+Ausencia de Toluca y tardanza de Edoméx en la fiesta de Stellantis; Avanzan las Mujeres en Participación, Pero No en Igualdad: IMCO

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La frase

Llegar a tiempo a las citas y reuniones es una fase de autodisciplina y evidencia de respeto a uno mismo.

MARVIN ASHTON

 

UN AUTÉNTICO OSO: El pasado jueves 9 de abril, en la ciudad de México en el Centro City Banamex se realizó la gran fiesta de la empresa Stellantis para presentar sus nuevos modelos de vehículos y los de sus aliados, en un evento y fue encabezado por el CEO de este Stellantis México, Daniel Alejandro González.

El evento reunió a lo más granado de los empresarios de México, así como artistas, clientes y público en general, entre quienes estuvieron el gobernador de Coahuila el priísta Manolo Jiménez Salinas, así como el presidente municipal de Saltillo Javier Díaz González.

¿Por qué fueron invitados estos dos polìticos?

Porque Chrysler, el antecedente de Stellantis, tiene planta en Saltillo, pero también en Toluca.

¿Por qué no estuvieron la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y el presidente municipal de Toluca, Ricardo Moreno Bastida?

La gobernadora no fue mencionada quizá porque argumentó que no podría asistir, pero el presidente municipal de Toluca si fue mencionado y hubo un profundo vacío, porque nunca apareció.

Daniel Alejandro González.

Fue mencionada Laura Teresa González Hernández, titular de la Secretaría de Desarrollo Económico del gobierno estatal, pero el silencio fue casi sepulcral. 45 minutos después apareció muy oronda con más pena que gloria la titular de la economía estatal. Sin duda realizó el oso de la noche y dejó en mal el nombre de nuestra entidad, aunque me dicen que esa es su costumbre, llegar tarde a todos los eventos.

Entre los invitados especisales estuvo José Manzur Quiroga, coleccionista de vehículos.

Avanzan las Mujeres en Participación, Pero No en Igualdad: IMCO

En cien años, las mujeres avanzaron de 6% a 49% en participación laboral, pero no en igualdad, señala el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), concluyó el equipo de investigadores periodísticos del medio digital Animal Político.

La investigación periodística les arrojó que la participación laboral femenina en México pasó de 6% en 1900 a 49% en 2020, pero ese avance no se ha traducido en igualdad económica porque, a pesar de un siglo de transformaciones en educación, salud, derechos y participación pública, las mujeres siguen enfrentando mayores obstáculos para acceder, permanecer y crecer en el mercado laboral, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Y es que en el estudio Mujeres en la economía: 100 años de datos, el IMCO advierte que, pese al progreso, el principal desafío pendiente es su plena inclusión económica. También señala que persisten brechas estructurales en ingresos, en la distribución del trabajo no remunerado y en el acceso a posiciones de liderazgo, así como dinámicas de violencia y discriminación que limitan el ejercicio de su autonomía económica.

Tremendo oso de Laura González Hernández.

El documento muestra que la presencia de las mujeres en la fuerza laboral creció de manera sostenida durante más de 120 años. En 1900, 6% de las mujeres en edad laboral en México participaba en el mercado laboral, para 2020, esta proporción alcanzó 49%”, indica el estudio. Sin embargo, este incremento histórico no ha garantizado condiciones laborales equitativas. El IMCO señala que “la participación económica de las mujeres aumentó de forma paulatina en las últimas décadas; sin embargo, su inserción sigue marcada por brechas estructurales en ingresos, informalidad y acceso a posiciones de liderazgo en las empresas.

La brecha salarial se ha cerrado a lo largo de las últimas tres décadas, pero aún persiste. Según el informe, la brecha salarial se redujo a la mitad en tres décadas, al pasar de 27% en 1995 a 13% en 2025. Esto implica que hoy las mujeres ganan en promedio 87 pesos por cada 100 de los hombres. El estudio subraya que, aunque la igualdad salarial está reconocida en la Constitución, todavía existen retos serios para hacerla efectiva, principalmente porque faltan mecanismos de transparencia, seguimiento y sanción que garanticen su cumplimiento.

