¿Y los intelectuales? Se los tragó la tierra

Views: 19

En un lejano lugar retacado de nopales
Había unos tipos extraños llamados intelectuales
Se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos
Pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos.

Los veías en los cafés llenos de libros profundos
Y en eventos culturales olía a conciertos rotundos
Constantemente escribían poemas y cuentos cortos
Y aunque no los comprendían, se quedaban como absortos.

Rodrigo González.

En pleno 2026, apenas se mencione la palabra intelectual y observaremos las expresiones de quienes escuchan esta palabra; como comúnmente decimos los mexicanos, les comienza a zumbar los oídos, no es para menos, porque hay quienes se sienten opacados ante alguien que se presente de esta forma, otros más que su desconocimiento les hace creer que es alguien popular, el que reúne a las masas, un político con buena oratoria y todas estas creencias viven lejos de lo real. Entonces, ¿qué significa ser un intelectual? Antonio Gramsci, en Los cuadernos de la cárcel, los describe no por su profesión, sino por su función social en la estructura del poder. Gramsci afirmaba que todos los hombres son intelectuales, pero no todos tienen en la sociedad la función de serlo.

Aquí la primera definición: Es alguien que aporta conocimientos, a propósito del conocimiento, del cual todos poseemos algún tipo; no todos podemos crearlo, sino reproducirlo; aquí el intelectual produce nuevos conocimientos, nuevos aportes. En el ensayo El arco y la lira de Octavio Paz, en la primera página, para hablar de lo que es la poesía, él afirma que es conocimiento; le sigue la palabra salvación, y en seguida poder. 

Es un hombre que trabaja con ideas, pero ¿cómo es posible si todos tenemos ideas? Eso es cierto; sin embargo, sucede lo mismo que a los que cocinan: todos podemos cocinar, mas no todos ejercemos la profesión de chef. Entonces, ¿dónde podemos encontrarlos? Esta pregunta parece que está por desaparecer, igual que aquellos a quienes se les puede considerar. Estas destacadas personas están dando cursos, dando clases, escribiendo, investigando, dando conferencias, que han basado su conocimiento en algo que está cercano a ellos, algo en lo que han dedicado bastante tiempo, en el que buscan generar un nuevo paradigma. 

Jean-Paul Sartré habla del intelectual como aquel hombre que vive, que no puede dejar de ser lo que es. Este término se ha banalizado tanto que a un hombre que discute sobre política, o que ha escrito un sinfín de libros, sin embargo, algo es seguro: la principal función de alguien que posee conocimiento es brindarlo para vivir mejor en sociedad, y esos a quienes se les adjudica el término sin serlo buscan lucrar con el conocimiento que poseen, buscan apantallar a los demás, creando la expectativa de que sus verdades son absolutas. 

Aunque este término surge en Francia a finales de 1890, con el tiempo su significado se ha deteriorado, es un contraste, es como retomar un término que no se le asignaba a cualquier persona, pero como ya no podemos encontrar con facilidad a personas que hagan aportes importantes, lo único que les queda es nombrar intelectuales a aquellos que detrás de una cámara pueden decir lo que quieran sin miedo a ser censurados, porque tampoco ocupan de certezas, ni de evidencias de lo que dicen, aprovechan que tienen un micrófono para decir lo que otros quieren escuchar. 

Aprovechando que estamos en la semana de la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM) a este tipo de eventos se le da apertura a personajes que más que investigadores, o que hayan realizado algún aporte significativo, abundan desde tiktokers, hasta novatos que son conocidos gracias a los algoritmos de las redes sociales, pero si escarbas un poco más, por su trayectoria, entonces te darás cuenta que lo que los trajo a la FILEM no fue meramente su trabajo, sino el aplauso de las masas. ¿Nuestra sociedad puede que no sepa quién es un gran innovador de ideas? Pero lo que sí podrían explicar es quién es un influencer. 

Incluso aunque la sociedad supiera las implicaciones de ser un intelectual, sería una tarea ardua identificarlos, porque ni siquiera están escasos, han desaparecido, no tenemos muchos referentes de cómo eran. Si alguien sabe de uno, sería importante que lo haga viral; qué buena falta nos hace el cambiar los paradigmas que tenemos; no somos más que el resultado de tanto tiempo viviendo entre las sombras. Mientras tanto, seguiré caminando como Diógenes de Sinope, a plena luz del día con una lámpara buscando un hombre honesto; buscaré entre los que se dicen intelectuales al verdadero porque hasta ahora no lo veo