Anales de Xilotepec

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Poner atención a sus escritos es obligación en Toluca, pues resulta increíble que en estos tiempos la vida de Garibay nos sea ajena. Dice Brambila: Captó que para conocer el lenguaje era preciso profundizar tanto en la cultura como en la historia; por eso se le considera pionero en estudios mexicanistas. Su acercamiento a la vida cotidiana, sus reflexiones sobre las memorias guardadas celosamente y sus cavilaciones acerca de los otomíes, ello se recupera en esta obra. Cierto el libro Los otomíes en la mirada de Ángel María Garibay, es un texto de obligado estudio para comprender la riqueza cultural de un hombre que está en el mismo nivel de los muralistas, de Octavio Paz y Alfonso Reyes, de Emilio El Indio Fernández, de Luis Buñuel, de Samuel Ramos o nuestros premios Nobel en temas de la Paz y el Medio Ambiente. Ángel María Garibay, le dicta, metafóricamente, la Visión de los vencidos a Miguel León-Portilla: porque Garibay hace relato de los vencidos desde sus estudios de crónica e historia.

Por eso nos podeos ignorar el texto que lleva el título: Manuscrito de Jilotepec. Copia hecha por Ángel María Garibay que aparece en el libro Los otomíes en la mirada de Ángel María Garibay, coordinado por Rosa Brambila Paz, se encuentra la manera cómo estudia los documentos o textos de gran importancia para contar los hechos de una comunidad, en este caso, para Jilotepec, uno de los pueblos antiguos y municipio más importantes del Estado de México. Leo al respecto que: Anales de Xilotepec es un documento del siglo XVI, propuesto y anotado, y en la nota aclaratoria se dice: El documento que aquí se presenta es un manuscrito del archivo de Ángel María Garibay que se encuentra en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional, en la caja No. 7, expediente 096. En la Introducción las palabras del padre Garibay dejan en claro lo referente a su encuentro con dicho Códice: Arreglando el Archivo Parroquial de Jilotepec en el año de 1918, en el cual yo era Vicario encargado, a la muerte del Sr. Cura Lic. D. Luis Juárez di con la doble copia de un documento que llamó mi atención por las noticias que hallé referentes a la antigüedad de dicho pueblo.

Podemos imaginar al joven cura que va con la doble personalidad: sacerdote que difunde e imparte la religión cristiana y la del investigador que sabe que la cultura Otomí es una expresión de gran importancia para valorar lo que fueron y somos los mexicanos. Lo que relata el padre Garibay es lo que les sucede a los cronistas de todos los tiempos, que en archivos municipales o parroquiales o en lugares inimaginables aparecen de pronto los tesoros de toda comunidad o de gran importancia para todo un país. Escribe: Desgraciadamente las dos copias parecían malísimas. La una estaba hecha a máquina cuya cinta azul ya gastada, si bien permitía leer el documento, en algunos puntos parecía equivocada. La otra, a lápiz de mano de Vicente Dorantes, notario que había sido de la parroquia, me mereció más fe y de ella me serví para hacerla mía. Ambas copias quedaron en el archivo y allí deben hallarse, o no: me es imposible precisarlo en este momento

Me recuerda el punto de los documentos en copia, al suceso que le aconteció al padre Aureliano Tapia Méndez, que encuentra en ciudad de Monterrey una Carta de la Me. Juana Ynes de la Cruz, cripta a el R:P:M Antonio Nuñez de la Campa de Jesús. Dice el padre Aureliano: Se ve a las claras que no es autógrafa, no está fechada ni firmada por Sor Juana. Es una copia de su tiempo, ya que su estilo de letra itálica corresponde visiblemente a su época. La encontramos muy semejante a los manuscritos que conocemos de estamento de Sor Juana Inés, y atestiguado por su confesor el padre don Antonio Núñez de Miranda, y la grafía también es muy semejante al documento de la donación de una esclava mulata que hizo Isabel Ramírez a su hija doña Juana Ramírez de Asbaje, el 25 de febrero de 1669. Aquí tenemos dos ejemplos de cronistas que encuentran un tesoro que lleva sus incógnitas bajo el rostro de una copia

