Batalla por Tenochtitlan
Imposible no seguir lecciones a través del libro Historia del Estado de México de cómo sucedió la conquista de Tenochtitlan, por parte del conquistador Hernán Cortés y sus huestes. Hacerlo en párrafos de ingenio, conocimiento y capacidad relatora que de sobra tiene Sánchez García, para contar la historia del centro del país y de la entidad mexiquense. Su consejo dice que hay que leerlo a él, pero también ir a otros textos, para comparar sucesos de crónica e historia desde distintas ópticas. Reviso el libro de Pedro Salmerón Sanginés, La Batalla de Tenochtitlan, publicado por Fondo de Cultura Económica en 2022, en cuarta reimpresión, texto de éxito suficiente para haber salido en 2021, en primera edición y al siguiente año en su cuarta publicación. Señala en portadilla que contó con colaboración de Edna López Sáenz. Texto con suficientes citas de autores e investigación de gran ayuda, para comprender años anteriores al 13 de agosto de 1521.
Todo comenzó literalmente el 12 de octubre de 1402, donde queda claro que fue empresa económica y no de conquista política o evangelizadora. La historia comprueba que no existe ambición más grande que la de carácter económico —no política—, el objetivo de los Reyes Católicos es contar con territorios para llevar y traer mercancías, que hagan del comercio el bien de la península Ibérica. Se encontraron un mundo a dominar y no lo desaprovecharon, poniendo a capitanes bandoleros y ambiciosos como se le dijo frecuentemente al plebeyo Hernán Cortés. Pedro Salmerón presenta un texto lleno de riquezas y datos que hacen ver el largo camino que lleva a españoles a dominar Mesoamérica; no hay que pensar en la fecha de derrota de aztecas… sino el indagar de múltiples sucesos que hacen más cierta e interesante la epopeya de vencedores y vencidos. Cito: En 1511 un navío cargado de esclavos que hacía recorrido de Darién a La Española naufragó cerca de Yucatán. Ocho sobrevivientes llegaron a la costa. Dos de ellos seguían vivos cuando apareció por ahí Hernán Cortés: Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, quien le habría narrado los hechos a Cervantes de Salazar en estos términos: […] saltando de la barca los que quedaron vivos, toparon luego con indios, unos de los cuales con una macana hendió la cabeza a uno de los nuestros, cuyo nombre calló; y que yendo aturdido, apretándose con las dos manos la cabeza, se metió en una espesura do topó con una mujer, la cual, apretándole la cabeza, le dexó sano, con una señal tan honda que cabía la mano en ella. Quedó como tonto; nunca quiso estar en poblado, y de noche venía por la comida a las casas de los indios, los cuales no le hacían mal, porque tenían entendido que sus dioses le habían curado, pareciéndoles que herida tan espantosa no podía curarse sino por mano de alguno de sus dioses. Holgábanse con él, porque era gracioso y sin perjuicio vivió en esta vida tres años hasta que murió.
Libro mágico, de leer y releer por citas que están llenas de sabiduría y de certeza. Al retornar a don Poncho, lo que escriben quienes han estudiado tales hechos tienden a acercarse y darnos así un escenario que no fue nada gratificante durante esas tres décadas para llegar a dominar el altiplano de las culturas indígenas. Cuenta: Todos estos datos sirven para nuestro estudio para discernir en qué época cayeron en manos de los conquistadores las regiones de nuestra Entidad que ocupan gran parte del Valle de México. Así podemos ver que, por razones estratégicas, fueron ocupadas aun antes de que Cortés intentara el sitio de Tenochtitlan. Es también evidente que los principales caciques de esos poblados cayeron en manos de Cortés al mismo tiempo que el emperador Azteca. Más tarde se les verá acompañando en el tormento a Cuauhtémoc. Un resumen rápido, a vuelo de ave, el que nos entrega el cronista municipal de Toluca, quien era un lector habido y persistente. Lectura que enriquece es el texto de Pedro Salmerón: ¿Cómo se cuenta el primer encuentro entre la superioridad moderna y el atraso? Marzo de 1517: en las cercanías de Cabo Catoche, actual estado de Quinta Roo, desembarcó a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba un centenar de españoles con 15 ballestas y 10 escopetas. Yendo de esta manera, cerca de unos montes breñosos, comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra que tenían en celada para matarnos; y a las voces que dio, los escuadrones vinieron con gran furia y presteza y nos comenzaron a flechar de arte que de la primera rociada de flechas nos hirieron quince soldados […] Luego, tras las flechas, se vinieron a juntar con nosotros pie con pie y con las lanzas a manteniente nos hacían mucho mal. Más quiso Dios que luego les hicimos huir, como conocieron el buen cortar de nuestras espadas, y las ballestas y las escopetas; por manera que quedaron muertos quince de ellos. Terminando el “rebato”, los españoles tornaron a los barcos y siguieron costeando hacia el occidente. Varios días después, en Champotón tuvieron varios enfrentamientos con los indios.
