CADA VEZ IRÉ SINTIENDO MENOS Y RECORDANDO MÁS

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Como es costumbre entre maestros, dejar tarea que resulta tarea de los papás más que de los niños. Era de noche, me disponía a descansar después de un largo día de trabajo; sin embargo, tenía que llevar a cabo una encomienda de la maestra de mi hijo, así que acudí a la papelería de la esquina a comprar una tarjeta alusiva al 14 de febrero. Cuando le dije a la encargada que atendía que estaba buscando una tarjeta de San Valentín, la señorita no dudó en mirarme extrañada; me dijo que esas tarjetas ya casi no se venden. Después de caer en cuenta de que su afirmación tenía sentido, regresé a casa y, una vez estando en ella, me dispuse a escribir una carta para mi hijo. 

La carta no fue problema; todos los padres guardamos las palabras precisas para nuestros hijos, es como si tuviéramos un resumen bajo el brazo por si alguien nos pregunta, ¿qué tanto amamos a nuestros niños? Sin embargo, fue imposible no pensar en mis años de adolescencia. En esos años era común que los noviecillos regalaran cartitas, notas y postales de San Valentín; hablar de esos recuerdos con los más jóvenes les hace pensar que hablamos de la época del paleolítico.  El simple hecho de tomar una pluma y escribir parece que cansa la mano y genera sueño. Entre la sociedad existe algo que se llama práctico; no necesito escribir manualmente, ni pensar en qué escribir porque, para colmo, existe ChatGPT, inteligencia artificial que nos ayuda a pensar qué decir, pero sigue fallando porque al final esa inteligencia no logra descifrar lo que sentimos. 

Muchas parejas ese día no se vieron, nadie mandó la carta, no se regalaron postales, tampoco notitas, porque WhatsApp es una buena opción a la hora de mandar audios, los cuales se pueden adelantar para escuchar con más velocidad lo que la otra persona dijo, y volvemos a hablar de tiempo y prisa. El ser humano dice no tener tiempo, y afirma sí tener prisa. Definitivamente, cada fecha que celebramos año con año adquiere nuevas modas y la esencia que lo mantuvo en el tiempo carece de sentido. 

El día de San Valentín se observó en redes sociales a muchas personas subiendo fotos de ellos mismos; no obstante, las fotos tenían una singularidad: eran creadas por la inteligencia artificial, dicho sea de paso, que estas creaciones son tan reales que pueden engañar fácilmente a cualquier despistado. Lo complejo de celebrar el Día del Amor es que vemos al amor comenzar con la familia, los amigos y la pareja, como si se tratara de brindar algo que primeramente no está a nuestro alcance para darlo a nosotros mismos. Cuando veo estas fotos creadas por inteligencia artificial que son cada vez más frecuentes, me pregunto: ¿será que nos asusta reconocernos como somos físicamente? O será que nos sentimos inseguros de lo que otros observan de nosotros.

Vuelvo a hablar de tiempo; recuerdo que, en años pasados, bastantes años, por cierto, en el Andador Constitución del centro de Toluca, cada Día de los Enamorados se reunían los mariachis, dispuestos a cantarle a las parejitas que pasaban por el lugar; el dicho era: regálale una serenata a tu novia. Era todo un deleite pasar por este andador y escuchar el mariachi y ver los rostros de las parejas que disfrutaban ese momento. Actualmente, no he visto anuncios de músicos que ofrezcan su servicio para llevar serenata a las novias. Lo que sí observé en las calles fueron anuncios de: Trae a tu novia a festejar el 14 de febrero con música en vivo y micheladas 2X1.  Ya recordé dos cosas, cómo era antes el Andador Constituyentes, antes de que algunas de sus esculturas fueran removidas y sus árboles quitados. Y también recordé las manifestaciones del amor en otro tiempo. 

Cobran sentido las palabras de Julio Cortázar cuando dijo: Cada vez iré sintiendo menos y recordando más. El tiempo modifica todo a su paso, cambian las costumbres, cambia también el valor que le damos a las personas y, a su vez, el significado de las cosas. Lo bueno de estos cambios es que son material para quien escribe de ellos, en esa lista van los cronistas, y la base de los escritores que saben que sus letras nacen de los recuerdos.