Casa de Muñecas y su alondra transgresora

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Me gusta ver el paisaje a través de las ventanas, en esos momentos estoy protegida, pero a la vez, en cautiverio, es una sensación única. Luces, casas, árboles y hasta los cerros lucen más pequeños.

Sentirse pequeña en el mundo es más fácil a través de una ventana de segundo piso, cómo todo se ve pequeño, una se siente más grande. Alguna vez me sentí igual de pequeña; a Nora, personaje principal de Casa de Muñecas, a veces una mujer debe vivir una libertad fingida, mientras toda su vida ocurre sólo dentro de su casa, encerrada por una puerta con llave de constructos sociales y llavero de roles femeninos y masculinos.

No poder tomar decisiones es frustrante, no poder sentirte útil también, Henryk Ibsen plasmó muy bien la desesperación de Nora por encontrar el empoderamiento que deseaba, desde  el primer acto nos desmenuza el menosprecio que sufrían las mujeres en el siglo XIX y que, desafortunadamente, seguimos sufriendo;

Señora Linde:  sonriendo) -Si; ya me figuro, labores y bagatelas por el estilo. Eres una niña, Nora.

Nora: (Moviendo la cabeza y atravesando la escena.) -No hables tan ligeramente.

Señora Linde. -¿De veras?

Nora: -Piensas como los demás. Piensas que no sirvo para nada serio.

Nora: -Me tratas con superioridad, Cristina y no debes hacerlo. Estás orgullosa por haber trabajado tanto y tanto tiempo por tu madre.

Señora Linde: -A nadie trato con superioridad. Pero tienes razón al decir que estoy contenta y orgullosa al pensar que, gracias a mí, los últimos días de mi madre fueron tranquilos.

Helmer, (esposo de Nora) no es la excepción, la trata todo el tiempo como una niña, no le permite tomar decisiones reales, ni siquiera en la forma de vestir o actuar, en la obra Nora y Helmer asisten a una fiesta para la cual ella tiene que preparar su vestido, su baile, de acuerdo al gusto de Helmer, cada movimiento debe ser aprobado.

Nora. –No, no, no, no quiero entrar, quiero subir de nuevo, no quiero retirarme tan pronto.

Helmer. –Vamos, querida Nora…

Nora. –Sí, te lo ruego, querido Torvaldo, te lo suplico… ¡sólo una hora más!

Helmer. –Ni un minuto, Norita mía. Ya sabes lo convenido. Vamos, entra, que afuera vas a enfriarte (La hace entrar, contra su resistencia)

Además se refiere a ella con sobrenombres todo el tiempo, Nora vivía violencia psicológica y no podía quejarse porque en 1879 ese tipo de tratos estaban permitidos y eran correctos, las mujeres debían vivir una vida cómoda y casarse con el mejor postor al que tenían que cuidar, proteger y enternecer. Seguir el papel de mujer sumisa y débil.

Helmer. (siguiéndola) -¡vaya! ¡vaya! La alondra no debe arrastrar el ala por eso. ¿Eh? ¿No se mueve ya la ardilla? (Abre su cartera) ¿Nora que crees que tengo aquí?

Afortunadamente ahora somos más libres que en Noruega en 1879 y la reacción de la sociedad ante una historia de una mujer que abandona su hogar, pareja e hijos para irse a buscar su identidad, sería diferente, al menos los tabús del matrimonio han cambiado, lo que si sería igual es la crítica hacia el abandono de hijos.

Casa de Muñecas es considerada como la primera obra de teatro feminista porque refleja la vida que debía llevar una mujer en ese tiempo y porque Nora se atrevió a romper con ese molde al irse.

Nora. -No lo creo yo así. Ante todo soy ser humano, con igual derecho que tú, o por lo menos debo intentar serlo. Sé que la mayor parte de los hombres te dará la razón, Torvald, y que esas ideas andan impresas en libros. Pero yo no he de guiarme por lo que dicen los hombres ni por lo que imprimen en los libros. Necesito, yo misma, formarme mis ideas y procurar darme exacta cuenta de todo.

Helmer. -¡Parece increíble que esto lo diga una joven! Pero si la religión no puede guiarte, deja al menos que sondee tu conciencia. Porque supongo que por lo menos posees sentido moral. ¿O tal vez careces de él? Contesta.

Nora decide irse porque está harta de sentirse un objeto más, o una niña a quien tenían que cuidar, primero su padre, luego su esposo, de tener que ocultar el esfuerzo que hacía al trabajar a escondidas, al comprar las cosas más baratas para mantener las apariencias y que todos reconocieran el buen proveedor que era su esposo, no sólo su esfuerzo no era reconocido y ocultado, sino, que su esposo la culpaba de no saber administrar el dinero.

Lo más grave de la historia es que Nora fue capaz de salvar la vida de Helmer ya que estaba enfermo y tuvo que pedir un préstamo a escondidas para llevarlo a París a curarlo, sin embargo, la historia gira entorno a la tensión del descubrimiento de este préstamo, y que el hallazgo se convirtiera en casi pecado,  cuando se descubre la verdad, Nora es juzgada injustamente.

Aún nos encontramos ante una notable diferencia con respecto a las responsabilidades de un padre y una madre ante el cuidado de los hijos, si una madre deja a su hijo bajo el cuidado de su padre es una villana, desalmada, que puede ser calificada con palabras malsonantes,  si un padre abandona a sus hijos bajo el cuidado de la madre, no es un desalmado, sólo, es un hombre como todos.

Continuará.