Argumentos curiosos

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Por mi labor profesional pude ser testigo de un par de reuniones que una institución educativa tuvo con igual número de padres de familia, en aras de precisar algunas dudas con respecto al proceso formativo de sus hijos.

En el primer caso, el padre (con una actitud prepotente) comenzó su disertación (de 50 minutos) echando por delante toda la experiencia profesional en el ámbito educativo que ostentaba; asesor de la SEP, directivo de instituciones diversas, experto en psicopedagogía y un sinfín de talentos que Obama no tenía.  Acto seguido (otros 40 minutos), fue destrozando uno a uno a cada docente del Colegio porque, desde su calificada opinión, ninguno cumple con las aptitudes o conocimientos necesarios para atender a su hijo, que en creencia de sus padres, es el ser más amado del mundo y sumamente comprometido.

En esa idealización, su lógica es lineal, yo estoy bien y todos los demás están mal; queriendo defender lo indefendible, porque la realidad (mostrada con evidencias) es que su amado retoño, dista mucho de tener un comportamiento de excelencia en las aulas, pues no muestra su rostro completo en las sesiones síncronas y tiene un desempeño regular.

Mis ojos y oídos no podían creer lo que sucedía, pues me parece una falta de respeto absoluta pretender cuestionar a todos los docentes de una escuela, simplemente porque a mí no me gusta cómo enseñan. Entiendo que haya diferencias con uno a dos, pero ¿con toda la plantilla, incluidos directivos? Evidente que el problema no es la escuela.

Versa el adagio, el buen juez por su casa empieza, y quien dice tener tanta sapiencia sobre el tema educativo, lo primero que debiera hacer es buscar aplicar todo ese conocimiento en sus propios hijos, ¿no sería un maravilloso primer paso?

Recordemos que entre más conocimiento tenemos, más humildes debemos ser; si no lo somos, no hemos aprendido nada y todo ese conocimiento es estéril; por otra parte, no podemos dejar de lado la congruencia. Por ejemplo, un doctor en educación no puede ostentarse como tal si los hijos no son de excelencia académica, hablar desde la teoría sólo refleja la incapacidad de aplicar lo aprendido.

El segundo caso, un matrimonio mucho más amable que, tras la argumentación de las autoridades escolares con respecto al desempeño del joven, aceptaron todas las recomendaciones y sugerencias recibidas, incluso confrontándolo para comprometerle en público frente al cuerpo directivo del centro educativo. Hasta ahí todo muy bien, el asunto subió de tono cuando, al solicitarle integrar a su vástago en el grupo de WhatsApp del salón, el padre, enfurecido, externó que de ninguna manera, porque es sabido que el gobierno de los Estados Unidos utiliza esa red social como una forma de controlar a los mexicanos.

Más allá de las creencias personales, lo que en ocasiones no entendemos como padres es que, al tomar esas medidas, estamos aislando a nuestros hijos de las pocas maneras de comunicación que se tienen en un momento de aislamiento como el actual.  Los condenamos a la soledad y, en muchos casos, a la depresión.

Curiosos argumentos que, de no haber escuchado, pensaría que son parte de un mal capítulo de la Dimensión desconocida.

horroreseducativos@hotmail.com