Beca y estudios en el extranjero
En la sesión ordinaria del 24 de julio de 1853, la Junta Superior de Gobierno de la Academia acordó las disposiciones respecto del concurso para conceder las pensiones en Europa en los ramos de pintura, arquitectura y escultura, en las que se establece el procedimiento para los concursos respectivos, además de las características de las pensiones: 8ª. Disfrutará cada pensionado cincuenta pesos mensuales incluso al cambio pagaderos en Europa, por el término de seis años. El goce de la pensión comenzará desde el día en que llegue el agraciado al punto que le designe la Junta Superior de Gobierno de la Academia. Además se abonarán a cada pensionista quinientos pesos para el viaje de ida y quinientos pesos para el de vuelta. Los pensionistas deberán embarcarse en el paque(bo)te inglés que salga de Veracruz el mes de abril del año 1854. Extraña es la vida humana, extraña la de una comunidad cualquiera.
México se debate en ese año de 1854, en lo que llamamos la Revolución de Ayutla y, un joven genio de las artes y la arquitectura —junto a otros compañeros de generación—, tienen la ilusión de estudiar en el extranjero como su mayor ambición: legítima a todas luces, pues nos darán tres becados, que después han de dar magníficos resultados en la obra de creación para el país y sus lugares de origen.
Escribe Juan Guillermo: Para el 20 de diciembre a las ocho horas, se citó a los concursantes para las pruebas de improvisación y por escrito, a: Salomón Pina, Joaquín Ramírez y Juan Manchola, en pintura, en escultura a Felipe Sojo, Epitacio Calvo y Juan Bellido, el cual se retiró del concurso por problemas familiares; y a Miguel A. O’Gormán, José Ma. Rego y Ramón Rodríguez Arangoiti, en arquitectura.
La prueba de improvisación, en el ramo de arquitectura fue un café con las siguientes características: Un café situado en un paseo público. Contendrá este edificio una sala para tomar café, helados. Una cocina, una sala de billar, un cuarto para helados, una habitación pequeña (para) el dueño y estará rodeado de un jardín pequeño. La mayor dimensión del terreno no excederá de 40… con el jardín. En el cuarto de construcción y en el segundo de composición, Rodríguez obtuvo calificación de sobresaliente, y el premio en ambas fue la participación en el concurso para la pensión en Europa. En el concurso obtuvieron la beca: Salomé Pina en pintura, Epitacio Calvo, en escultura, y Ramón Rodríguez Arangoiti en arquitectura. De esto se forman las grandes oportunidades cuando se es joven que han de cambiar la vida del afortunado. Seis años en Europa, en aquel siglo nada pacífico que es el viejo continente, le dan a Rodríguez Arangoiti seguramente el ánimo de espíritu para afrontar la realidad que a su regreso ha de encontrar en el México invadido por el imperio francés y su emperador Maximiliano de Habsburgo.
Recordemos que regresa a la ciudad de México en 1864, los años aciagos de la invasión y lucha entre los conservadores que han ido a Europa a buscar un emperador y el México de los liberales, con Benito Juárez a la cabeza. No olvidemos nunca que es importante al estudiar la biografía de algún personaje, hombre o mujer que sean, el poner el contexto histórico que les ha sido dado por las circunstancias sociales, económicas, culturales y políticas.
Juan Guillermo, abre un capítulo dedicado a la ciudad eterna de Roma: imaginemos el siglo XIX en la ciudad de los dos mil años. Privilegio de privilegios para Ramón Rodríguez Arangoiti. De esa ciudad bebió la grandeza en su espíritu artístico y en la profesión que fue su país: la arquitectura. Imaginemos el joven de 24 años yendo por las calles legendarias de la ciudad. Subiendo las escaleras plenas de belleza de Santa María del Monte, yendo hacia Villa Borghese, en ese transitar de la barcarola de Plaza España y subiendo escalón tras escalón en plena juventud y entusiasmo para hacerlo a paso, con los ojos llenos de admiración y embelesamiento por lo que vive. Sí, puede comparar a la gran ciudad de México con sus leyendas prehispánicas, en relación a esta ciudad imperial que le muestra desde el extenso jardín de Villa Borghese hacia el más allá de los techos y la urbanización romana la cúpula admirable llena de belleza de la basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Todo se puede ver desde ese lugar después de caminar por las alturas de lo que une a la Iglesia de Santa María del Monte y el bello jardín que tiene por sede uno de los museos más bellos romanos.
Roma y sus alrededores. Sus basílicas a la de San Pedro, la Santa María Mayor, San Juan de Letrán y la de San Pablo. Cuatro que bastarían para dar lustres cada una a alguna gran ciudad del mundo occidental donde el catolicismo romano es base de la religión, en cuyo caso el país independiente que es México le recuerda que dicha religión es la mayoritaria en su patria. De aquellos tiempos ningún mexicano puede ignorar lo que representa Europa en los países de España, Italia y demás que le componen a partir de Grecia. De ellos nos viene la cultura occidental que forma nuestro mestizaje. Así lo recuerda otro viajero del siglo XIX para nosotros: Vicente Riva Palacio, quien fuera gobernador del Estado de México junto con el admirado y querido padre de él, don Mariano Riva Palacio Sánchez, cuyas tres gubernaturas se recuerdan como de las más progresistas en favor de la entidad y en particular para la ciudad de Toluca ya capital mexiquense.

