Apuntes para mis hijos
En la excelente edición del libro que recordamos siempre de don Benito Pablo Juárez García, que con tan tierna mirada deja a sus hijos para que vean de dónde viene —sin tener—, como sucede en toda obra clásica que hacen los genios, su existencia que ha de ser clásica entre las vidas clásicas que son ejemplo para la humanidad. Juárez es un clásico de los grandes. Y lo es en una materia o área de la cultura donde en toda nuestra historia humana se dan tan pocos ejemplos: la política por desgracia tiene pocos ejemplos que sean muestra de que es el área de la virtud y de la conducción de la comunidad o los pueblos, con principios y normas por fundar o acatar por encima de intereses de facción, estrato social o grupúsculo.
Su libro –de entrada subrayo– es lección de sociología que en pleno siglo XXI sigue vigente: pobreza extrema para los indígenas y campesinos o habitantes del bajo proletariado, donde destacan Chiapas, Guerrero, Oaxaca y el centro de México, capital y territorio mexiquense por su desarrollo desigual en la urbanización y sus estratos sociales que le habitan.
Lecciones de sociología y pedagogía en tan pocos renglones venidos del siglo XIX al XXI. Para vergüenza de generaciones que han gobernado este país en 199 años de independencia. Nos cuenta Benito: Además, en un pueblo corto, como el mío, que apenas contaba con veinte familias y en una época en que tan poco o nada se cuidaba de la educación de la juventud, no había escuela, ni siquiera se hablaba la lengua española, por lo que los padres de familia que podían costear la educación de sus hijos los llevaban a la ciudad de Oaxaca con este objeto y los que no tenían la posibilidad de pagar la pensión correspondiente los llevaban a servir en las casas particulares a condición de que les enseñasen a leer y escribir.
Leer con atención palabra a palabra la autobiografía del prócer es nuestra obligación. Meditar, reflexionar con sumo cuidado lo que fueron esos años para nuestro mayor héroe de la Reforma, sin menospreciar a los sabios como Ignacio Ramírez El Nigromante y don Melchor Ocampo, dos genios de trascendencia renacentista. Nada de lo humano les fue ajeno, y al propio Nigromante la idea de Dios, le sirvió para proponer su tesis al entrar a la Academia de San Juan de Letrán siendo un joven avejentado, por tantas horas de estudio e investigación de todo tipo de conocimientos.
Pensemos: ¿Cómo a tan tierna edad se enfrenta a todas las condiciones en contra?, y cuánta era su instinto de superación, por lo que seguramente se rompía a cabeza buscando senderos, caminos abruptos, calles o avenidas que le permitieran salir de ese destino de pobreza y aislamiento social, al que se les destina a quienes viven o vienen de la pobreza extrema o de la pobreza a secas; nacer, crecer y morir en el lugar donde se nace. Porque una cosa es hablar del pasado —sin comprender el contexto—. Ese contexto en Sor Juana Inés de la Cruz y en Ignacio Manuel Altamirano está ahí, el pequeño nacido en Tuxtla, pueblito perteneciente al enorme territorio del estado de México que alcanzaba el puerto de Acapulco en la mitad del siglo XIX. Es legendario recordar que Ignacio con su padre, vinieron hasta la ciudad de Toluca, para pedir una beca que le diera posibilidad a Altamirano para estudiar. Otro genio buscando con madurez de adulto que le dieran posibilidad de estudiar. Así Sor Juana, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez El Nigromante y don Benito Juárez.
Sociología y educación, en esa lucha por ser alguien, sin saber qué… para no pertenecer a aquellos que la desigualdad social pone en el mundo brahamánico, que dice: quien nace para ser píes, ha de ser píes siempre; quien nace para ser tronco sólo tronco; y bienaventurados, los que nacen para ser cabeza —es decir— los ricos, políticos o de alta alcurnia social, que han de ver por siglos y siglos a desposeídos, a lo más, para decir ¡pobrecitos, pero así nacieron y así se han de quedar!. Pobreza social y pobreza educativa y cultural. Escribe Benito Juárez: Éste era el único medio de educación que se adoptaba generalmente no sólo en mi pueblo, sino en todo el Distrito de Ixtlán de manera que era una cosa notable en aquella época, que la mayor parte de los sirvientes de las casas de la ciudad era de jóvenes de ambos sexos de aquel Distrito.
Es una proeza la que los pueblos hacen para encausar una revuelta contra el viejo orden que carcome toda institución democrática, pero también, es una proeza la que un individuo, hombre o mujer, hace para levantarse del destino aciago que pobreza e incultura le deparan, y forjarse una presencia en la historia como ejemplo de perseverancia, recta actitud y altura de miras para ser alguien que ocupe el lugar que sus gurús pedagógicos le llamaron a ocupar: Sor Juana Inés de la Cruz vuelve a aparecer, y en su Carta de respuesta a Sor Filotea de la Cruz nos da el ejemplo pedagógico más acabado, donde nos dice cómo es que desde niña su ansiedad por saber leer y escribir se había convertido en su pasión de vida. En esto Sor Juana Inés no es menos que nuestros sabios contemporáneos: Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges o el poeta Alí Chumacero, grandes lectores y ejemplos de carácter pedagógico que el sólo seguir sus huellas permitiría al pueblo de México ser un pueblo de lectores.
Las reflexiones de un genio que sabe que hay escapatoria al incierto destino para el que había nacido. ¡Ir lejos es la única solución! Escribe: Entonces más bien por estos hechos que yo palpaba, que por una reflexión madura de que aún no era capaz, me formé la creencia de que sólo yendo a la ciudad podría aprender y al efecto insté muchas veces a mi tío para que me llevase a la Capital (Oaxaca); pero sea por el cariño que me tenía, o por cualquier otro motivo, no se resolvía y sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría. Por otra parte, yo también sentía repugnancia separarme de su lado, dejar la casa que había amparado mi niñez y mi orfandad y abandonar a mis tiernos compañeros de infancia con quienes siempre se contraen relaciones y simpatías profundas que la ausencia lastima, marchitando el corazón. ¿Quién es este infante que tiene tales reflexiones? Cierto es, que cualquier otro niño que ha de restar en su comunidad en aquellos dos siglos atrás del que vivimos, podía decir que se había nacido para estar en el campo con la tarea de labriego, o ser pastorcito hasta madurar, como adulto tener uno que otro animal como propiedad, pero no más allá de una nacer, vivir y morir, sin otra expectativa posible.
Benito Juárez no era de esa madera. Los genios de todas las áreas de cultura del ser humano rebasan tales camisas de fuerza que las circunstancias les imponen. Son contrarios a la idea de que el hombre es él, y sus circunstancias como lo escribe el filósofo español José Ortega y Gasset. Los genios, ¡bienaventurados sean!, van más allá de esas circunstancias. Las cuales cuando se habla de un marxismo mecanicista, de robots por decir, señalan equivocadamente que las condiciones económicas son aquellas que aferran cualquier destino de los pueblos, y tales condiciones los obligan a ser sólo eso. Es decir, las condiciones económicas ejerciendo su dictadura sobre pueblos e individuos para obligarlos a ser pobres si pobres son, o ricos si ricos son. Ese marxismo mal encausado llevó en el siglo XX a las burocracias totalitarias y a la dictadura de clase sobre las demás. La vida de Benito Juárez es ejemplo para la humanidad y no sólo para los mexicanos. Pocas palabras al leer su clásico libro en letras e historia del país; con lectura lenta y reflexiva nos dá lecciones de mucha importancia.