Por otra parte, la informalidad es uno de los frenos estructurales para la autonomía económica femenina. El análisis advierte que 54% de las mujeres se concentra en empleos informales, lo que limita su acceso a seguridad social, penaliza sus ingresos y oportunidades de desarrollo. Esta condición, señala el documento, afecta especialmente la estabilidad económica de largo plazo, pues reduce las posibilidades de acceder a pensiones contributivas y profundiza la vulnerabilidad en la vejez.

El IMCO también documenta que la desigual distribución de tareas domésticas y de cuidados continúa siendo una de las principales barreras para la igualdad económica. El estudio expone que las mujeres dedican alrededor de 40 horas semanales a estas tareas, mientras que los hombres destinan 16 horas. Esta sobrecarga tiene un impacto económico nacional: En 2024, el trabajo no remunerado en los hogares representó 26% del PIB, cifra que rebasa sectores completos como la industria manufacturera y el comercio. A pesar de ello, el marco legal en materia de cuidados ha evolucionado lentamente. El estudio recuerda que fue hasta 1970 cuando se consolidó en la Ley Federal del Trabajo la licencia de maternidad de 12 semanas y que este esquema sigue prácticamente igual, pese a los cambios demográficos y laborales del país.

En materia educativa, el estudio documenta que en poco más de un siglo las mujeres transitaron de altos niveles de analfabetismo a convertirse en mayoría en la educación superior en México, un cambio estructural que transformó sus oportunidades profesionales y sus trayectorias de vida. Además, señala que a inicios del siglo XX 78% de las mujeres no sabían leer ni escribir, mientras que para 2020 esa cifra cayó a 5%, una reducción que también cerró de manera significativa la brecha histórica entre hombres y mujeres.

Instituto Mexicano de Competitividad.

A lo largo de las últimas siete décadas, la matrícula femenina en universidad se expandió con rapidez, pasando de 3 mil estudiantes en 1950 a 2.6 millones en 2020, luego de alcanzar la paridad en 2010 y consolidarse como mayoría en años posteriores, aunque aún concentradas en áreas de estudio vinculadas al cuidado y la docencia, entre las de menor remuneración. Esta expansión educativa modificó decisiones fundamentales en las trayectorias de vida, como la edad para contraer matrimonio o el número de hijos, y estuvo estrechamente relacionada con un aumento en la participación económica. El documento subraya que cada expansión en la cobertura de la educación superior estuvo acompañada por un aumento en la participación económica de las mujeres, lo que hizo de la escolaridad un motor clave para la autonomía laboral, aunque sin traducirse plenamente en mejores condiciones.

El informe también detalla que las mujeres viven, en promedio, más que los hombres, pero advierte que esa mayor longevidad no garantiza seguridad económica en la vejez, y explica que vivir más años no necesariamente implica vivir con mayor seguridad económica, debido a trayectorias laborales interrumpidas, menor participación en empleos formales y un acceso limitado a pensiones contributivas.

En 2023 la esperanza de vida femenina alcanzó 79 años, pero esta mayor duración de la vida también se traduce en un riesgo ampliado de vulnerabilidad económica, especialmente porque la titularidad de cuentas de ahorro para el retiro sigue siendo significativamente menor entre las mujeres.

De acuerdo con el análisis, la mitad de los hombres tiene una cuenta de ahorro para el retiro, frente a 34% de las mujeres, una diferencia asociada a que muchas mujeres no tienen trabajo o nunca trabajaron, lo que refleja el vínculo directo entre informalidad, trabajo no remunerado y desprotección previsional.

El envejecimiento poblacional amplifica estos desafíos, pues la menor fecundidad y el aumento de la esperanza de vida generan presiones adicionales sobre los sistemas de cuidados y de retiro.

En este escenario, la falta de acceso a pensiones contributivas y la elevada dependencia del trabajo informal colocan a un número creciente de mujeres mayores en condiciones de mayor fragilidad económica, profundizando las brechas de género incluso después de finalizada la vida laboral. En hora, entonces, de corregir el rumbo y acelerar el paso, ¿no le parece a usted, estimado lector?