AVATARES DE LA ENSEÑANZA

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Ángel J. Hermida Ruiz, expresa de sucesos históricos que se dan en el siglo XIX y que ayudan a comprender el contexto socioeducativo que se sucede en tales años, dice al reconocer la Ley Orgánica de Instrucción Pública de 1867: Se acaba con la educación dogmática: la libertad llega a las aulas. Y la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza, son banderas que se imponen. Suena bonito, pero sabemos que la realidad es siempre terca a los mejores ideales de aquellos que han sido bien nacidos y desean hacer lo mejor para sus pueblos. En este caso para la educación. Cita, además, el autor del libro La reforma educativa liberal de Ángel J. Hermida Ruiz: Daba unidad a la enseñanza —expresó el Dr. Luis E. Ruiz— encarnando el más grande pensamiento y trayendo la reforma elevada y fecunda. Era la ley el fiel reflejo de la trascendental iniciativa de 33, felizmente renovada en 61; traía en su apoyo como base, toda la ciencia y el poderoso empuje de los progresos a que se había llegado en la enseñanza.

Tres leyes en 1833, en 1861 y 1867 definen el deseo y espíritu de la educación en este país tan golpeado por los intereses más aviesos, en los cuales de fuera y de dentro no le dejaban alcanzar un mínimo de paz social, de convivencia democrática. Escribe más adelante el autor: Debemos llamar especialmente la atención —señaló igualmente el Dr. Ruiz— sobre el hecho de que por primera vez y de un modo especial, se fijó el gobierno en la instrucción primaria, proclamando que su fomento es la primera de las necesidades sociales e indicando la forzosa necesidad de declararla gratuita y obligatoria. Esa Ley sufrió reformas en 1869.

El estudio de las cosas se da de manera especializada, pero si se pierde el contexto, entonces no se comprende lo que sucede, y esos años, a 150 de ellos para los que vivimos en el año 2022, puede alejarnos de los grandes problemas que un país semidestruido por guerras internas y al exterior, daban un panorama en el cual el proponer educación obligatoria y gratuita, en un territorio sobre todo rural, más allá de las enormes haciendas que se fueron consolidando en la época del porfirismo al aprovechar los deslindes con las propiedades de la Iglesia que llegaron a ser enormes. Ir a las leyes educativas, dice Ángel J. Hermida Ruiz: El encargo de redactar la Ley en 1867 y organizar la educación del país, fue hecho a una comisión presidida por la figura principal del positivismo en México, Don Gabino Barreda. A su lado estaban destacados intelectuales: Pedro Contreras Elizalde —otro distinguido positivista—, Francisco y José Díaz Covarrubias, Eulalio Ortega e Ignacio Alvarado”. Los hechos bárbaros de la política no dejan ver el panorama de un país, al perder la visión en las otras áreas de cultura humana, dejamos de comprender los valores de una nación cuando ésta lucha con todo por llevar adelante sus ideales en todos los campos. En este caso, se escribe de la vida educativa de México, el atender a los intelectuales y pedagogos de ese tiempo, nos permite comprender más el enorme mosaico de riqueza humana que existió, por encima de la violencia y la rapacería que duele al revisarla en los hechos de la historia patria.

Tiempos clásicos los de la educación, cuando se está a punto de entrar ante la anarquía de la patria a la dictadura como mejor manera de gobernar a un país bronco, que no desea estarse en paz. Cuenta Hermida Ruiz: En la Escuela Preparatoria, creada por la Ley, fue donde más se hizo sentir el positivismo, basado su plan de estudios, en el conocimiento de las ciencias tal como lo concebía esa filosofía. Choque frontal al mundo de la teología que venía de la época medieval, en pleno siglo XIX cuando Europa había librado esta batalla en países como Inglaterra, Francia o Alemania, llevando con ello el progreso a las aulas de todos sus sistemas educativos. Pero en el nuevo México esta batalla librada por los liberales en el siglo XIX comprueba que no fue fácil, y llevar al otro extremo, es decir, no más el mundo de las ideologías religiosas y sí el de la ciencia, pues con ella todo es posible entenderlo decían los estudiosos del positivismo. No es extraño que por este camino se deseara por parte del clero el excomulgar a todos aquellos que desde Institutos Educativos Liberales en varias entidades, como Oaxaca, Zacatecas, Jalisco o el estado de México, se les viera a administradores, profesores y alumnos como la representación del demonio en carne y sangre.

