Amor propio

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Los índices de violencia en prácticamente todos los espacios de interacción han condicionado el comportamiento de cientos de miles de personas; es tal el grado de estrés que enfrentamos, porque el cerebro así lo decide, nos lleva al punto de sentirnos miserables, inútiles o incapaces ante los embates del entorno.

Esos pensamientos de infravaloración personal pueden tener consecuencias funestas, desde el autoboicot hasta la inhibición de conductas con el consecuente efecto adverso que nos limita.

Nada ni nadie debe hacernos sentir de esta manera, por alguna razón hay quienes permiten que el otro, desde su cobardía, genere estas sensaciones adversas; es de vital importancia recuperar la autoestima.

Esto significa también un ejercicio de congruencia, no podemos seguir predicando a los cuatro vientos que somos bien sensibles, cuando somos intolerantes con nosotros mismos; no podemos presumir de buenas personas, cuando aprovechamos la primera oportunidad para menoscabar a todo y todos.

El amor propio debiera ser el principal motivo para salir adelante y enfrentar con dignidad las problemáticas de un mundo tremendamente voraz; el amor propio es la mejor arma para derribar molinos y ganar batallas; el amor propio es el mejor remedio para todos los males.

Por supuesto, no debamos confundirlo con la arrogancia; tan común y presente en la vida cotidiana.

Todo comienza con un juicio personal en el que debemos poner en la balanza todos nuestros elementos constituyentes; lo físico, lo moral, lo intelectual y lo espiritual. Debemos reconocer todo lo que hemos logrado y trazar caminos para alcanzar todo aquello que anhelamos.

Después viene un proceso de aceptación de uno mismo, resulta estéril seguir comparándonos con los demás, porque cada ser humano tiene condiciones y características únicas e irrepetibles.

Dejar de lado los estereotipos, es absurdo hacer cambios sólo por pertenecer, lo verdaderamente valioso es modificar aquellas conductas que son abiertamente maliciosas y transformarlas en acciones positivas en toda la extensión de la palabra.

Hay que pujar con incrementar nuestro patrimonio psicológico, lo que significa la aceptación positiva de la propia personalidad y elementos que la conforman: voluntad, pensamientos, inteligencia, consciencia, lenguaje y actitud, por citar solo algunos.

Procurar relaciones saludables en el entorno sociocultural en el que me desenvuelvo; cuando soy capaz de establecer vínculos positivos en mis espacios de interacción, estoy dando muestras de un verdadero amor propio que hacer crecer.

Encontrar en el trabajo una fuente de satisfacción y no de dolor o inconformidad; con la dedicación adecuada y el compromiso en toda su fortaleza; quizás es en este espacio en donde más permitimos ser sobajados o humillados por otros con carencias que no han sabido sanar adecuadamente.

Evitar a toda costa la envidia, sensación que carcome y envenena; el odio, tan nocivo para la salud física y mental.

Con pequeños ajustes, podemos buscar empatía más que antipatía; nos cuesta lo mismo, pero pareciera que preferimos la segunda.

Todo ello conlleva un trabajo personal que probablemente nos tome mucho tiempo, el que sea que se invierta nos ofrecerá una posición más establea con el mundo, todo es cuestión de intentarlo.

horroreseducativos@hotmail.com