CARLOS GONZÁLEZ, MESERO DE ALCALDES Y RECTORES; OLVERA: OMELETTE DE RAJAS Y BARRERA DÍAZ, ENCHILADAS

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La labor que desempeña es una de las más solicitadas en el ámbito de los alimentos y bebidas. Su experiencia lo ha llevado a ser parte de uno de los restaurantes con más historia en la ciudad de Toluca pero también a saber los platillos favoritos de rectores de la Casa Máxima de estudios de la UAEMéx, así como de alcaldes municipales y por ende, ser un guardián de secretos.

Se trata de Carlos González, quien lleva ya más de 20 años trabajando en el sector restaurantero, aunque sus inicios fueron los servicios turísticos al laborar en una agencia de viajes, hoy por hoy sabe cómo se preparan los alimentos más solicitados del Restaurante El Buen Café e incluso ha debido de desempeñarse como lavaloza que le ha llevado a valorar aún más su trabajo.

“Yo inicié lavando trastes, duré un mes lavando trastes, luego pasé a barra seis meses y ya de ahí me pasé a servicio, ahora ya llevo 20 años de servicio”, recalcó con una servilleta en las manos dispuesto a asear las mesas para que el próximo comensal vea que el lugar está limpio.

Los retos de Carlos, además de centrarse en la limpieza y en la rapidez, también se instala en el buen trato hacia los comensales, aunque algunos no sean una tarea fácil. “Yo pienso que algunos clientes son muy difíciles de tratar, porque uno nunca sabe cuando vienen bien o cuando vienen mal, entonces tratamos como de estandarizar el servicio para todos”.

Las dos décadas de experiencia de Carlos, le han llevado atender a clientes especiales o de relevancia cultural, política o educativa en la ciudad, así que puntualizó que “me ha tocado atender mucho a líderes sindicales de maestros, a secretarios de gobierno como Luis Videgaray Caso, ex presidentes municipales como Juan Rodolfo Sánchez, Raymundo Martínez Carbajal e incluso al próximo alcalde Ricardo Moreno, y a los rectores Agustín Gasca Pliego, José Martínez Vilchis, Jorge Olvera y el actual rector Carlos Eduardo Barrera Díaz.

Como dato que quiso compartir respecto a los gustos de los rectores, declaró que el platillo favorito de Olvera es el omelette de rajas con chile, mientras que para Barrera Díaz, su comida favorita son las enchiladas acompañadas de su café.

Tras convertirse en un amigo por la recurrencia de los comensales en el restaurante, el mesero también debe guardar en su memoria conversaciones que tienen puntos complicados, por lo que debe de mantenerse en silencio por protección suya y del establecimiento. Al inicio, detalló, “puede ser difícil pero ya cuando tienes experiencia sabes que el cliente es lo más importante y debes de respetar lo que hace o dice”.

“Me gusta mucho ser mesero, servirle a la gente, platicar a veces con ellos. Conoces mucha gente y también muchos me conocen, a veces te platican de su familia y de sus hijos, es especial, me gusta atenderlos, que se sientan bien”, dijo.

Considerando que un mesero para Carlos es amabilidad, carisma y servicio, uno de los consejos que le daría a un mesero joven es tratar a los clientes como le gustaría que fuera tratado, para que el cliente se sienta cómodo y regrese con gusto al establecimiento. Aunque advirtió, “yo sé que a veces tenemos muchos problemas o nos sentimos mal o estamos enojados, pero hay que tratar de que eso no se vea reflejado con el cliente”.

A pesar de que la labor que desempeña un mesero puede significar una tarea compleja por el recurrente uso de la memoria, González quien es proveniente de la delegación de Tlachaloya, cuyo significado es “lugar donde se mira”, asegura que la clave está en observar en todo momento lo que cada una de las áreas del restaurante realiza, para que con ello sea más fácil tener en mente la preparación de los platillos, así como la forma en la que deben servirse.

Además aseguró que uno de los consejos que puede ayudar notablemente a reforzar las habilidades de aprendizaje es, que los meseros estén todo el tiempo en contacto con la elaboración de comida, ya sea con la ayuda de redes sociales u otro tipo de elemento similar, para que se aventuren a realizarlos en su propia casa y sepan con claridad cómo ofrecerlos a los clientes o resolver sus dudas respecto a su preparación.

“Cuenta mucho a veces estar en cocina porque ahí aprendes los tiempos y ya cuando el cliente te pregunta, ya sabes más o menos qué lleva, qué no lleva y a qué sabe”, compartió.

Respecto a Toluca, González considera que la Secretaría de Turismo, así como el Ayuntamiento de la ciudad, deben de estar más pendiente de la oferta gastronómica del lugar, como ejemplo mencionó que regularmente se le da más atención y promoción a los restaurantes que se encuentran en el corazón de la urbe y aquellos que se encuentran en la periferia son olvidados o no se les brinda la misma atención.

Aunado a lo anterior, recalcó que el hecho de que los meseros tengan seguridad social podría beneficiar a la servucción, es decir, a la producción de servicios enfocada a la restaurantería, ya que la mayoría de los jefes de cocina o gerentes de los establecimientos no les otorgan esa oportunidad a los trabajadores, pues consideran que con las propinas es suficiente o se compensa el bajo sueldo que reciben diariamente.

“Creen que nosotros salimos siempre bien con las propinas pero no es así o no siempre, porque actualmente ya casi nadie te da propina, porque no están obligados. Los más jóvenes por ejemplo, ya no acostumbran a dejarla, es muy raro el que lo hace, entonces siento que va a llegar un punto en el que ya no se darán y entonces si los salarios son bajos, ya no será un trabajo redituable para los meseros. Todavía los adultos sí tienen esa costumbre de dejar propina pero algún día ya no estarán”, señaló.

Los sueldos en los establecimientos de alimentos y bebidas de la ciudad van de 100 a 250 pesos diarios, lo que suma un salario que va de los 2 mil 400 a los 6 mil pesos al mes, pago que no llega ni siquiera al salario mínimo impuesto por el Gobierno de México, el cual es de 7 mil 568 pesos al mes.

A pesar de que el trabajo de un mesero es uno de los más estresantes y con mayor carga de trabajo físico, asegura que es enriquecedor “cuando haces bien tu trabajo y la gente te ve en la calle y te saluda, como que ahí te das cuenta que realmente te apasiona lo que haces, sobre todo en una ciudad como esta que es grande, que no es fácil que te conozca la gente. Así que es muy bonito”.