Al Valle de Toluca

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Al Valle de Toluca, penetró primero la espada. Es importante lo que dice el cronista, la llegada de los españoles no fue por las buenas, ni por acuerdos diplomáticos o alianzas por más familiares que hubiere. Fue la espada y a sangre y fuego. Hombres blancos y barbados, caballos con las coces agresivas que seguramente causaban terror en los pobladores. Fuera paso lento o de prisa estos novísimos sonidos fueron en matlatzincas, otomíes, mazahuas y tlahuicas el efecto de pavor que además se acompañaba con el sonido de luz y atronadora de los arcabuces o ballestas de quienes llegaron a arrasar todo lo que se moviera. No se les puede acusar de que fueron lo mismo que Atila viniendo del este de Europa o de tierras del Asia, porque los españoles trajeron —como dice el poeta Pablo Neruda— el oro de las palabras.

Palabras que se acompañaron con la evangelización, pues antes que las imágenes se invocó el mensaje en lenguas que formaron un territorio de admirables matices culturales. No es menor la epopeya de traer el castellano y las imágenes de un Cristo en la Cruz, unido a todo aquello que acompañaba los santos y símbolos de un Dios que por igual era el Padre, el Hijos y el Espíritu Santo. Idea de un Dios formado en tres personajes que tanto le hacía meditar al escritor Jorge Luis Borges sobre tal propuesta dentro de una religión creada en el mundo. Al Valle de Toluca penetró primero la espada, dice el cronista municipal de Toluca. Una verdad incontrovertible. Tres aportaciones en la revisión de esta conquista: Espada. Palabra, Imagen. De ellas se hizo el imperio español en América Latina. Escribe don Poncho: No sabemos que durante la expedición de Sandoval al matlatzinco, se dijese alguna misa y todavía no habían llegado los “Doce” a la Nueva España. “A raíz de la Conquista —dice el licenciado Mario Colín— los primeros obreros evangélicos fueron religiosos de la Orden de San Francisco y en 1524 llegaron los famosos “Doce” (Antes había llegado Pedro de Gante con Tecto y otro fraile más) encabezados por Fray Martín de Valencia y se derramaron en la zona de la Altiplanicie mexicana…

Por eso resulta de pleno gozo estudiar la historia de aquellos siglos pues da idea del mundo que se estaba formando para crear una cultura que viene del siglo XV y aún no concluye en su formación de migrantes y redes sociales. Fenómeno del siglo XXI es prueba de que la humanidad no ha sido la comunidad estática nunca. Siempre en su peregrinar buscando nuevos paisajes, nuevos territorios que dominar o para asentarse por generaciones y formar las nacionalidades del mundo moderno. Pero que en esa idea de nacionalismo queda claro que si se encierra en sí misma, termina por ser ajena a la vocación de la humanidad, que aspira a ser un ente social que rechaza el aislamiento. Cuenta don Poncho: De lo que hoy es nuestro Estado, escogieron preferentemente Chalco y Texcoco. En esta última población estuvo nada menos que el talentoso Fray Pedro de Gante, donde fundó, según creemos, la primera escuela para elementos indígenas de que se tiene noticia: “San José de Belén de los Naturales”. Primero la espada, después la palabra y luego la imagen… y con la palabra llega la educación, por un lado religiosa y por el otro el mundo laico que es tan anciano este término de lo humano, pues corresponde a su civilidad de la que él es el solo culpable. No puede culpar a Cristo de sus malas versiones en la vida social o culpar al diablo o a Satanás por motivos de negación de la ética o de su deshonestidad inmoral. Educación, un concepto que llega con aquellos frailes que veían más allá que la pura ambición por riqueza y acumulación material en territorios y campos para la agricultura o la domesticación de animales.

