Agua de la Llave, de Christopher Aguilar-Reyna

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Existe un puñado de años, para algunos afortunados, esa  década en la que uno empieza a ser uno, dejando una huella ante su propia existencia, en la minoría de los casos, como éste, deja uno un testimonio artístico de cualquier índole de su transitar por el lugar de origen, urbano, suburbano, campestre, poco importa. Cualquier lugar vivido desde la niñez, fragmentado, pero con espíritu de supervivencia  donde la moralidad no determina quién es perdedor y quién es ganador, donde una marginalidad autoimpuesta determina la vida por la simple razón de hacer algo contra la cotidianeidad:

fuera de toda lógica y realidad. Tu infancia está en momentos destruida porque esa fantasía fue sostenida por la ingenuidad.

Palabras como totalidad, época, sujeto, narrador quedan tangenciales ante la figura del observador que se erige en la voz de Christopher Aguilar-Reyna en Agua de la Llave” –edición de la UAEMéx, septiembre de 2022– por un crítico implacable del desencanto y los procesos de la soledad interrumpida por la aparición de inquietantes personajes. El desdén, lo fallido, el sentimiento impedido, la ironía son los trances por los que transcurre nuestro narrador protagonista.

Cuando los castillos se desploman en el aire, tras de sí caen todos los vicios del hombre que de vida llama experiencia: individualismo, territorialidad, religión, identidad, clasismo, etc. La sociedad brusca. Nos descubrimos tatuados de situaciones cotidianas y caricaturescas, donde el pueblo por ser pueblo es bueno y por jodido puede hacer sátira del más ruin de los actos. La tiranía es suerte de todos, una extensión de la estupidez. No hay sensibilidad.

 

Sin embargo, estos  procesos suscitarán un  narrador errante,  que vaga, transita por la conciencia de sus otros, apariciones que a él se antojan mágicas  junto a la escatología de la realidad. La degradación presente desde la corta edad de la pubertad, se transformará en lo escrito, lo narrado de lo que aconteció en esos años en los que el refugio es la literatura y la música.

Nos volvemos seres soberbios por revancha. La naturaleza del ser humano y la ignorancia de éste sobre lo esencial e irrefutable de los instintos pulsionales, no te hace una mejor persona. El aroma del absurdo nos envilece y es placer de sabios entender que no hay mayor virtud que el respeto. Lo mismo pasa con la música, la literatura, el teatro, el cine, el dinero, los bienes, las mujeres y los amigos.

Más allá de la recepción de una obra, Agua de la llave nos lleva a cuestionarnos qué hace nuestro entorno con un escritor, sí, nuestro entorno, el Valle de Toluca, el Estado de México, ese de la pobreza, la violencia, los desórdenes mentales ¿será que el siglo XXI hace a los jóvenes pesimistas epistemológicos? ¿filósofos de la noche? ¿libertinos? Nada, tal vez sólo escépticos.