tan profundo y tan lejos donde nadie pudiera encontrarla, ese día él fue salvado, con una mirada, con una sonrisa, con unas palabras de respeto y cariño desinteresadas, fue salvado  por un ángel disfrazado de mujer, esa mujer que hoy en día es su compañera, su mejor amiga, su consejera, su más grande admiradora, su más rigurosa crítica, esa mujer que le demostró lo que el tanto buscaba, la mujer de su vida, su alma gemela, EL ENEMIGO MAS GRANDE DEL SUICIDIO,  EL ANGEL DEL AMOR que le salvó la vida, y que le demostró, que los ángeles sí existen, y no siempre tienen alas, a veces sólo visten ropa común pero que con una mirada y unas cuantas palabras, palabras sabias pueden devolverles las ganas de vivir y demostrarles que la vida, siempre será la mejor opción para los que aún tienen la oportunidad de tenerla y vivirla llenos de amor.