Amor Digital

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¿Qué es el amor? ¿cómo comprender sus causas y efectos? Son quizás de las preguntas que surgen continuamente en nuestras relaciones inter e intrapersonales, y que, a su vez, muchas personas idealizan como un sentimiento ligado a la felicidad, o inclusive, hay quienes refieren su importancia como pilar de las emociones que permite al mundo existir tal cual es y evolucionar.

También, podemos identificar posturas racionales o emotivas respecto al amor, en el primer caso, desde una perspectiva fisiológica y química, se vincula con un coctel de hormonas que predisponen a una persona a diversos efectos, desde la simpatía, el agrado y la docilidad, a la agresividad, la pasión y la resistencia, dependiendo del contexto en el que dicho sentimiento sea expresado y se traduce en acciones específicas en un estado que pudiera equipararse  a una cuasi interdicción, es decir, que disminuye las capacidades racionales y que empuja a nuestros sistemas vitales desde un ámbito más primitivo y asociado a los instintitos.

Desde el punto de vista de los instintos o las emociones, el amor genera un espacio metafísico en el que se desarrollan las ideas y fluye la creatividad, como el origen y fin de la vida y de toda la creación, posiblemente, el amor es quizá, la fuerza más poderosa de la realidad tangible e intangible y que a su vez, constituye el principal motor de todo lo que existe.

Sin embargo, como hemos señalado previamente, una de las características de lo digital es hacer tangible lo que tradicionalmente resulta intangible, y en ese proceso, como en su momento he señalado que una de las dimensiones y concepciones de la privacidad pueden darse como el ejercicio de las libertades para lograr la felicidad en función del respeto de la naturaleza de la personalidad, si el amor, constituye una de las principales vías para lograr dicha felicidad, el amor puede considerarse como un sentimiento / emoción ligado a la privacidad, y por ende, como uno de los atributos que se encuentra ligado al contenido de los derechos de la personalidad.

En mayor o menor medida, cualquier persona actúa en función del amor y las emociones se manifiestan como una gradualidad de dicho sentimiento, al punto en el que podría considerar que para todos es un enigma cómo se transforman esas sensaciones y cómo aplicarlas de manera asertiva en las relaciones de nuestra vida, parte de lo que hace maravilloso al amor, es ese enigma que se genera en torno a su entendimiento y el alcance de su aplicación en nuestras vidas.

En resumen, la calidad o cualidad de lo humano puede entenderse en función del amor, con independencia de que a través del mismo sentimiento y energía es posible establecer una relación con otros seres vivos, solamente, por el momento los seres humanos podemos llegar a este sentimiento en función de que somos los únicos que podemos comunicar y describir dicho afecto como parte de nuestras vidas, sin que esto niegue le posibilidad de que los animales y las plantas, puedan expresar amor, por el momento, dada nuestra estructura social, comunicativa y lingüística el ser humano es el único ser que puede afirmar que existe el amor, sin que conozca con claridad o exactitud su contenido, ni, mucho menos pueda demostrar de manera unívoca su alcance.

Sin embargo ¿qué pasaría si pudiera medirse el amor y demostrarse su contenido a través de los registros asociados al mismo? ¿en qué medida, dicha medición acabaría con la existencia de lo que nosotros conocemos como amor, y, en qué medida nos ayudaría a generar relaciones amorosas? ¿el conocimiento acerca del amor genera efecto inverso en cuanto a su ejercicio? es decir, ¿entre más conocemos del amor, más lo racionalizamos o más lo sentimos? ¿en qué medida afectaría a las personas más jóvenes la existencia de la artificialidad del amor, o, su recreación a través de los algoritmos? Finalmente ¿En qué medida la aleatorización de los algoritmos puede remplazar la espontaneidad del enamoramiento real? ¿resulta equiparable uno y otro?

Hoy en día, pareciera que cualquier aspecto de la realidad es susceptible de ser emulado en el ámbito digital y por ende, hay quienes apuestan a que nuestras relaciones intrapersonales puedan transitar hacia un modelo virtual, lo cual, actualmente desde el punto de vista técnico pudiera resultar factible si se considera el avance de la realidad virtual, la realidad aumentada en diversas dimensiones sensoriales, la robótica y el procesamiento de escenarios, por lo cual, será necesario identificar en qué medida las personas están dispuestas en virtualizarse y en interactuar con dichos mecanismos, aún cuando pudiéramos estar de acuerdo o no con dichas alternativas.

Si bien en la mayoría de los casos nos enfocamos hacia lo positivo, el amor también son errores, fracasos, desilusiones y aprendizajes que nos permiten encontrar a la persona con quien nos ha tocado estar, con independencia de que sea la adecuada o no, o de que cumpla las características de compatibilidad, es más, la supuesta compatibilidad a la larga resulta un cliché que se puede romper con la mínima alquimia de atracción en un espacio de oportunidad y la suficiente psicología de complicidad, es más, quizá inclusive la fórmula sea más simple, si combina una de las almas el frío de la soledad con una simple chispa de cordialidad.

Sin embargo ¿qué es lo que pasa si colocamos en medio de esas personas destinadas a encontrarse un algoritmo que contrario a ese desorden y caos en el que surge el amor, un algoritmo que por naturaleza va a establecer un orden que no se requiere y, un filtro, que posiblemente lo único que provoque es generar un falso bálsamo en un corazón roto o expectante de un amante? ¿el mecanismo ideado como solución, por sí mismo, no resultaría contrario a las libertades más básicas de las personas, que va mas allá al derecho a equivocarse y de generar un aprendizaje, sino de ese derecho “a coincidir”? ¿de qué forma se vuelve legítimo permitir algoritmos en mecanismos sociales en entornos digitales cuando se combinan negocios y sentimientos?

Hoy en día los mecanismos para conseguir relaciones, amistades o citas por internet, constituyen gracias a su grado de vinculación con los usuarios uno de las principales modelos redituables que en muchas ocasiones se ven envueltos de dudas razonables no sólo sobre sus bases de usuarios, sino de la forma en la que gestionan los algoritmos para establecer una funcionalidad agradable con los usuarios que pueda dosificarse para mantener las relaciones con sus clientes en un plazo prolongado, sin embargo, considero que dichas aplicaciones se han visto salvadas de la ruina puesto que el modelo de interacción todavía es híbrido y se mantiene el margen de error propio de las relaciones naturales, por lo que dichas aplicaciones, solo son un catalizador que dinamiza las relaciones sociales, sin que, genere un impacto significativo, positivo o negativo, en la manera en cómo las personas se relacionan.

No obstante, las tendencias pudieran apostar en algún momento hacia la digitalización de las relaciones humanas, y en particular, las que hemos comentado, sobre las relaciones amorosas, con la falsa idea de que los algoritmos pueden solucionar, algo que conforme la naturaleza humana, no necesita ser arreglado.

Al tratarse de una fuerza poderosa, sería preferible seguir enamorado del amor, y no dejar ese espacio en manos de los algoritmos, aunque, bueno, hay quienes defiendan las relaciones amorosas entre humano – máquina, y si bien, por el momento pueden llamarse anticuado, habrá que identificarse en las discusiones futuras si el amor digital puede virtualizar los sentimientos, o solamente se trata de un falso escape en nuestras soledades, que requiera además de aviso previo, una estructura adecuada que nos ayude a proteger nuestras libertades, así como nuestros datos personales, que directa o indirectamente, dotarán al amor digital, de contenido afectivo.

Hasta la próxima.