¡Bravo maestros!
Nuestra ingratitud es tan obvia que una inmensa mayoría de los adultos olvida que si hoy sabe leer y escribir, que si hoy tiene habilidades bien desarrolladas y que si logró despertar para lograr ser un ser humano integral, es por culpa de un maestro.
En el imaginario colectivo, el docente en México no tiene el reconocimiento que encontramos en otras latitudes; en el sentir social, la figura del profesor se ha deteriorado profundamente.
Quienes piensan de esa manera, es porque como dicen los clásicos, no tienen la más remota idea de lo que implica y significa dedicar tu vida a mostrar caminos, a sentar bases, a entregar cuerpo y alma para que aquellos que están en formación encuentren un paradigma lo suficientemente sólido para, con el tiempo, crecer con alma propia.
Somos un gremio poco comprendido, probablemente, porque también existe la idea de que el trabajo consiste sólo en llegar a un salón de clase y exponer un tema, dejar y revisar algunas taras y calificar. ¿Y todo el tiempo de planeación?, ¿El tiempo para seleccionar o diseñar las estrategias de clase?, ¿Lo que se invierte para revisar? Por cada hora de clase, hay al menos dos horas adicionales de trabajo previo y posterior que, siendo objetivos, no tienen una paga formal.
Quienes hemos optado por esta ruta, sabemos que no nos haremos millonarios, pero a cambio recibiremos satisfacciones que el dinero jamás otorgaría; apreciar el avance de un alumno que el colectivo daba por muerto, recibir un gracias de un padre o madre de familia porque nuestro trabajo logró un cambio de actitud en casa o la satisfacción de ver que ante una prueba compleja, un grupo responde con resultados que parecían inalcanzables.
Con absoluta certeza, ser docente es uno de los más grandes privilegios, por supuesto que esto significa, a la par, comprender el tamaño de la responsabilidad que nuestra labor conlleva; no basta con saber, también hay que ser, hacer saber, saber estar y dejar ser.
Todo alineado con una postura ética que nos obliga a responder a conductas precisas: la palabra convence, pero el ejemplo arrastra, no hables de lo que no sabes, construye un catálogo de valores sólido, nunca presumas lo que no eres y, sobre todo, trata con respeto a tus alumnos, el conocimiento jamás se usa para humillar, por el contrario, es para ponerlo al servicio del otro.
A todos mis colegas docentes de todos los niveles educativos, la mayor de mis consideraciones; mantengamos la esperanza por un México mejor, sigamos edificando los nuevos cimientos del futuro, prosigamos en esta convicción personal para mostrar al mundo que seguimos siendo muchos más los buenos que los malos.
A quienes aún no han comprendido el cometido que tenemos, abran su conciencia y encuentren su ser, recuerden que lo que más trabajo nos cuesta obtener es eso llamado autoridad moral, pero también es lo primero que perdemos cuando se nos comprueba que no estamos siendo tan derechos como presumimos.
A la sociedad en general, sólo reflexionen en lo que son hoy, y ojalá comprendan que, además de la familia, es el docente quien coadyuva a la conformación de buenos hombres y mujeres.
Abrazo fraterno este 15 de mayo.
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