Atlacomulco en la voz de sus Poetas
Existe una tristeza serena que dejan los hombres grandes, esos cuya vida no se mide sólo por los años vividos, sino por la huella que dejan. Antonio Corral Castañeda fue uno de ellos: maestro, cronista, investigador, pero sobre todo, un hombre que supo escuchar el latido profundo de su tierra y convertirlo en palabra, en memoria y en legado.
Su vida fue una forma de lealtad. Lealtad al magisterio, a la historia, a su pueblo. Desde las aulas sembró disciplina, conocimiento y ejemplo; desde los archivos y los libros, rescató lo que el tiempo parecía condenar al olvido. Y así, con paciencia de artesano y amor de hijo fiel, fue reuniendo voces, fechas, nombres, corridos, poemas y testimonios para devolverle a Atlacomulco su rostro más vivo y verdadero en varios libros.
Atlacomulco en la voz de sus poetas es una obra disímbola, como la llama el Maestro al referirse a las aptitudes, la inspiración y el amor de hijas e hijos escritores, para quienes Atlacomulco fue objeto de observación y regocijo, esos, los que han mojado en tinta su pluma en homenaje a su tierra natal, Ilamándola con cariño e inmensa estima Pueblecito mio. Atlacomulco es mi Tierra, Atlacomulco de mis Amores o Lindo Atlacomulco, por mencionar sólo unos titulos. Nunca mejor dicho más que en palabras del Maestro Antonio Corral Castañeda, quien también nos dijo:
Muchas han sido las personas que le han expresado su querencia a este su solar natio a través de diferentes formas poéticas, algunos tal vez modestos, pero con mucha emotividad. Otros se han erigido a través de su obra literaria en reconocidos exponentes de las letras, con una obra más rica y acabada, pero en ambos casos estamos obligados a rescatar, a conservar y a ponderar en toda la extensión y el valor que tienen.
Los natios como llegó a nombrar tanto a los textos como a los autores, en el sentido de un término en latín que significa nación, raza, tribu o pueblo y cuyo origen se remonta al verbo latino nasci, que significa nacer. En la antigua Roma, el concepto se utilizaba para describir comunidades unidas por vínculos naturales, geográficos o culturales.
Hay hombres que pasan por la vida dejando luz. Antonio Corral trabajó con la constancia de quien sabe que la memoria de un pueblo se construye con cuidado, con rigor y con ternura. Por eso su obra no es solamente un conjunto de libros: es una casa abierta para la identidad de Atlacomulco, un archivo del alma colectiva, una ofrenda hecha con inteligencia y amor.
El objetivo sigue siendo el de recoger, para que no perezcan en el olvido, los poemas, cantares, corridos, sonetos, odas, himnos y prosas que nos pertenecen y que estaban por ahí extraviados, casi olvidados y, peor aún, desconocidos por la mayoría de los coterráneos.
Quienes lo conocieron saben que en su carácter había seriedad, disciplina y una nobleza reservada. Pero también había una pasión profunda por nombrar lo que debía permanecer. En cada investigación, en cada página, en cada rescate documental, dejó claro que la historia no es pasado, sino una necesidad del presente. Gracias a su trabajo, muchos pudieron volver a mirar su tierra con ojos renovados, reconociéndose en ella.
En esta segunda edición, aumentada y reestructurada (escribe el compilador Maestro Antonio Corral sobre “Atlacomulco en voz de sus poetas”), se agregan varias composiciones actuales que me fueron proporcionadas por los propios autores, algunas más que fueron encontradas y/o localizadas como producto de una intensa y minuciosa búsqueda en diferentes fuentes documentales, así como otras que por falta de información no fueron consideradas en la primera edición. Son ya 95 composiciones selectas las que se han logrado coleccionar y que se presentan en este libro, reorganizadas ahora en siete grupos según la temática a la que se refieren: Composiciones dedicadas al Lic. Isidro Fabela; Composiciones dedicadas a Atlacomulco; Composiciones sobre hechos y lugares de Atlacomulco; Composiciones dedicadas a personajes de Atlacomulco; Composiciones de carácter costumbrista; Composiciones hechas a instituciones educativas y de carácter religioso y Composiciones con otra temática.
Hoy su ausencia duele, pero su legado permanece, silencioso y firme, como permanecen los árboles antiguos: dando sombra. Permanece en los libros que escribió, en el museo que ayudó a fundar, en la memoria de los suyos y en el afecto de una comunidad que lo recuerda con gratitud. El Homenaje Póstumo se realizó en la Universidad Politécnica de Atlacomulco en el Domo Universitario el pasado 23 de Junio 2026, con asistencia de su distinguida familia, amigos y artistas.