La mala costumbre de ir a las fechas emblemáticas sin atender los sucesos que vienen de lejos. Para llegar al 13 de agosto de 1521 han de pasar 29 años de largo peregrinar de cientos y cientos de españoles ambiciosos: muchos de ellos de oscuros datos biográficos, que sabían que en esta experiencia podían cambiar el triste porvenir si seguían en la España medieval en que vivía la monarquía católica.
En página 22 del libro de Pedro Salmerón, titula Presagios: No tenemos ningún relato indígena ni cuasiindígena de las expediciones de Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva. Nuestras primeras fuentes de reacción frente a la irrupción española son las tlaltelolco-franciscanas, las del pasmo y la sorpresa del capítulo anterior… como si los españoles hubieran aparecido de la nada. Y con estos relatos nos hemos quedado,.. Pero antes del pasmo están los “presagios”, que lo justifican. Según las fuentes cuasiindígenas retomadas por los frailes de los siglos XVI al XVIII, antes de conocer la existencia física de los españoles, los mesoamericanos y especialmente los mexicas, muy particularmente Moctezuma, tuvieron “presagios” de su llegada. Y esa idea se reíte en la historiografía, en la mitología y en la literatura. Los informantes de Sahagún hacen el recuento de ocho “presagios funestos”. El cronista tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo coincide con ellos. Van desde un cometa hasta incendios sin causa aparente; desde rayos que caen en el templo hasta agua que hierve sin explicación… una mujer que lloraba por sus hijos, un ave con espejo”. Todo se junta cuando se trata de hablar o estudiar de las epopeyas en la historia humana: cuando la conflagración sobrepasa a la razón humana, que en el siglo XVIII los europeos dicen que todo lo puede saber, que todo lo puede explicar. No ha bastado la razón europea ni americana para comprender cómo fueron esas tres décadas decisivas para fundar una nueva cultura que hoy es fortaleza de América y expresión universal por su riqueza en todos los campos de la cultura. Cuenta Salmerón y López Saénz: Esos presagios, esa “superstición”, resultan particularmente poderosos, porque impactan de manera decisiva a Moctezuma, el “afeminado”, “cobarde”, “supersticioso” gobernante “todopoderoso”.
Así lo describe Lucas Alamán, haciendo suya la versión dominante. Cuenta el cronista toluqueño: La toma de Tenochtitlan se realizó después de un sitio que duró desde mediados de mayo, hasta el 13 de agosto, en que el Emperador trató de abandonar la plaza para hacer efectiva la resistencia en otro lugar, puesto que su orgullosa urbe era ya insostenible”. Importante será lo que cuente el cronista, después de esa fecha fatídica para culturas de Mesoamérica; hace saber cuáles fueron las circunstancias que llevan a los españoles a dominar el Valle de México, pero también, el Valle de Toluca, donde otomíes y matlatzincas son baluarte de una rica extensión en tierras, agua y vegetación de ensueño. La ambición y crueldad de conquistadores no para.