Cuenta Hermida Ruiz al respecto de la Preparatoria: El plantel fue de gran trascendencia en la vida de México y dio mayor fuerza y vigor a las ideas liberales. El estudio de los sucesos didácticos que vinieron con la propuesta de hacer una educación preparatoria comprueba el paso que se dio de manera definitiva para plantear dos cosas, la obligatoriedad y gratuidad de la educación primaria en todo el país —que quedó como territorio ante la voracidad norteamericana—, y el cambio definitivo en los estudios que tenían obligación de basarse en hechos científicos y no más basados en dogmas y creencias no comprobables. Podemos imaginar los choques ideológicos y no sólo de armas y balazos que trajeron aquellos años en la vida independiente para el nuevo México. No es extraño que el poeta cubano y por su praxis, vuelto mexicano, se sintiera triste y desalentado por los hechos que en el mundo de la política y la educación se sufrían con los cambios de gobierno, fuera este liberal o conservador. En el mundo de la educación los institutos, pocos, que había en el país eran atacados por el conservadurismo quitándoles todos los apoyos posibles y hostigándolos en todos sentidos. Las batallas por la educación fueron tan graves y crueles como lo eran las batallas en el campo de guerra. Por eso escribe Hermida Ruiz: Sin embargo, más tarde, chocaron los criterios oficiales con el de Barreda, y las doctrinas educativas de ésta, fueron, en buena parte, haciéndose a un lado, poco a poco.

Mundo en eterna crisis. Siguiendo la lectura del libro leo: Benito Juárez cuenta para la reforma educativa con la colaboración de hombres tan ilustres —además de los citados— como Ignacio Ramírez, Antonio Martínez de Castro e Ignacio Mariscal. El paso inicial era arrebatar al clero el control de la educación y darle la nueva y moderna filosofía. En concordancia con los intereses del México que nacía. Se rompen los viejos moldes, se esfuman las tinieblas y, se estudia el paso siguiente. ¿Qué nos hace diferentes a 150 años de estos acontecimientos a los mexicanos del año 2022?… Los hechos del siglo XIX siguen vigentes en la vida nacional, lo que sucede es que los mexicanos de esta hora poco estudiamos a quienes sembraron las primeras cosechas del sistema nacional de enseñanza con todos sus subsistemas que se han venido creando a lo largo de décadas. Entender primero lo que ha sido la escuela primaria en 200 años de Independencia no obliga a saber si se ha realizado tal y como la pensaban los liberales del decimonónico siglo. Obliga a revisar con sumo cuidado hasta dónde el sistema y sus variantes han cumplido o sólo han sido propuestas que vienen de todas partes, pero nunca del mundo pedagógico, que en este caso es el que debe reinar sobre los demás intereses. En México todo ha sucedido en la educación, pero muchas veces, ha reinado más la política, economía, ideologías de todo tipo, pero poco el interés por el pueblo y sus mayorías. No es extraño que Iván Illich nos diga una y otra vez que la escuela ha fracasado en América Latina, en el texto citado En América ¿Para qué sirve la escuela? Sus apartados en el libro citado dicen todo: El mito liberal y la integración social; La Alianza para el Progreso (de las clases medias); La escuela: institución anticuada; El monopolio de la escuela sobre la educación; La escuela como manía obsesiva; La escuela: tabú intocable; La escuela en el mundo de la electrónica; La escuela como símbolo de status; La escuela: creadora de déspotas. Finales de los sesentas, para entonces el pedagogo polaco plantea una revolución que cincuenta años después le está dando la razón en el mundo de la electrónica y las nuevas tecnologías para enseñar todo a todos. En este largo camino se encuentran los educadores de aquel siglo que nos parece lejano: el XIX.