+ Aplausos, Minutos de Silencio y Ofrendas para Muertos de AMLO
La frase
Hemos intercambiado dolores, abatimiento, euforia y el desasosiego de desenvolvernos a ciegas es un horizonte hermético.
MANUEL LONGARES
EL DETALLE: Le puede o no gustar por su forma de pensar, pero Manuel de Jesús Espino Barrientos, tiene trayectoria, lo mismo fue presidente del PAN a nivel nacional que ahora está en Morena.
Fue presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América. Actualmente es Comisionado del Servicio de Protección Federal. Antes estuvo al lado de Patricia Durán, en la alcaldía de Naucalpan.
Hoy encabeza la entidad denominada Ruta Cinco, por lo cual estuvo el fin de semana en Tenancingo.
ELECCIONES HOY: Este día, en el país con la economía más poderosa, hay elecciones.
Donald John Trump de 74 años, busca la reelección por el Partido Republicano.
Joseph Robinette Biden Jr. Es el contendiente de 77 años de edad por el Partido Demócrata.
Pero las elecciones que serían las más copiosas de los últimos años, no son para elegir a los dos candidatos, sino para designar a electores de cada estado que votarán por uno de los candidatos.
A los electos por el pueblo se les denomina compromisarios y cada estado, incluido el Distrito de Columbia aporta un número determinado de compromisarios en base a su número de habitantes. O sea que uno es el voto popular y otro el voto electoral.
El número de compromisarios asciende a 538 y el número mágico para que uno de los dos contendientes gane, es sumar 270 compromisarios, es decir la mitad más uno.
Por un lado un candidato que es presidente, Donald Trump que se distingue por tener incontinencia verbal, es indiscreto y mentiroso, sin proyecto para su país y que puede latinizar las elecciones si pierde.
Y por el otro un ex vicepresidente, Joe Biden, con larga trayectoria política, que fue el vicepresidente número 47 y que ha sido senador durante 36 años y amigo de Barack Obama.
¿Quién ganará?
Aplausos, Minutos de Silencio y Ofrendas para Muertos de AMLO
Ya muy cerca de los 100 mil muertos y el millón de contagios a causa del Covid-19, tan sólo en los registros oficiales y unos 200 mil más que han fallecido en el presente año a causa de la violencia que impera en todo el territorio nacional, no han sido suficientes para que el presidente Andrés Manuel López Obrador corrija su estrategia de atención a la pandemia y a la violencia en todas sus expresiones en el país, aunque han sobrado los aplausos, los minutos de silencio y ahora las ofrendas en ocasión del “Día de Muertos de AMLO”.
Hospitales, servicios forenses, funerarias y cementerios no se dan abasto para atender a las víctimas de la pandemia y de las masacres que tienen convertido a México en un auténtico campo de sangre, como nunca en la historia de los movimientos armados, de las pestes o de los fenómenos naturales.
Los reclamos y las manifestaciones callejeras han sido la postal de cada día en la capital del país y en cada punto de la república mexicana que pisa el presidente Andrés Manuel López Obrador, en protesta por los tibios apoyos de su gobierno al personal médico que atiende a los pacientes del coronavirus, lo mismo que a las instituciones que puedan prevenir la violencia generalizada contra las mujeres, la niñez, los adultos mayores y las familias mexicanas en general.
El mismo presidente Andrés Manuel López Obrador se ha empeñado en no usar el cubrebocas y en desacreditarlo como el instrumento más efectivo para prevenir los contagios, por el mero hecho de sostener su dicho trivial desde el inicio de la pandemia, cuando burlonamente lo etiquetó como un símbolo de ineficiencia para prevenir la influenza durante los gobiernos panistas.
Igualmente por su incontrolable necesidad de sentirse respaldado, querido y aplaudido por el pueblo, el presidente López Obrador rechazó en todo momento las medidas de confinamiento que pudieron haber acotado los márgenes de contagio en las regiones del país. “No pasa nada, hay que salir, abrazarse y realizar las actividades normales en los tianguis, mercados, restaurantes, empresas y centros comerciales”, se ufanaba en gritar mientras brincaba de un pueblo a otro besando niños, abrazando mujeres y tomándose fotos por doquier.
Las cifras de muertos se han multiplicado, lo mismo a causa del Covid-19 que a consecuencia de las masacres sangrientas en calles, carreteras, pueblos, ciudades, negocios, en el transporte, en salones de fiestas y aún en las funerarias, pero el presidente sigue con su discurso simplista de negar la realidad y minimizar los estragos en las vidas, la economía, el empleo y la seguridad de las familias mexicanas, con tal de evadir responsabilidades y culpabilidades de su gobierno y de su función presidencial.
El presidente López Obrador no se ha movido un ápice en su postura original de que tanto la pandemia como la violencia terminarían en cuestión de días tan solo como resultado de la voluntad presidencial y la bondad del pueblo mexicano, sin necesidad de asumir responsabilidades drásticas con acciones preventivas, curativas o sancionadoras.
Mantiene su necedad en limitar los equipos, instrumental y capacitación en los servicios médicos, lo mismo que en las medidas de combate a los grupos criminales, por lo que las víctimas mortales siguen saturando los panteones y enlutando los hogares mexicanos.
Pero para Andrés Manuel López Obrador, el mes de noviembre, simplemente será un motivo para montar un escenario más en los patios del Palacio Nacional, ahora en ocasión de la festividad del Día de Muertos, como antes lo hizo para celebrar el Grito de Independencia, su Informe de Gobierno o el aniversario de su triunfo electoral, da lo mismo, los muertos no importan, importa que los vivos sigan aplaudiendo las bondades del gobierno transformador que no defiende la vida, pero celebra en grande a la muerte.
Pasada la festividad del Día de Muertos, seguirán acumulándose las víctimas mortales a causa de la pandemia y de la violencia en México, pero el Presidente se mantendrá inamovible en su postura de seguir recortando el presupuesto al sector salud, con tal de salvar, no las vidas de los mexicanos, sino las obras que le obsesionan, aunque nadie le pidió y menos las necesita: la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía, Pemex y CFE.
Los “muertos de la pandemia y la violencia” le aseguran a Andrés Manuel López Obrador un sitio en la historia de México, no al lado de Hidalgo, Morelos, Madero y Cárdenas, como él hubiera querido, sino al lado de Antonio López de Santa Ana, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón, por los incalculables daños ocasionados a la nación, y a los mexicanos, ¿no le parece a usted, estimado lector?


