Bajo Costo
Hubo un tiempo en que volar era una experiencia civilizada, los asientos de los aviones eran bastantes cómodos, la comida que servían a bordo no sólo era buena, sino abundante; cerveza, vino… no le pedía nada a un restaurante de categoría en tierra. Uno podía viajar con maletas del tamaño de sarcófagos sin ningún cargo extra y tampoco sin ninguna restricción. Nadie te desnudaba, ni se te quedaban mirando fijamente pensando que pudieras ser un terrorista, ¿Qué se supone que haga con una botella de plástico que contiene agua? ¿No puedo viajara con esta cadena? ¿ni el cortaúñas? Piensan que soy un agente súper entrenado capaz de matar o hacer daño a alguien con estos sofisticados artefactos.
Antes era todo un lujo poseer una computadora en casa, eran grandes, pesadas y ocupaban gran parte de la recámara. Rápidamente desplazaron a las vetustas máquinas de escribir. Pero no sólo eso, también a las igualmente vetustas, grandes y pesadas enciclopedias. Esas computadoras evolucionaron hasta integrarse a los teléfonos inteligentes, o las tabletas. Hoy ocupan el mismo lugar que un libro de bolsillo.
En el pasado tener muchas cosas acumuladas en tu casa era sinónimo de gente adinerada. No tener muchas cosas en casa era sinónimo de gente pobre. El minimalismo se vendió como una opción a la liberación del consumo, y se convirtió en la forma más cara de consumir que existe. Tener poco o nada cuando puedes tenerlo todo es performance, un lujo. La estética de la carencia convertida en versión premium.
Volar ya no es un lujo, como tampoco lo es poseer una supercomputadora en la palma de tu mano, con la capacidad suficiente para visualizar todo el conocimiento de la humanidad, donde, además, puedes almacenar más fotografías que en toda la historia de la fotografía misma.
Pensar empieza a ser un lujo. La gente con alto nivel económico empieza a buscar escuelas donde sus hijos no tengan que usar pantallas táctiles, y en cambio, tengan que usar, no sólo libros, sino libros largos, y pesados, que ayuden a despertar su nivel de concentración.
¿Será que para progresar vamos a tener que retroceder?
En el momento en que todos pudimos volar, en el momento en que todos pudimos almacenar datos, en el momento en que todos pudimos acumular… la riqueza se empezó a mostrar sustrayendo.
El mundo se está dividiendo en dos: por un lado, están los postalfabetizados, gente que no tiene capacidad de concentración y que son altamente manipulables, gente que deja su pensamiento en manos de la llamada Inteligencia Artificial, y caen en el falso argumento de que es una herramienta que sabiéndola usar ayudará a su desempeño, ignorando que seguirán alimentando al sistema. Aquí la cuestión es ¿realmente sabrán lo que significa saber usarla?
Por otro lado, están surgiendo los privilegiados, aquellos con una mente mucho mas entrenada y capacitada para poder concentrarse durante periodos más largos, y poder sacar, como siempre, partido de todo lo acontecido.
El futuro se pinta incómodo, pequeño y limitado, tal como los apartamentos, carísimos, por cierto, que se ofertan en renta en las zonas que se autoproclaman exclusivas y minimalistas. En pocas palabras, un futuro de Bajo costo.