En investigación apasionada el cronista Ángel María Garibay cuenta: Procuré informarme acerca del original de ambas copias y nada saqué en limpio: en tanto que unas personas me decían que estaba en el archivo municipal, otras me aseguraban que había estado en el de la parroquia y de ahí había sido vendido, o sustraído por algunos de los párrocos anteriores y aún se me citaba el nombre, que no lo repito por ser de tal gravedad la afirmación que necesitaría yo la certeza para afirmarlo, y carezco de ella. Como quiera que sea, creo muy difícil dar con el original y más en México, en donde de la noche a la mañana desaparecen los más valiosos documentos para ir a resultar, años y aun meses más tarde, en las bibliotecas de los Estados Unidos del Norte. Aquí escuchamos la voz del cronista —no del sacerdote—, pero sí del estudioso de las Sagradas Escrituras, al bajar al mundo terrenal encuentra el saqueo del pasado de Jilotepec, documentos vitales, para saber el tiempo pretérito del pueblo. 

El orden mental del padre Garibay permite saber cómo es que transcurre en sus investigaciones, dice: Precisamente para evitar que aun mi imperfectisima copia pueda perecer y con ella quizá hasta el recuerdo del documento en cuestión, he querido escribir el presente estudio, lleno de lagunas y a todas luces de poco valor, pero que podría tenerlo en el caso de haberse perdido original y copias a que me he referido. Su manera de trabajar es enseñanza para quienes tienen vocación de cronista en municipios, delegaciones o ciudades; deja claro cuáles son los pasos y el respeto que merece todo documento o hecho histórico de lugar que se toma para estudio e investigación histórica. 

Así enumera pasos que componen su trabajo: El presente estudio contiene: A. Una copia literal hecha sobre la copia a lápiz del Archivo Parroquial de Jilotepec, tal cual se hallaba, con la indicación de folios y grabados. B. Una tentativa de reconstrucción ensayada por mí, para darle al documento una lectura más asequible, conservando todo el tenor del primitivo, como se puede ver cotejando ambas redacciones. C. Una serie de notas aclaratorias e ilustrativas de algunos puntos que me parecían necesarios u oportunos hacer, según mis alcances y los poquísimos medios de que dispongo en mi rincón de la montaña: escasísimos unos y otros. D. Unos cuadros o deducciones que ponen ante los ojos, de manera fácil de leer las noticias dadas por el documento. Cuatro pasos que cualquiera de los cronistas mexiquenses en la actualidad han de reconocer, como parte de su diaria vida. Asistir a una charla sobre crónica y formas de trabajo con Ángel María Garibay en aquellos tiempos era —tal y cual asistíamos— con reverencia a charlas de Miguel León-Portilla en las dos primeras décadas del siglo XXI. 

Seguir el relato del padre Garibay nos da lección de cultura de la crónica que vale oro, dice: Abundan las inexactitudes en lo referente a fechas y detalles de hechos o personas, como haré ver en las notas, pero creo que más deben echarse a cargo de las copias que del documento que no conozco original. En todo caso la trama es muy exacta. / Una de las causas de la confusión está en que el autor de los Anales reúne y a veces entremezcla hechos referentes al reino azteca, con los que tocan a su pueblo, si se trata de la época precolonial, y enreda algunos de la época posterior a la Conquista: una y otra deficiencia dicen mucho en favor de la veracidad y en contra de la comprensión histórica del autor

¿Qué tiene de extraño que un indio, por culto que se le suponga, en el año de 1589, cuando muy tarde, no sepa conservar la perspectiva histórica, ni la distribución geográfica o étnica de los hechos, cuando nosotros, con todo el volumen de estudios y cronistas hacemos otro tanto, y cuando, las más respetables autoridades, como Clavijero, Orozco y Berra, León y Gama, etcétera no logran ponerse de acuerdo en punto de cronología y atribución étnica? Un escrito de gente sin letras o de muy poca, valdrá tanto como las conjeturas que se hagan fundadas en la vacilación crítica. Con tal que dicho escrito sea auténtico. De ello se hace el historiador y el cronista, de revisar a diario libros y documentos, hemerografía completa.