Escribe don Poncho: No estuvo mucho tiempo este evangelizador de Texcoco, ya que sus inquietudes lo cambiaron constantemente de ubicación, pero su obra en ese lugar es de gran importancia para el estudio, de ahí salió Pedro de Alva Ixtlixóchitl, el “Homero chichimeca” como le dicen algunos. Educación para dar faros que han de guiar a sus comunidades y pueblos a mejores estamentos de vida social. Pedro de Alva es antecedente de aquellos que en el siglo XIX han de dar luz a Toluca en el Instituto Literario con el magisterio de Felipe Sánchez Solís y de Ignacio Ramírez “El Nigromante”, o la vida estudiantil de un genio como Ignacio Manuel Altamirano. Cuenta el cronista: Por lo que toca al Matlatzinco, es también muy probable que los franciscanos se presentaran temprano y precisamente del grupo de los “Doce” (fray Andrés vino años después) ya que existen evidencias en el sentido de que para 1533 ya estaban en construcción el Convento de San Francisco de Toluca, en el lugar que hoy ocupa la mole catedralicia”, Cierto, el retorno a conocer qué sucedió con el nacimiento de la Toluca moderna nos obliga a estudiar el indigenismo en todas las épocas, y a la vez, pide que pongamos atención a ciertos años que son piedra de toque para comprender su pasado: en el año de 1533 a Toluca le decían Pueblo o Pueblito pero no Ciudad. Esto lo debe saber el cronista que se diga que lo es. El historiador que presuma de serlo. Año que es parteaguas entre el pasado indígena y el nuevo mundo venido de la evangelización, pero también de la explotación de quienes hicieron del maíz y el cerdo sus fortunas que son en ciertos casos legendarias al revisar ese pasado. 

Señala en su obra histórica: Sin embargo, la fundación de las nuevas cabeceras, del Matlatzinco, en especial Toluca y Metepec, se fundaron a instancias, por gestiones y por la labor que desarrollaron los naturales, que en su mayor parte estaban aún al arbitrio de la Audiencia en Nueva España. Somos resultado sólo del indigenismo o sólo de los españoles que buscan por todos los medios el tener el poder total sobre miles de indígenas que no comprendían cómo su mundo había cambiado en tal medida. 

Los hechos que se suceden en aquellos años son de lo más interesantes, dice el cronista: La política militar y civil de Cortés son buriladas a la perfección, porque va tomando en cuenta todas las circunstancias del lugar, de tiempo, de temperamento, etcétera, que hacen falta a la configuración de un cuadro positivo, de un retrato auténtico del enemigo a vencer. Insistiremos en que Cortés es un renacentista de grandes aptitudes para la improvisación genial. Sánchez García pone el punto en reconocer al líder, gobernante, ambicioso hombre que con cálculo maquiavélico va hilando en todo el territorio del altiplano su huella de gobernante que debe de estudiar a fondo, para mejor explicarlo, como lo recomienda Francisco de la Maza. Volver a Hernán Cortés: Los Cabildos no sólo le dan una base legal de Gobierno desde Veracruz, sino que, en cierta forma, cazan perfectamente con esa organización casi comunal que revisten los barrios y corporaciones indígenas en que el cacique (aun los grandes emperadores), recurren a cierto tipo de entrega de la tierra y a la adopción general de consejos y ruedas de funcionarios, como el Tlalocan, capaces de emitir acuerdos de indiscutible validez legal, que el jefe sólo habrá de poner en vigor mostrando su capacidad de dirigente

La persona y la institución fueron armas de Cortés para mantener a raya lo que hacía por principio la espada antes que la doctrina católica que ha de venir años después. Cita don Poncho: Después de la conquista, es indiscutible que Cortés estuvo varias veces en la región matlatzinca, se cerraron convenios, se recurrieron, en muchos casos, al traslado de otomís-mazahuas hacia los parajes que habían dejado desiertos la huida de los matlatzincas y la destrucción de los que habían permanecido en sus trincheras. A sangre y fuego fue la conquista. Con el terror en el rostro y manos amarradas, por el miedo de no saber contra quién luchaban. El Hernán Cortés que conoció la región matlatzinca fue capaz de matar sin medida, pero también, en bautizar a aquellos indígenas que estaban dispuestos a ponerse bajo sus órdenes sin chistar. Alianza familiar aprendida en Europa.